" El verdadero viaje de descubrimiento

no consiste en buscar nuevos paisajes,

sino en tener nuevos ojos"

 

Marcel Proust

 

 

Desde la terapia familiar sistémica se parte de que ni las personas

ni sus problemas existen en un vacío, sino que ambos están íntimamente

ligados a sistemas recíprocos más amplios, de los cuales el principal es la

familia. Como consecuencia, es necesario tener en cuenta el funcionamiento

familiar de conjunto y no sólo el del paciente identificado (portador del síntoma)

que únicamente se entiende dentro de su contexto. En este sentido, la terapia

familiar sistémica realiza una labor preventiva para que, una vez despojado el

paciente de su síntoma, no haya otro miembro de la familia que lo "sustituya"

generando a su vez otra conducta sintomática.

El origen de los síntomas suele situarse en las dificultades y crisis a las que

se ven sometidos los grupos familiares en su devenir vital. Las familias acuden

a terapia cuando se ven impotentes, en parte porque perciben su problema como

irresoluble a pesar de sus esfuerzos para solucionarlo.

Cuando la familia trabaja junta por su bienestar, surgen recursos

y soluciones nuevas que de otra forma no aparecerían.

En muchas ocasiones, esto surge espontáneamente del núcleo familiar,

pero, en otras muchas ocasiones, las familias se encuentran ante dificultades

por las que se sienten superadas.

Por ejemplo, es muy común que la familia en crisis se encuentre en una

etapa de transición, pasando de una fase evolutiva a otra (por ejemplo, hijos/as

que están abandonando la etapa infantil y adentrándose en la pre-adolescencia

o en la adolescencia).

Todas, absolutamente todas las familias recorren un proceso de desarrollo y

experimentan, como cualquier grupo en relación, cambios a lo largo del tiempo.

De esta forma, el núcleo familiar logra crecer y evolucionar como sistema.

Cada uno de estos cambios de etapa requiere de interacciones emocionales y

relacionales distintas, y el paso de una a otra etapa suele conllevar crisis. Por ello,

muchas familias en situación de transición presentan dificultades para acomodarse

a las nuevas circunstancias.

Además de los cambios normativos (digamos generales, los que cualquier

familia tarde o temprano debe recorrer) y que cronológicamente serían, entre otros,

la formación de la pareja, el nacimiento de los/as hijos/as, la entrada de los/as

hijos/as en la adolescencia, la salida de los/as hijos/as del hogar, la vejez y

jubilación o retiro de la vida activa, ...

Además, insisto, de estos cambios normativos hay familias que atraviesan

otros sucesos o situaciones de cambio que debutan provocando un gran

sufrimiento entre sus miembros, tales como enfermedades físicas y/o mentales,

muertes inesperadas, migración, ruina económica o desestructuración radical del

tipo de vida familiar por impactos externos como el desempleo, las catástrofes

naturales o la traumatización de alguno o varios de los/as miembros de la familia.

Gestionar todos estos cambios y posibles dificultades no es tarea fácil, y es

cada vez más habitual que las familias acudan temporalmente a una terapia

de familia que les dé soporte y luz en relación a las experiencias que están

viviendo, así como opciones y modos diferentes a los habituales de

enfocar estas vivencias, por ser, para estas situaciones inadecuados u

obsoletos los que en etapas anteriores habían funcionado adecuadamente.

La terapia familiar resulta de gran ayudar para mejorar la comunicación

entre padres e hijos/as, entre hermanos/as y entre los cónyuges.

En conclusión, CUALQUIER familia en situación de cambio puede sufrir

dificultades de adaptación que se pueden superar mediante la terapia

de familia. De este modo, en la terapia se abordan las dificultades que el/los

cambio/s está/n provocando en la familia, tanto a nivel relacional y de comunicación,

como a nivel emocional, teniendo en cuenta la familia como sistema pero sin

dejar de lado las vivencias individuales de cada uno/a de sus miembros.

El trabajo de terapia familiar desde el enfoque sistémico posibilitará que la

familia dirija su mirada hacia las potencialidades con las que cuenta y sus

recursos innatos como grupo, así como les ayudará a reconocerlos y

ponerlos en marcha sacando su máximo potencial.

El funcionamiento "normal" de una familia no puede ser distinguido

del funcionamiento "anormal" por la ausencia de problemas, sino

por poseer una estructura que le permita adaptarse a las demandas

propias tanto del medio externo como las producidas por el propio

proceso de cambio de la familia a lo largo de sus diferentes etapas,

de manera tal que se permita el desarrollo y máximo potencial de

cada miembro.

 

 

 

" Hay personas que en vez de amarte

te enseñan a quererte a ti mismo, y

creo que es lo mejor que te puede pasar"

El principito