"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

 

 

 

"No vemos las cosas como SON,

vemos las cosas como SOMOS"

                                    El Talmud

 

Fuente: Anatheóresis Madrid

 

A l g u n o s   C a s o s...

    A veces la gente pregunta si con Anatheóresis se puede tratar cualquier enfermedad, desde un cáncer a un caso de drogadicción.

    A esto Joaquín Grau respondía siempre: Con Anatheóresis se puede tratar cualquier enfermedad. Y no digo que lo cura todo, sino que todo puede intentarse siempre que el paciente esté dispuesto a ello.

 

 

 

 

 

C a s o   d e   C á n c e r

 

    Tenía ante mí una mujer aún joven -la llamaré Paula- a la que la medicina había diagnosticado un cáncer de páncreas muy avanzado.  Ya no se podía hacer nada por ella, le daban tres meses de vida aunque ella desconocía -por suerte- este último dato.

    Un médico de Valencia que la estaba tratando con productos naturales, le aconsejó que hiciera también Anatheóresis para liberarse y resolver sus problemas emocionales.

    Desde el primer momento, Paula estaba convencida de que iba a sanarse y curiosamente me dijo: “Yo no soy la enfermedad pero estoy enferma”.

    De manera que empezamos a trabajar. Me comentó, entre lágrimas, que empezó a sentirse enferma cuando descubrió que su marido le había sido infiel con alguien de su propia familia. No eran celos lo que sentía, ni traición, sino RECHAZO, una enorme SOLEDAD y la sensación: “Ahora sí, me muero”.

    De su infancia casi no recordaba nada (lo había borrado todo). Tan sólo que creció en un pueblo pequeño de la España profunda, que nació la última de siete hermanos y que su madre la quería mucho.

    Así que, yo disponía de muy pocos datos para empezar una sesión. Pero ante mi gran sorpresa, Paula no sólo entró adecuadamente en IERA, si no que su IERA era excepcional, sin ninguna resistencia a nivel inconsciente.

    En las primeras sesiones se descubrió que sus padres, lo más pobres del pueblo (él barrendero y ella limpiaba casas), a duras penas podían alimentar a sus siete vástagos. Los niños estaban siempre solos en casa, con frío y sin luz. Pero por la noche, cuando llegaban los padres la casa se convertía en una fiesta a la luz de una vela. Y fue en una de estas veladas, cuando Paula tenía cuatro años, cuando surgió la siguiente escena:

    Paula: “Ha venido papá, trae una bolsa rosa con caramelos. A mí no me da.” (Llora)

    Verena: “¿Y tú que haces?”

    Paula: “Le digo: Papá, yo también quiero un caramelo… (llora aún más). Papá dice: Para ti no hay.”

    Verena: “¿Y mamá, no está por ahí?”

    Paula: “Mamá tiene la cara triste, no habla, yo me escondo en el rincón oscuro, así no me ven.”

    Aparecieron otros momentos de su infancia en los que ella sentía que su padre no la quería, la ignoraba, la rechazaba delante de todos sus hermanos. Y la madre callaba.

    Paula: “Papá ha traído galletas de miel de la tía María… quiero una,… no me da, a mis hermanos sí.”     (Lágrimas)

    Verena: “¿Y qué pasa ahora?”

    Paula: (Grita entre lágrimas) “Papá, la tía María es mi madrina, me quiere, porque soy la más guapa y la más buena, dame una galleta.

    Verena: ¿Y Papá te la da?

    Paula: “Nooo, ahora grita, grita mucho, no sé lo que dice, no quiero saberlo, me tapo los oídos….”(Llora desconsoladamente y continúa en voz muy bajita)

    “Tú no eres mi hija… tú no eres mi hija… está mirando a mamá, sus ojos no me gustan.”

    Y la madre se volvió a callar y la niña se volvió a esconder en su rincón.

    Había que llevarla al Claustro Materno. Así lo hice. Paula se sentía tranquila y aceptada en los primeros meses de la gestación y a su madre la percibía alegre y contenta. Pero un día (sobre los cinco o seis meses de embarazo), mientras la madre caminaba sola por una calle del pueblo, el bebé sintió de repente un golpe en el vientre, oyó una voz y reconoció la voz de su padre gritando:

    “¡Lo que llevas en tu vientre no es mío!

    Lo gritó por todo el pueblo y todo el mundo se enteró de la noticia.

    A partir de este momento, todo cambió dentro de esa cueva, el vientre de la madre. Todo se volvió oscuro, ya no llegaba alegría. Ahora mamá estaba triste, trataba de esconder su embarazo y la niña dentro de su vientre se escondía en un rincón. La madre ya solo recibía el rechazo de su marido y de la gente del pueblo. Soledad y frío, ya no quería vivir. Nunca rechazó al bebé que estaba gestando, pero quería morir. (Murió quince años más tarde de cáncer de páncreas sumida en una profunda soledad).

    Pero todo lo que sentía la madre le llegó también a la pequeña Paula, sintió lo mismo, lo hizo suyo, se formó un CAT (Cúmulo Anatheorético Traumático): su biografía oculta por identificación. No le pertenecía, pero no podía discernir, aún vivía en las ondas Theta.

    Después de la sesión, me confesó que todo lo que había sentido allí dentro, todas las sensaciones eran exactamente iguales a las que sintió justo antes de caer enferma: rechazo y una soledad de hiel, “Ya no quiero vivir”. Y este “Ya no quiero vivir” no era un pensamiento si no una orden inconsciente que se iba a cumplir.

    Sus abreacciones durante las sesiones eran fuertes pero liberadoras. Se desidentificó totalmente de las emociones y órdenes inconscientes que su madre le había transmitido.

    Dijo: “Ya no soy mamá, tampoco sus deseos de muerte, ahora soy yo, es como si renaciera.”

    Mejoró muy pronto, superó su enfermedad. Han pasado ya cinco años. Va diciendo por ahí: “Esto es un milagro”, pero yo sé que el milagro, si se puede llamar así, LO HIZO ELLA SOLA.

 

Verena Frey

 

 

 

 C a s o:

 

La Actualización no es

el orígen del daño

 

    Sonia (nombre supuesto) de 42 años, llegó a la terapia aquejada de unas migrañas insoportables que le impedían realizar cualquier trabajo fuera de casa. Estas migrañas aumentaban hasta hacerle perder la consciencia cada vez que se encontraba con su madre.

    Me la había enviado un amigo médico, buen conocedor de nuestra terapia que la llevaba tratando con fármacos desde hacia años sin conseguir ninguna mejoría. Se dio cuenta de que su enfermedad tenía un origen claramente emocional y anatheóretico.

    Sonia me contó en Beta que su familia que residía en el País Vasco había sido víctima de ETA. Su padre, poseedor de pequeños negocios, fue amenazado durante años y un día lo mataron. La niña tenía entonces 12 años. Siempre había sentido una gran admiración por su padre y para él, ella fue su ojito derecho. No ocurrió lo mismo con su madre. Sonia nunca se sintió querida por ella, sino rechazada, ignorada y a veces maltratada físicamente.

    Después de este terrible atentado, la niña permaneció en “shock”. Durante meses no hablaba con nadie ni en casa ni fuera de ella. Se sentía excluida de la sociedad y ella también se autoexcluía.

    Al poco tiempo empezó a padecer migrañas. Primero fueron leves, pero según pasaban los meses se hicieron cada vez más fuertes, hasta el día que llegó a la consulta. Lo que sentía ahora por su padre era RABIA y CULPA.

    Y empezamos con la terapia. Traté de tener en cuenta lo que Joaquín siempre me decía: Tú no sabes nada, sólo el paciente lo sabe, y, navegando por su inconsciente se descubrirán los hechos concretos.

    Sonia entraba muy bien en IERA (Inducción al Estado Regresivo Anatheorético).

    Era valiente y estaba dispuesta a ir al origen de su daño por muy doloroso que pudiera ser. Quería sanarse, se había dado cuenta que la enfermedad era ella.

    Después de una pequeña preparación trabajando en símbolos, la llevé a unas escenas gratificantes con su padre en la infancia, que fueron muy reconfortantes para ella. Pero ya en la segunda sesión, me di cuenta que con su madre no había ni un sólo momento de amor o alegría. La temía, huía de ella escondiéndose en casa de la vecina porque ésta sí le daba cariño. Para Sonia, su madre era la señora que estaba en casa, la que hacía la comida y nada más.

    En la 3ª sesión la llevé al día del atentado.- Vivenció con mucha emoción los momentos previos antes de que su padre saliese de la casa. Se estaba abrazando a él suplicándole que no se marchara.

    Aún la oigo gritar: ¡“Papá, no te vayas, algo malo te va a ocurrir”! Me decía que lo intuía, pero papá se soltó de su abrazo diciendo que eso eran chiquilladas y se fue.

    A los 2 minutos oyó tres disparos y supo al instante que habían alcanzado a su padre, sin que nadie se lo dijera.

    No gritó, ni dijo una sola palabra, quedó inconsciente en el suelo. Los disparos seguían resonando en su cabeza. También los gritos de su madre. Dejó de hablar… y surgió la CULPA dentro de ella: “¿Por qué no le retuve, si yo sabía lo que iba a pasar?”

    En otro momento una RABIA se apoderó de ella hacia la persona a la que más quería, su padre: “¿Por qué no me escuchó cuando le dije lo que iba a pasar?”

    Le pregunté en la sesión en qué partes del cuerpo le habían disparado y me dijo: “En una pierna, en el pecho y luego en la parte derecha de la cabeza, para rematarlo.”

    Exclamó sorprendida: “Es el mismo sitio donde yo siento ese terrible dolor, es como si llevara una bala ahí dentro. ¿Me la puedo quitar?”, me preguntó.

    Y contesté: “No es que puedas, debes quitártela de ahí”. Así lo hizo, sintió un gran alivio y comentó: “Es como si me hubiera quitado la culpa de toda una vida”.

    A la semana siguiente volvió radiante, contenta. No se había desmayado ni una sola vez y el dolor había casi desaparecido, tan sólo lo sentía un poco cuando veía a su madre. Fue ella quien me dijo que debía haber otra historia anterior escondida en su cabeza, cosa que yo ya suponía.

    Sondeamos su infancia y surgieron muchos momentos de golpes, castigos físicos casi siempre en la cabeza. Siempre venían de su madre. Pero aún no habíamos llegado al origen. La rabia persistía.

    En posteriores sesiones la llevé al claustro materno donde ella percibía que no fue aceptada desde el momento en que su madre supo que estaba embarazada. Tenía ya un hijo al que adoraba, pero las relaciones con su marido iban de mal en peor. Se sentía explotada, maltratada, sobre todo psicológicamente. Gritos, muchos gritos, el amor había terminado y lo que menos deseaba era estar embarazada de este hombre que ahora detestaba. Temía volverse loca.

    Todo eso lo percibía Sonia con toda claridad, dando imágenes, momentos concretos, etc. Porque todo lo que sentía la madre, lo sentía ella también, lo hizo suyo.

    Durante todo el embarazo, en varias ocasiones la madre se golpeaba el vientre presa de rabia, casi locura. Y el feto, mi paciente, lo sintió física y psicológicamente.

    “No soy. Mamá no quiere que esté aquí.” Daño y rabia (daño que de adulta lo seguía reteniendo).

    Sus vivencias, sus abreacciones eran muy fuertes pero poco a poco se iba liberando de estas emociones guardadas en su inconsciente, su Biografía Oculta, que había condicionado toda su vida.

    Comprendió a su madre a nivel profundo. (Comprender para Joaquín es: “Sentir y entender, o sea,  hemisferio cerebral derecho e izquierdo sincronizados”).

    Comprendió que la madre no la rechazaba a ella como persona sino a toda una situación que no tenía que ver con ella. No era cuestión de perdonarla porque Anatheóresis no habla del perdón, sino de la comprensión.     Si comprendes al otro ya no hay que perdonar porque el daño desaparece automáticamente.

    Y eso es lo que le ocurrió a Sonia

    Ya no hay rabia, ni rencor, ni culpa. Desapareció el dolor de cabeza para siempre.

    Ya han pasado 3 años.

    Sonia es hoy en día una persona feliz, alegre.

    (Todos estos hechos han sido contrastados con la madre).

Verena Frey.

 

 

 

C a s o: A b u s o s   S e x u a l e s

 

    ¿Cree que puede ayudarme?

    La miré largamente en silencio. Sus palabras habían sonado más a una súplica que a una pregunta. Escondía las manos bajo las mangas de su jersey y su cuerpo, pequeño y delgado, estaba encogido. Sus ojos ambivalentes, expresaban la belleza y alegría de su juventud enturbiados por una gran angustia. En aquel instante, sentí que el miedo la atenazaba.

 

    -Mira Verónica- la conteste, debo decirte ante todo que sí creo que puedo ayudarte, pero tú  y solo tú puedes resolver tu dolencia. Yo voy a luchar contigo y te voy a acompañar en todo momento.

 

    Vi en sus ojos un atisbo de esperanza.

 

    -Lo malo, me dijo, -es que en tres semanas tengo que estar en Nueva York, haciendo mi primera grabación.

 

    Ahora, lloraba. Y un leve rumor de gemidos invadió mi despacho.

 

    Me levanté de mi mesa y me acerqué a ella. Puse mi mano en su hombro, la mire a los ojos y dije – ¿De verdad quieres curarte?

 

    Casi con rabia me increpó,- sí.

 

    -Bien, la tranquilicé, -mañana te espero a las 10.

 

 

 

    Unas horas antes había recibido una llamada telefónica en la sede de Anatheóresis, era el novio de Verónica y me dijo que necesitaba urgentemente que atendiera a su novia. Llevaba más de un mes que no podía cantar, tenía la voz bloqueada.

    Verónica llevaba desde niña educando su voz con una más que famosa soprano italiana, y ahora, justo ahora que había conseguido su primer contrato importante, sentía que algo molestaba en su garganta impidiendola  cantar

    Había acudido, unos días atrás, a varios especialistas y ninguno encontraba una causa concreta para su dolencia.

    Empezamos la terapia Y ya en la primera sesión , dió síntomas alarmantes de sus profundos daños.

    Estando con el árbol (Símbolo arquetípico del padre ).

    V: Es un árbol grande, con pocas hojas, está como seco.

    F: Oye, mira a ver si te gusta ese árbol.

    V: No,…. me da miedo

    La sugiero acercarse, a tocar el árbol con sus manos.

    V: El tronco es rugoso.Me da miedo y asco.

    F: ¿que pasa que te da asco?

    V: Es que está pringoso -empieza a llorar-y pincha.

    F: Mira, dos ramas de ese árbol, te van a abrazar.

    V: Empieza a toser con grandes  arcadas (con gran catarsis).

       -Un palo del árbol me ha  entrado en la boca…….

    No insistí,pasé a otros símbolos del nacimiento y claustro materno.

    Al acabar la primera sesión y ya en estado de vigilia normal, me comentó que lo había pasado fatal con el árbol. Además el árbol  le hablaba y ella  no quería oírle.

    F: ¿No oíste nada?

    V: No, no quise, me recordó cuando estuve enferma y me tuvieron que ingresar.

    F: ¡No me habías hablado de esto cuando hicimos el historial!

    V: Con 15 años, empecé a oír voces , yo pensaba que era el diablo. Voces insistentes y amenazantes que me decían que me tocase (se pone a llorar).

    Me ingresaron en una clínica psiquiátrica  Durante 10 días tuvieron  que  atarme las manos  a la cama. “Me destrocé los labios“. Pero me daba mucho miedo no obedecer. No te he contado nada porque me daba vergüenza.

    Estaba encogida en el diván, me conmovió su fragilidad. Siguió contándome su historia, diagnosticada de brote psicótico la trataron con narcolépticos. Aquel episodio pasó, Verónica volvió a su vida normal, compaginando sus estudios y su formación profesional como soprano.

    Hasta la fecha, habían pasado seis años ,nunca volvió a tener éste problema.

    Teníamos poco tiempo así que tras un par de sesiones, tratando de no tocar demasiado en profundidad éste tema, (tenía miedo que tras una fuerte abreacción la paciente se bloquease) fui directamente a sus 15 años.

    F: Mira te vas a ver en tu pantalla mental unos días antes del caer enferma. Y fíjate que está pasando

    V: Si, me estoy viendo, estoy sintiéndome triste

    F: ¿Que pasa que estás triste?

    V: Es un profesor, no me gusta como me mira, me mira mal.

    La bajé en edad con un buen hilo de Ariadna. Y me  dió la siguiente escena

    V: Estoy con papá en casa, tengo cuatro o cinco años. Papá me acaricia, me dice que me quiere. Más adelante y con gran catarsis:

    -Tengo el pene de papá en la boca , me ahogo.

    Fue relatando y vivenciando dramáticamente su biografía oculta, sepultada en lo más profundo de sus ondas theta. Se dio cuenta, inmediatamente ,que la voz del diablo diciéndola que se masturbara era la voz del padre que le decía que se tocara mientras estaba con ella.

    En las siguientes sesiones logró apartar emocionalmente el pene de su padre que dañaba su garganta.

    En una buena terapia, el paciente comprende sus daños y porqué se actualizan. Es fácil entender que cuando alguien la miraba mal ,su daño hasta entonces inconsciente, la derrumbaba .

    Por desgracia estaba sufriendo actualmente acosos de la persona que la había seleccionado y conseguido el contrato con la casa discográfica El sentirse acosada fué suficiente para bloquear su voz.

    Habló con su madre y pudo confirmar todo.. Esta fue la causa de que sus padres se divorciasen cuando ella tenía apenas seis años. Su madre nunca contó nada de lo ocurrido para que olvidase lo antes posible.Nunca había encontrado el momento oportuno.

    Recordaremos siempre en el Centro de Anatheóresis Madrid,cuando al terminar la sexta sesión y para gratificarla, una vez convertidos sus vectores patológicos, le dije :

    F: ¿Que te apetece hacer?

    V: Cantar, Fernando, cantar

    F: Pues venga, canta lo que quieras,… canta

    Nos sorprendió a todos, no solo a mi que estaba su lado, el asombroso sonido de su voz, que inundó todo el Centro y por consiguiente las otras salas de sesiones que estaban en aquel momento ocupadas .

    Realizó su grabación .Cuatro meses después volvió para terminar su terapia ya que muchas de las raíces emocionales se encuentra siempre en el claustro materno y el nacimiento.

    Así pudo librarse de otros traumas e impedimentos.

    Ya estaba preparada y  pudo viajar para hablar con su padre, también artista, que estaba desde hacia  años en un país de America..

    Conoció a su hermanita de tres años, fruto del segundo matrimonio de su padre. Lo único que exigió es que respetase a esa niña. No quería que pasase por lo que ella había pasado.

    Hoy Verónica es una mujer feliz que ha triunfado en su mundo y está felizmente casada.

    Han pasado muchos años pero aún, de vez en cuando, recibo su visita y sus últimas grabaciones.

 

Fernando Martínez Amaya.

 

 

C a s o: No todos los problemas sexuales tienen un

orígen sexual

 

    Jeff, un joven y apuesto Inglés, conoció a Joaquín Grau un día en un concierto. Tocaban la sinfonía del “Nuevo mundo” de Antonín Dvořák. Al terminar, tomando una cerveza juntos le confesó un secreto que no le dejaba dormir. Su novia (Española) le había impuesto una condición: “¡O resuelves tu problema sexual o no hay boda!”. Jeff estaba muy enamorado de su novia, le atraía y se excitaba mucho con ella. Pero cada vez, justo antes de consumar el acto sexual, perdía súbitamente la erección. Simultáneamente, le invadía una sensación de mareo y debilidad; se le quedaba la mente en blanco. “He recorrido consultas de psicólogos, sexólogos y médicos. Todo en vano, todo sigue igual. ¿Usted cree que Anatheóresis puede ayudarme?”. A lo que Joaquín contestó: Anatheóresis te ayudará a resolver tu problema. Pero lo resolverás tú mismo al descubrir su causa profunda, lo vivenciarás y automáticamente desaparecerá su efecto dañino. Y añadió: “Nacerás a un nuevo mundo” (Joaquín siempre encontraba analogías aunque fueran con una sinfonía).

    Así llegó al centro de Víctor Hugo, de la mano del propio Joaquín Grau que me dijo: “Hazle tú la terapia por si hay problemas de idiomas”.

    Jeff recordaba una infancia feliz en la campiña inglesa, padres tranquilos, permisivos y alegres y se había sentido muy querido.

    Después de dos sesiones, algunas en símbolos, otras buscando algún impacto emocional no gratificante en su infancia y que pudiera ser la causa de su problema, decidí llevarle al Claustro Materno. Las sensaciones eran de tranquilidad y acogimiento. También a su madre la percibía así, tranquila, sin sobresaltos ni tristezas. En definitiva, una persona en paz consigo misma.

    Pero incluso las personas más equilibradas del mundo un día se pueden desequilibrar. Y eso fue lo qué le ocurrió a su madre un domingo en pleno mes de agosto. Se estaba adelantando el parto unos días. Llegó al hospital con contracciones muy seguidas y con el bebé ya encajado en el conducto vaginal, a punto de nacer. En la sala de parto esperaba un joven médico… pero no era su médico de confianza, el de toda la vida (que estaba fuera por ser domingo). Y este joven no le inspiraba ninguna confianza, lo rechazó presa del miedo. Se tensó, las contracciones cesaron y CRUZO LAS PIERNAS.

    ¿Cómo lo vivió el bebé que estaba a punto de salir?:

    “Las paredes me aplastan la cabeza, tengo miedo… me mareo, estoy débil… se me va la vida… no siento el cuerpo… lo veo todo desde arriba…” Después de un rato añadió: “Es lo mismo… It’s the same”. Y lo repitió varias veces.

    Después de la sesión, ya en vigilia, comentó en voz baja y algo extrañado que había sentido exactamente lo mismo, las mismas sensaciones que le invadían cuando quería hacer el amor con su novia. Y no solo eso, cada vez que le presentaban a un hombre desconocido, joven y más erudito que él sentía algo parecido. (Analogía del médico que atendió a su madre en el parto)

    “Es el mismo mareo, una sensación, me voy a morir”.

    Estaba sorprendido, desconcentrado. Con su marcado acento inglés balbuceó: “¿Qué tendrá que ver mi nacimiento con mi problema sexual?” Se quedó pensativo unos instantes y añadió: “Creo, no… sé que es la verdad. Además como voy a entrar ahí adentro. ¡Ahí se muere uno!”  (Esto último lo dijo con cierto humor)

    A partir de este momento ya todo fue fácil. Simplemente se trataba de convertir el parto. O sea: tenía que volver a nacer, pero esta vez sin opresión, sin miedos, con su madre tranquila dándose cuenta que ni ella, ni el médico le dañaban ahora.

    “¡Así, así debe de ser!”, exclamó lleno de alegría. A la semana siguiente entró gritando: “¡Milagro, milagro, se ha producido el milagro!

    Le vi una vez más, el día de su boda, me abrazo entre lágrimas diciendo: “Sin ti Verena, sin Anatheóresis este día jamás habría llegado”.

Verena Frey.

 

 

C a s o: V e r d a d   S e n t i d a

 

    Alicia, una mujer de 45 años sumida en una profunda tristeza y con un conflicto constante con su madre, hasta el punto
de no poder soportarla, llegó a mi consulta después de pasar por varias terapias sin solucionar el conflicto que la afligía.
En la entrevista inicial me describe una actualización patológica (crisis de ansiedad y depresión) a los 22 años que la
deja 9 años sin salir de casa a causa de una ruptura sentimental.

    Comenzamos las sesiones y se va dibujando ya una situación, antes de nacer ella debido a la situación económica y
laboral de la familia se trasladan al norte de África y separan a sus hermanos mayores (mellizos) de corta edad, dejando
a uno de ellos al cuidado de la familia paterna, lo que causa una profunda tristeza en la madre. Además, al quedar
embarazada nuevamente a esta tristeza se suman sentimientos como la culpabilidad y el rechazo, que generan una
melodía de fondo en el claustro materno en que Alicia se esta desarrollando.

    Durante varias sesiones la paciente vivencia a su madre llorando constantemente pensando en su hijo, lejos de ella, y
sintiéndose culpable por quedar embarazada de nuevo, al tiempo se veía a si misma en un espacio oscuro y frío y muy
sola.

    Buscaba al padre como gratificación, ya que el si estaba muy contento con su llegada y quería una niña, (de hecho la
relación con su padre era mucho mejor).

    En una sesión, (llevábamos ya unas 10) Alicia vivencia un momento en que su madre está más tranquila, sentada en una
mecedora, poniendo sus manos sobre la barriga:

    Alicia: Siento su calor, esta cansada, pero siento el calor y hay luz
Jesús: Mira la luz.
    A: si , es muy bonita, me da calorcito también, la pone mamá.
    J: Como es eso? Que la pone mamá?
    A: Si…. ella esta conmigo, piensa en mi.
    J: Que piensa de ti mamá?
    A: Que voy a ser niña, y que todo va a ir bien…..pero esta muy cansada y un poco triste, se va la luz.
    J: Ya no hay nada de luz?
    A: Muy poca , esta llorando.
    J: Mamá llora?
    A: Si…. (Alicia empieza a llorar).
    J: Oye, mira…… aunque tu estas ahí dentro y eres muy pequeñita, ahora vas a entrar como tu eres ahora, ya mayor, en la
habitación en la que está mama y puedes hablar con ella.
    A: Si …..la veo sentada en la mecedora llorando y me acerco, ella me conoce, sabe que soy yo, mira al suelo
    J: Y tu que sientes?
    A: Quiero que me mire…que me vea
    J: Venga ahora te mira.
    A: (Alicia rompe a llorar de nuevo) pongo mis manos en la barriga de mamá, y ella lo comprende, sabe que no esta haciéndolo bien,
ahora lo sabe (llora mucho mas). Ahora si me mira…..yo la quiero.
    J: Y ella?
    A: Ella también me quiere, pero antes no podía…NO PODÍA…está muy sola.
    J: Ah si?
    A: Ahora ya no, porque estoy yo….la abrazo……. ella también me abraza…. me abraza y al bebé también.

    Continuaron las sesiones .
    Alicia “comprendió” la situación que generó esa relación con su madre, ese rechazo que la hacia caer hasta el más profundo abismo. Comprendió que su madre no la rechazó a ella, sino toda una situación. No lo pudo hacer en su momento porque su percepción era distinta, aún vivía en las ondas Theta, era una verdad sentida. Se liberó totalmente.
    Hoy es una mujer mas segura, más fuerte que sigue trabajando en si misma y sus relaciones han dado un cambio sustancial.

Jesús Cabrero.

 

 

Fuente: Anatheóresis Madrid

 

A r t í c u l o s   d e    I n t e r é s ...

 

 

 

 

C H A R L A   C O N    J O A Q U Í N    G R A U 

 

29 de septiembre de 2012

 

L a     I d e n t i f i c a c i ó n

 

 

    Voy a exponer un poco de mi teoría y lo que es objetivo. No olvidemos que estamos intentando explicar el funcionamiento de la mente, con el propio funcionamiento de esa mente a la que estamos investigando. Con lo cual, es sumamente difícil, obtener una respuesta adecuada.

    Las investigaciones llamadas científicas, utilizan los llamados mapas cerebrales que miran desde fuera un poco cómo es el cerebro. Se iluminan ciertas zonas cuando están actuando de una manera determinada. Nosotros entonces intentamos sacar la información desde el propio cerebro, para que el propio cerebro nos diga cómo actúa el mismo, con lo cual estamos siempre a merced del propio cerebro, que es el que nos domina a nosotros. Estamos pensando para preguntar con el mismo sistema de procesamiento. Para ello es preciso que tengamos claro cuáles son los dos principios de la identificación.

    En el Curso Básico de Anatheóresis casi siempre he explicado los principios básicos de la identificación; el principio de semejanza, lo igual atrae a lo igual (-está en el tratado aunque escuetamente-) y el principio de contagio; algo que ha tenido contacto con el cuerpo, con algún objeto determinado, conserva las vibraciones de ese objeto y puede, por tanto, crear un puente energético con otra persona u otro objeto. Me explico; yo pongo un ejemplo habitualmente de las brujas que es muy claro, hacer el acto de maleficiar. Al hacer el famoso muñequito lo más parecido a quien se quiera maleficiar y actuando sobre ese muñequito, a la persona que se intenta maleficiar le llega, porque lo igual llega a lo igual por identificación. Y si se quiere reforzar este gesto, las brujas ponían pelos de la persona que se trata de maleficiar en el muñequito; pelos o restos de uñas. Como eran brujas, también sangre menstrual, explicaré por qué eso de “como eran brujas”. Me refiero a que, al ser brujas, tenían que hacer algo sucio en el sentido sucio de la palabra. Las uñas y el pelo tenían sentido ya que son las partes del cuerpo que conservan más tiempo la capacidad energética del cuerpo en el que han vivido, aunque sea un muerto. La prueba la tenemos en que a los muertos les sigue creciendo el pelo y las uñas durante un tiempo,  o sea siguen manteniendo durante algún tiempo la capacidad energética. Por eso cogían normalmente raspaduras de uñas y pelo para poner en el muñequito. Esto es un ejemplo de identificación por contagio.

    Hemos visto que ahora en nuestra cultura esto se hace de una manera más inocua, pero no menos dañina. Cuando un padre le pone la camiseta de Messi o Cristiano Ronaldo, en realidad está realizando un acto para que lo igual atraiga a lo igual. Los futbolistas son ahora los objetos de adoración, los futbolistas básicamente; es un principio mágico de similitud. Antiguamente, como ejemplo de esta actuación, el principio mágico de identificación se ejercía sobre todo en los casos de canibalismo. El canibalismo no era normalmente tener hambre y no tener comida, eso se daba pocas veces. El canibalismo era un acto mágico que si lo traducimos a nivel doméstico, es un equivalente a “lo que se come se cría”. O sea un corredor, el mejor corredor de la tribu ajena o incluso la propia, en según qué casos de abuso de autoridad por parte del jefe del clan, era un gran corredor. Si yo me como los pies del corredor, por contagio yo seré también un corredor muy veloz. Ni que decir tiene que los órganos más comidos son unos muy determinados en los hombres; los más deseados. Ahora parece que se desprecian pero antiguamente se apreciaban mucho, tampoco se ha comprobado si funcionaba. Curiosamente ese principio mágico lo ha estado efectuando la misma iglesia, porque la religión se basa en el hemisferio derecho. Cuando en la misa se da el momento de la transubstanciación en el que la hostia se convierte en el cuerpo de Cristo, en realidad lo que hace la iglesia católica es convertir la hostia precisamente en carne de Jesucristo vivo, carne, no símbolo. Pero esto lo hacemos continuamente, por ejemplo, si yo me quiero parecer, ser tan alto o fuerte como mi abuelo, automáticamente adoptaré sus gestos, su postura, su forma de andar, etc. Me apropiaré por contagio de todos sus actos para ser como él. Esto viene más tarde ya, cuando hay un despertar del hemisferio izquierdo.

    Entonces tenemos, por un lado los principios de identificación, los dos principios de similitud que puede ser todo lo contrario, que puede llevar a todo lo contrario, porque si yo no me puedo identificar con mi padre por haber acumulado CATs en los que esté en contra de mi padre, automáticamente  no cogeré esa similitud, sino que lo que haré, será rechazar a mi padre y a todo lo que sea imitación de él. No necesariamente, pero lo rechazo y esto forma parte del mismo juego de semejanza, sólo que por rechazo va contra mi padre, pero iría contra él si no hubiera un principio de asemejarme a él, al que rechazo. O sea, que tengamos claro cómo funciona este principio de identificación.

    En la identificación, tengamos en cuenta cómo se procesa la información. En Theta la información es global, todo es uno, tiende a expandirse, pero sin tiempo, o sea una explosión determinada de conocimiento, una intuición, una iluminación. Automáticamente se ve globalmente, o sea, que el cerebro por los ritmos Theta tiende a expandirse, pero no a expandirse haciéndose grande, sino a mostrarse con toda su plenitud, que todos somos Uno. No como se dice en Beta somos uno y marchamos juntos, sino es uno, un océano. Imaginemos el océano, somos el océano: somos el océano entero, y en Theta se muestra la totalidad, Beta en cambio lo que hace es trocear esa totalidad. Sabemos que es analítico, sabemos que trocea, que es discursivo, sabemos cómo procesa la información. ¿Qué es lo que tiende precisamente a hacer el hemisferio izquierdo? Lo que tiende es a romper una parte, a coger una parte del océano y a hacer plenitud, pero de esa parte, o sea, a hacernos a nosotros como humanos como una unidad, como una totalidad, cuanto más compacta mejor. ¿Está claro? ES TODO LO CONTRARIO. Segregamos del océano una parte, un trozo, una sola burbuja, mostrarlo como queráis. Cuando he experimentado el principio hace tiempo, yo veía una burbuja, se formaba una burbuja, y automáticamente esa burbuja tiene un tiempo de vida con una tensión interna. Pero imaginémosla como algo que quiere coagularse, que quiere formar una totalidad. Está pasando en estos momentos en que se está hablando de la globalidad, cuanto más globalidad, más segregación.

    Entonces hay un choque entre contrarios, entre globalidad global auténtica y la globalidad parcial que intenta hacerse global. ¿Cómo se intenta hacerse más global parcialmente, yo, cada vez más yo? me segrego de los demás, tú te segregas, tú también te segregas y aunque hay una mayor  o menor empatía, automáticamente formamos parte de una unidad. Yo soy Joaquín Grau, fijaos que al final de la identificación en Beta llegamos a la concentración máxima de identificación, al nombre.

- ¿Quién eres tú?

  • Yo Joaquín Grau.
  • ¡Ya..!

    Y hay un montón de cosas que trabajan para quien es Joaquín Grau o no es nadie. No es nadie en el sentido de que no hay conocimiento de lo que es.

    ¿Habéis pensado alguna vez como os sentiríais, si no tuvierais sensación de existir, si no tuvierais un nombre? Pensadlo un poco. No habría existencia, habría como un gusano, no nos sentiríamos personalizados, no habría personalización, la personalidad estaría anulada. ¿No se si os dais cuenta?

- ¿Quién eres?

  • … soy un hombre…

    Esto, suponiendo que tuviéramos capacidad para tener conocimiento de ser un hombre. Por eso cuando nos identificamos damos el nombre, y si queremos damos más datos de dónde vivimos, etc. etc., pero no identificamos los contenidos interiores. El nombre sintetiza la totalidad en la no globalidad, en la parcialidad de nuestra globalidad parcial. Una célula es a mí porque la célula también tiende a ser ella como unidad. Los virus tienden a serlo bajo la percepción Beta que tenemos. Si tuviéramos todo el tiempo una percepción Theta no veríamos una célula, no veríamos un virus, veríamos una totalidad. Es como si Beta estudiara al cuerpo y ve al hígado, pero que sólo el hígado, y Theta vería como mínimo todo el hombre, toda la mujer, vería al hombre o la mujer entero con todas sus funciones orgánicas.

    Entonces ¿cómo se forma ese yo capaz de verse desde afuera, capaz de verse en el tiempo? Aquí hay dos respuestas y una incógnita, lo lógico es pensar que es un crecimiento como lo tenemos en el Tratado, un crecimiento de la frecuencia cerebral, va a más velocidad y crea…, pero eso está marcado por la propia naturaleza, lo mismo que un riñón depura orina, la naturaleza nos da un ciclo de vida determinado. Es una burbuja en el océano con una tensión que al final se rompe, y vuelve al océano, a ser nada, a ser totalidad, a perder la identificación, la individualidad. Ya no es algo apartado del océano.

    Sabéis que hay dos ramas del Budismo que ven la supervivencia de distinta manera pero jugando con eso, distintas reencarnaciones que llevan otra vez al océano de la vida al océano divino, que se puede llegar de dos maneras sin sentirse, sin perder la identidad, o fundirse de nuevo con el océano del que hemos salido como gotas de agua. Los egipcios antiguos decían que somos un rayo de sol aprisionado, todos tenían claro ese mecanismo que estoy explicando. De manera que si yo no pierdo la identidad, me vuelvo a sumergir en el océano pero no me sumo al océano como totalidad, estoy separado de él y me siento en el clásico éxtasis normal, místico, donde me siento yo. El yo se siente expandido, abierto, lleno de amor, pero es el yo. En tanto que de la otra manera, si yo me fundo con la totalidad no siento nada, vuelvo a ser lo que el Buda llamaría divinidad, vuelvo a ser un océano.

    Pero, ¿cómo se forma eso? Hay dos cerebros, que están chocando el uno con el otro, porque uno es la existencia, es el ser o estar, el mismo idioma lo distingue. El ser o tener -Tengo un cáncer- no dices soy un cáncer, o sea, soy un yo que tengo un cáncer. En cambio dices soy alto, soy alegre, soy tal, quiere decir plenitud total del yo.

    La sensación que tengo es que sabemos que el crecimiento perceptivo pasa por un primer impacto, que es un impacto de identificación, que a su vez esa identificación es y forma las sucesivas analogías que poseerá el ser que va a nacer, que se está gestando. Me explico, sabemos que dos células sexuales forman un cigoto, forman una fermentación, forman una unidad, pero no hay ritmos cerebrales, no llegamos a Delta, que el proceso está antes de Delta, ni siquiera  en los ritmos Delta sabemos qué está pasando por más que profundizamos. Pero lo que sí sabemos, es que si mi madre está triste cuando yo me trasplanto o me trasplantan a su útero, yo me siento triste y siento el impacto de identificación con mi madre, por que soy mi madre, soy ella, no soy nada fuera de ella, estoy dentro de ella como un riñón, como un hígado, como un corazón que late. Automáticamente tengo un impacto de tristeza o de desamor, para entendernos mejor, de desamor porque me rechaza.

    Esta es la explicación Beta, pero simplemente como un impacto de no ser acogido. Hay un impacto emocional y siento ese impacto por identificación, pero a partir de ese momento, el impacto de desamor que se ha generado. Atrae por analogía cualquier acto de desamor que surja de la madre, o cualquier acto que yo entienda analógicamente por desamor, emocionalmente, partiendo de la madre.

    O sea, la salida de las analogías la forman las identificaciones. Si yo no me identifico con algo no se puede realizar el proceso analógico, pero siempre nos identificamos con algo pues el crecimiento neuronal necesita los procesos de identificación; mientras crecen las redes, los circuitos cerebrales sinápticos, se están produciendo una serie de hechos emocionales que estoy recogiendo. Lo que pasa, es que lo está recogiendo en distintas formas perceptivas, Delta, Theta… Beta.

    Supongamos por un momento, supongamos he dicho, que el momento de enriquecimiento de mi cerebro está evolucionando por sí mismo. Pienso que es por su propio crecimiento, como el hígado o como otros órganos que se van formando según se va creciendo hasta una edad determinada, en que finaliza este proceso de crecimiento. Pasa, como sabemos, por unos ritmos cerebrales que tienen una percepción a niveles distintos, automáticamente sabemos también que también los impactos emocionales nos dañan, los impactos de identificación, a través de la emoción. Por lo menos sabemos, porque no sabemos nada de lo que está pasando en Delta y antes de Delta, pero sabemos que tiene que haber una identificación porque estamos formando parte de un cuerpo distinto al nuestro. La prueba es que después estamos diciendo lo que he dicho antes; estoy contento, o sea, yo aquí y ahora estoy contento, no soy contento, no soy un contento continuamente, porque separamos la esencia, separamos la plenitud, con respecto a otra identidad.

    Me explicaré mejor, vamos a seguir el proceso porque aquí es donde está el núcleo difícil de entender. Yo estoy recibiendo impactos desde que entro en el útero de mi madre, estos impactos están, por identificación, creando unas analogías agradables o desagradables, gratas o ingratas. Esas analogías se interfieren, se introducen en los procesos perceptivos que estoy viviendo. Yo estoy creando unas redes perceptivas cognitivas que son alteradas por estos impactos que me están llegando. Al tiempo que estoy creciendo, estoy intoxicado o estoy agradablemente bien, no tóxico, con respecto a los impactos que llegan, que me llegan, que tengo, porque es como si fueran míos con respecto a mi madre por lo menos, aunque vengan de mi padre pasando por mi madre.

    Aquí formamos dos entidades, por un lado el ser de la existencia, la existencia es emocional, y el ser que llamo que es la estatua que estamos creando según los impactos, estamos rechazando, estamos aceptando, estamos justificando etc. O sea, que hay una actividad emocional que al tiempo que se produce en un crecimiento normal, también se produce una actividad mental, no emocional, los dos cerebros están funcionando, pero están funcionando de una manera desincronizada. Que es lo que precisamente ahora, en Anatheóresis tratamos de resolver, ¿cómo se produce ese desequilibrio?

    Supongamos que yo rechazo los impactos desagradables a través de la existencia, no a través del yo , sino del yo Theta y que estoy echando fuera, y me llega el concepto tiempo. El concepto tiempo me permite precisamente, en la lucha de los tanatos, vida y muerte, placer y sufrimiento, me sirve para salir precisamente del impacto de la emoción negativa, del daño. Porque el yo, aquí y ahora, Theta está en mi cuerpo; tengo un cáncer, no soy un cáncer, en estos momentos estoy triste, en estos momentos estoy alegre, en estos momentos me pasa tal cosa, aquí y ahora, yo. Pero no fuera de mí, ni lejos de mí sino yo como entidad, como yo.

    Automáticamente ese impacto que molesta pasa a la mente que se está formando, la mente que no es emocional: Beta. Beta recoge la información y la intenta atemperar con respecto a lo que está pasando, porque lo que ocurre sería, si esto se justificase, sería que Beta actuaría como un mecanismo de equilibrio para no sufrir precisamente los impactos emocionales; los paso y voy formando una estatua de impactos emocionales, de impactos mentales que no son, que están formando un yo, un yo virtual. Es como si me viera en el ordenador o en una pantalla.

 

    El tiempo a su vez, como he dicho, me permite pensar si tengo concepto de muerte en la existencia. En Beta, me permite jugar con la capacidad de creer que hay otra vida porque el tiempo me permite pasar a un pasado, pasar a un futuro… a un Más Allá, mas allá de la muerte, cosa que no me permite en Theta.

    Theta es impacto que siente y se acabó la historia, no hay más de comprensión de la que estoy sintiendo en ese momento, pero no hay una especulación, de si hay vida más allá, más acá, porque para eso se requiere el concepto tiempo.

    Ese concepto, ese estado “fuera” mental, no emocional, permite a su vez ir formando un yo, un yo ficticio, un yo virtual. Un yo virtual que a su vez se compensa, se justifica, para buscar su equilibrio en el platillo de la balanza de ser o no ser, automáticamente se juega con buscar el equilibrio. Si hay una compensación se necesita un crecimiento del yo tan grande que forme un ego, es endurecimiento de la personalidad.

    Esto puede acarrear una serie de defectos mentales evidentes. Si yo necesito equilibrar los dos hemisferios cerebrales, necesito compensar ciertos actos por que he ido mas allá de donde debo ir, he ido más allá del yo, el yo ha crecido, ha coagulado más allá de donde debe ser, se ha hecho una masa demasiado pétrea. Automáticamente compenso si no me agrada la situación, y si tengo un sentimiento de inferioridad me muestro con un sentimiento de superioridad.

    Pero todo eso lo muestro dentro de un juego entre analógico y a su vez también un juego Beta. El exceso de compensación o la necesidad de compensación excesiva, puede traer… es una locura, a veces lleva a la locura con el rompimiento, lo mismo puede ser una creencia de santidad como puede surgir una diabólica creencia, porque los dos casos son locura. Locura es una fe total y completa sólo que llevada al campo de la santidad, y locura es a su vez un rechazo de todo lo que me rodea y endurecer mi yo de tal manera que combato todo lo que no sea yo. Monto por ejemplo la inquisición, me convierto en un Torquemada. Hay un juego de compensaciones dentro de todo ese juego de crecimiento. En ese juego de crecimiento estamos en un equilibrio de un hemisferio con el otro hemisferio cerebral.

    Hay un yo, unas emociones que siguen imperando. Si yo me rindo, me doblego ante las emociones que me llegan y me identifico con esas emociones. Automáticamente voy pasando por tristeza, alegría durante el día, puedo pasar por mil sensaciones si me identifico excesivamente con la existencia, con Theta, con las emociones. Pero si a su vez endurezco el yo para alejarme de esos sentimientos de alegría o de tristeza, que perturban mi vida y hacen sentirme mal, endurezco el yo para apartarme de esa otra corriente. Al endurecer el yo me aparto de tal manera de los sentimientos que puedo convertirme en un psicópata.

    No lo siento, estoy en un mundo mental, en un mundo virtual, en un mundo en el que hay tiempo, en el que puedo jugar con el anterior, con el Más Allá, pero que no hay empatía, no hay amor, no hay identificación absoluta con el otro. Pero puede ser que el yo y la existencia Theta emocional se sincronicen y viajen juntas en el sentido de reconocer cada movimiento del yo y trasvasarlo del yo al otro lado, y de ese lado a este, y que los dos hemisferios cerebrales sean el origen y formen una unidad sincronizada y armónica de ambos hemisferios cerebrales.

    Pero hay un elemento que surge ahora. Dentro de ese cerebro que ha sido dañado por Theta y que ha creado un ser virtual Beta, dentro de ese cerebro, hay un intento de crecimiento neutro, normal, un crecimiento perceptivo basado en los ritmos de la naturaleza que hemos dañado a través de los CATs, y apartándonos y creando el ser, un ser que es un yo.

    Entonces hay dos caminos, o forma parte de un crecimiento natural, que es lo que parece, o hay una razón para pensar que estos mismos juegos de estos dos hemisferios cerebrales, con sus daños y gratificaciones, están creando una proyección de camino más allá de los propios sentimientos, de la propia actividad del yo personal. Dicho de otra manera, ¿Hay un camino, una meta normal o natural donde la evolución nos lleva?, o ¿estamos creando nosotros la evolución a través de este juego de los hemisferios cerebrales de tal manera que es una proyección de nuestra situación actual?

    Si fuera una proyección surge aquí… el concepto de arquetipo, fijaos que en toda cultura hay un tótem, alguien que defiende el grupo, la etnia, el país, lo que sea, el pensamiento colectivo, no el global, no el total colectivo. En nuestra cultura católica está la figura de Jesucristo, como arquetipo, nos defiende y al tiempo tenemos que ser como él, si no el tótem va contra nosotros. Pero ¿cómo se forma ese arquetipo para nosotros? ¿Surge por espontaneidad porque forma parte de un proceso en el que hay un foco de atracción que va desde el camino evolutivo per sé, por la propia esencia o lo creamos nosotros?

    Porque la figura de Jesucristo no es  la figura de un hombre que ha sido muy bueno y lo identifiquemos con el hijo de Dios, sino de alguien que polariza nuestro pensamiento entero, alguien que nos dice el camino es éste para llegar a eso otro, para seguir el camino evolutivamente.

    No sé, yo creo que forma parte del juego natural de todas las culturas, en la cultura mitra tenían un Dios del amor que se llamaba Mitra, hasta que fue separada su esencia amorosa.

    Vishnú, fue también símbolo del arquetipo amoroso, de una cultura del amor que todo el mundo siguió hasta que fue separada y vino otro más perfilado. Ahora mismo parece que no hay un arquetipo fuerte. Parece que el arquetipo llamado Jesús esté siempre vivo, pero está apagándose y va a surgir otro. Pero hay un descontrol total porque falta un arquetipo. El arquetipo es el punto de globalización de la colectividad. Que es lo que tenemos que mirar también.

    Hay una cosa que me importa decir, que forma parte ya más directa de la identificación que podemos utilizar, que es la importancia de la identificación en los bebés, en la infancia. Ya he señalado que en la infancia podemos trabajar porque ya están formados los CATs, están ya formados los daños, ya que vienen de antes, del claustro materno, de otros ritmos inferiores, pero vienen ya formados, ya son analogías. Más que identificaciones, se está realizando la identificación con papá sobre todo en un momento determinado.

    Cuando está surgiendo Beta, sea surgida de una manera o de otra, que no queda claro cómo es. Cuando está surgiendo Beta la identificación con papá y mamá tiene gran importancia porque, bien es verdad, el niño ya viene dañado, pero también es verdad, que es una época en la que el niño aún no ha coagulado el yo totalmente, de tal manera que no es una estatua pétrea de granito que no se pueda moldear.

    Si viene con un CAT de desamor, por ejemplo, la actitud de los padres en esa infancia puede debilitar ese CAT, o  al revés, según sea su actitud puede potenciarlo.  O sea, la actitud de los padres, puede actuar sobre la infancia potenciado o atemperando, según como venga al caso, según necesite el niño, los CATs que trae.

    Con lo cual, se puede mejorar la situación del niño, aún se puede actuar, no en IERA necesariamente sino preconociéndolo todo, fijándose en el niño y viendo lo que le pasa. Ahora, eso también supone que papá y mamá estén limpios de CATS, porque si no, ya bien sea por la cultura imperante o por los daños, lo que hacen no es arreglar sino desarreglar lo que está pasando en el niño. Siempre que respetemos al niño de una manera natural y no le forcemos, podemos actuar sobre él, y siempre actuando sobre el amor, la empatía, el acogimiento. Lo que pasa que hay medidas, no un acogimiento que sea tan excesivo que sea una entrega por parte del niño que se convierta en una identificación o casi posesión total del padre o de la madre, lo cual no es bueno.

    Y es que estamos hechos de retazos de identificación, y por tanto en esa época en que aún no ha coagulado el yo aún podemos actuar. Una vez que el yo quede solidificado ya se ha cerrado el proceso; eres lo que eres tanto Theta como Beta y ya eres víctima de un proceso de sincronización o desincronización, según.

    Y esto se nota en lo que vas a jugar con el cómo y el por qué. Analogía es como; ando como mi padre, simplemente al principio ando como mi padre por que no hay por qué. El POR QUÉ es Beta, Theta es COMO, una analogía. Pero ¿por qué andas como tu padre? esto lo pone ya Beta, porque quiero entender ser como él, con todas sus virtudes, alto, guapo…. Este por qué que es Beta viene después, no obstante es al principio cuando la identificación se realiza.

    Todo el conocimiento viene por inducción; los árboles, la simiente  que cae a la tierra, la tierra lo acoge, la tierra madre, el útero de la tierra lo acoge, crece el árbol, pero viene el invierno y las hojas caducas mueren aunque renacen en la primavera, es una inducción. Yo estoy viendo en la naturaleza todo eso, yo vi que los Aucas imitaban en todo a la naturaleza, cuando van a cazar el mono hacen un sonido con la boca que es el mismo chillido que el del mono, y el mono, porque lo igual atrae a lo igual, avanza un poco y se pone en las zonas claras para que puedan dispararle, se pone más a la vista. Es como si hablase el idioma del mono para atraerlo, precisamente esto es un acto de analogía porque de adulto ya sabe que así puede cazar el mono que es su comida. El por qué es Beta, pero cuando aún no llegamos a Beta, simplemente nos dedicamos a imitar.

    Yo estoy convencido, totalmente convencido de que muchas enfermedades que ocurren en las familias, todas mueren de lo mismo, a casi todo lo que se considera genético; ES POR IDENTIFICACIÓN: si tu padre muere de una enfermedad y te ha impactado fuerte, tú automáticamente por identificación generas el camino para morir de esa manera porque lo llevas dentro por identificación en tu existencia. Yo por ejemplo, me acuerdo de mi padre, yo no digo que lo que me pase en la pierna, eso que tengo, pero a mí me han venido imágenes hace un mes o dos, clarísimas de que mi padre cuando moría estaba delirando y el calor del cuerpo se le iba subiendo por el cuerpo y salía por la cabeza. O sea, como iba muriendo y algo salía de su cuerpo como una energía que se alejase, y me acuerdo que tocaba su pierna fría y estaba ya muerta, o sea el frío de la muerte iba surgiendo y subiendo. Esa imagen que me impactó, no cabe duda, puede llevarme ahora a unos daños determinados por analogía. No creo, porque lo sincronizo, ya lo tengo claro. Creo que está claro también,  que en todo proceso de identificación hay una fuerza tremenda para que vivamos y muramos como la otra persona, y en este caso estamos arrastrando las mismas muertes y enfermedades, una tendencia a la misma enfermedad. ¿Es genética? No lo sé, pero creo que estamos abusando de lo genético. Ahora todo cáncer es genético. Pero yo no tengo claro si es genético.

    Yo tengo claro simplemente que hay unos pensamientos determinados; si llega un momento en que considero que ya tengo que parar, ya está bien de entrar en problemas, en consideraciones, etc. y que tengo que detenerme. Hay una corriente en mí a seguir adelante que choca con ese pensamiento y me puede producir o me ha producido, no lo sé, una inmovilización, porque estoy materializando precisamente lo que hay en el pensamiento. ESTAMOS MATERIALIZANDO IDEAS. En el cuerpo se materializan los distintos intentos de gratificación o de daño, o de vivencias de daño que hay en la mente. El cuerpo lo mimetiza automáticamente y lo siente, y estamos con distintas enfermedades que se identifican, que provocan una compensación, o como he dicho antes una justificación o una entrega.

    Una baja autoestima es aceptar una entrega, sentirla. Combatirla es compensarla, aceptarla y procurando que no te dañe es justificarla, todo eso lo hace el yo, lo hace el ser y quita precisamente dolor y sufrimiento a la existencia. Es como he dicho antes, ¿no será que Beta es un proceso perceptivo que lo que intenta es quitar el sufrimiento de Theta, el sufrimiento de la existencia en este mundo y pasarlo a un ser virtual que no nos  daña tanto porque está fuera de nosotros? con lo cual se justifica a través del tiempo, de la capacidad del tiempo el que se maneje esa cámara con la percepción extrauterina.

    Bueno con esto es suficiente para que lo consideremos.

    Este rollo que acabo de lanzar que tiene fallos evidentes y por eso no está en el Tratado, porque no está consolidado todo esto.

    Estamos aquí para discutirlo, no para aceptarlo. Ya dije ayer que como el Buda, no es verdad lo que digo. Si es verdad, no lo sé, no me creáis pero si es verdad experimentadlo discutidlo, comentadlo y si falla, falla. PERO NO ME CREÁIS.

 

 

 

 

 

M e d i c i n a   P e r s o n a l

 

Francisco Moya García.
Médico, Radiólogo.
Sevilla. España

 

    Al principio sólo existía el COSMOS, que por la ley de la Entropía tendía al desorden. Esta tendencia cambió cuando apareció algo que producía más gastaba: la primera unidad simple del BIOS.

    Esta célula primigenia evolucionó a través del reino vegetal, después por el reino animal y por fin llegó el hombre: el animal racional. El hombre no es un producto nuevo en la evolución sino el resultado de acumular la racionalidad al ya existente mundo cósmico, vegetal y animal.

   

 Por eso en el cerebro humano encontramos los cuatro tipos de ondas encefalográficas: las ondas delta (1-3 Hz) presentes en el cosmos, las ondas zeta (4-8 Hz) presentes en el mundo vegetal y las ondas alfa (de 8-14 Hz), presentes en el mundo animal. En su conjunto forman el mundo Inconsciente, movido por un sistema nervioso vegetativo, autónomo. Sobre esa evolución precia, el hombre añade un mundo Racional, Consciente, con ondas beta de 15-30 Hz, que tiene a su servicio un sistema nervioso cerebroespinal.

    Las ondas Delta son de contenido desconocido y las ondas Alfa parecen tener la función de mera frontera entre Beta y Zeta. Por tanto la persona tiene dos grandes actividades: la actividad Beta, Racional ó Consciente y la actividad Zeta, Emocional ó Inconsciente. Beta, Racional y Consciente está dotado de Entendimiento y Voluntad y su base anatómica es la Corteza Cerebral, que actúa mediante el S. N. Central en la musculatura estriada ó voluntaria y se expresa mediante el lenguaje fonético. Zeta, Emocional e Inconsciente es la patria del Afecto, de la Emoción y contiene al Centro de la persona (el Corazón). Zeta actúa mediante el S. N. Autónomo en la totalidad de las vísceras y sistemas; Zeta se expresa mediante el simbolismo de los sueños, de los actos fallidos y de las enfermedades y dolencias. Importa mucho esta breve consideración previa sobre la estructura de la Persona puesto que es necesaria para resolver el origen de la enfermedad de la Persona.

    La enfermedad es un producto fabricado íntegramente por el Inconsciente, es una expresión de las Emociones de la Persona. No podemos entender el origen y la evolución de la Enfermedad sin adentrarnos en el mundo Zeta. Si el desperfecto se ha producido en las profundidades, no podremos repararlo sin las herramientas propias de la profundidad Zeta. Por mucho que lo intenten las armas de la Razón no conseguirán solucionar el problema; conseguirán un tratamiento sintomático, superficial pero nunca llegarán a la causa profunda. Sería similar al caso de la rotura de una conducción submarina: la única posibilidad de repararla es sumergirse y utilizar soldadura acuática. Desde nuestra Razón Consciente observamos fenómenos en superficie y nos resulta difícil comprender su causa primera; cada vez nos convencen las causas genéticas, víricas y autoinmunes que aplicamos, como cajón de sastre, a todas las patologías de origen desconocido.

    Ryke Geerd Hamer apuntó al origen emocional de todas las enfermedades y cualquiera que prueba esta relación según su criterio no puede dejar de asombrarse de la estrecha coincidencia. En favor del origen profundo emocional de las enfermedades descubrimos las fases Simpática y Parasimpática de todos los procesos; claramente parecen obra y gracia del Sistema Nervioso Autónomo, el que se mueve desde el Inconsciente. Asombra la variación paralela de las dolencias con la variación emocional. Asombra el lenguaje simbólico que encierran, al afectar diferentes tejidos embrionarios según el tipo de emoción subyacente. Hay una correlación entre el proceso biológico puesto en marcha por la emoción concreta y el efecto evolutivo en la especia que provocó la misma emoción ancestral para crear los nuevos órganos,… Suficientes hechos que nos obligan a estudiar de nuevo la Medicina según la Emoción.

    Hubo un momento negativo en nuestra historia de la Medicina cuando Claude Bernard promocionó la separación del cuerpo y de la mente. En ese momento los médicos nos quedamos con el cuerpo humano sin la parte inmaterial que lo movía; nos dejaron el ordenador como si funcionara por sí solo sin nadie que lo tecleara con criterio. Hemos desarrollado tanto el estudio de ese ordenador; hemos reducido tanto el estudio robótico del cuerpo humano, que hemos llegado a formalizar que toda nuestra actividad inmaterial es fruto de epifenómenos surgidos de los procesos moleculares.

    Las observaciones médicas y embriológicas de Hamer nos han avisado de que el proceso es justo el contrario: es nuestra Emoción la que mueve los procesos moleculares. La simple observación sería suficiente para soportar esta inversión de la visión biológica, pero la ciencia oficial parece que nos ciega: cualquiera puede observar que se le pone “la cara roja” de forma inconsciente cuando siente una emoción de vergüenza y que posteriormente se da cuenta que se ha puesto rojo. Cuando alguien tiene un examen puede tener diarrea, efecto ancestral de la emoción del miedo al enemigo que requería vaciar el intestino para alejarse más ágil del peligro. Ante un suceso contrario fuerte nos quedamos paralizados “con los pies pegados al suelo”; es la misma emoción próxima a la muerte que provoca en los animales inferiores un movimiento biológico definitivo como último recurso para conservar la vida: hacer de Don Tancredo para que la falta total de movimiento consiga que el depredador nos confunda con un objeto inanimado. En este caso la Emoción paraliza hasta la musculatura voluntaria del mundo racional.

    Así podríamos seguir citando ejemplos de la experiencia diaria que apoyan el efecto que la Emoción tiene sobre el Cuerpo. Pero parece haber un salto entre estos hechos que podríamos titular de banales y los que podríamos definir como “serios”; como si esta correspondencia entre Emoción y dolencias tuviera una solución de continuidad. Pero el estudio detallado que hace Hamer demuestra todo lo contrario y el mismo criterio se puede aplicar a toda clase de enfermedades y dolencias independientemente de la gravedad de los síntomas. Después de esa detallada descripción resulta poco comprensible que la Medicina convencional deje de prestar atención a las fases simpática y parasimpática de los síntomas; que no pregunte por una situación emocional concreta y sufrida con anterioridad de los síntomas.

 

    Hamer ha llegado a detallar los focos objetivos que se pueden ver en pruebas de imagen convencionales, tanto en el órgano afecto como en la zona cerebral que según su estudio controla ese órgano. No puedo que estos datos dejen de comprobarse. Lo digo porque yo los he comprobado y en un alto porcentaje son de gran ayuda en la práctica clínica.

    Sin embargo el avance no es completo. Siguiendo con el símil marino. Lo que Hamer hace es una aproximación más cercana a la realidad cuando el problema estalla en la superficie, que es a lo único que tiene acceso la Medicina Convencional, que sólo considera el Consciente como parte constitutiva de la Persona. Pero el problema que estalló en superficie ha tenido previamente un largo recorrido desde su generación en profundidad y ha recorrido un largo viaje desde lo profundo. Cuando el problema estalla es porque una gota ha colmado el vaso que se ha estado llenando durante mucho tiempo. El problema viene de lejos, ¿cuán lejos?: los años que tenga la persona, porque el problema somatizado hoy se generó durante la etapa embronaria.

    Freud y Jung y más sabios intuyeron que la infancia precoz marcaba toda nuestra vida, pensaban que nos marcábamos a los 2 años. Freud intentó llegar a ese mundo Inconsciente de los dos años mediante la Hipnosis y no fue eficaz. Jung advirtió que era la falta de participación activa lo que hacía ineficaz cualquier hallazgo de esa edad. Pues bien, ha sido el español Joaquín Grau con su método Anatheóresis (revivir el pasado) el que ha conseguido llegar, con participación activa del paciente (en ningún momento pierde la conciencia), a esa biografía oculta de cada persona. Con gran facilidad y de una manera sencilla al paciente “le llegan” con la misma naturalidad que le llegan los sueños, esas escenas importantes de la biografía oculta que explican sus males de hoy. Joaquín Grau ha conseguido que nos paseemos por el mundo Zeta como por nuestra propia casa y entonces empiezan los descubrimientos asombrosos que nunca hubiéramos sospechado. El mayor de ellos es que los procesos que somatizamos hoy no se iniciaron en nuestra infancia sino durante nuestro periodo embrionario, durante los nueve meses que pasamos dentro del útero materno. Estos traumas emocionales embrionarios se potencian durante nuestra infancia y se compensan en cuanto adquirimos el “uso de la razón”. Después de muchos años de arrastre cansino de esas compensaciones llegamos a somatizarlas como último aviso para que la Persona tome decisiones drásticas.

    Y con la práctica de este sencillo y delicado método de introspección empiezan a llegar las sorpresas: las esquizofrenias comienzan con un choque emocional embrionario que consiste en un golpe de calor del embrión porque su madre toma el sol en la playa, por un ruido provocado por la voz agresiva de su padre, por un coito de los padres durante el embarazo,… El asma por una comprensión involuntaria del bebé por parte de la madre al sentarse para coser plácidamente ó para hacer un viaje en el tren,… consecuencias graves de la personalidad por rechazo del bebé cuando la madre conoce que está embarazada,… es sorprendente la gran percepción emocional que el bebé posee gracias a su banda Zeta y la repercusión posterior que esas vivencias personales tiene. Es asombrosa la eficacia curativa de la regresión consciente mediante Anatheóresis, debido a la revivenciación por parte del paciente que le presta su cuerpo de hoy a la vivencia de entonces y que permite a la Razón de hoy presenciar el trauma emocional de entonces.

    Me parece que hemos llegado a algo muy definitivo para entender el origen de todas las enfermedades. Joaquín tenía 85 años y debía servirse de la electrónica para escuchar lo que le decíamos. Desgraciadamente hace pocos meses falleció, y considero un privilegio el haberle conocido.

    La práctica de esta técnica para por entender cómo es y qué normas rígidas tiene ese mundo Zeta, tan diferente de nuestro mundo habitual Beta. Él consiguió definir este mundo de una forma tan clara que a partir de ahora todos esos fenómenos “raros” que antes nos obligaban a crear la Magia, la Alquimia, la Gnosis,… ahora se reducen a algo muy natural en toda Persona humana que es su mundo profundo Zeta, de donde nacen todas sus dolencias y todas sus enfermedades. Dolencias y enfermedades que no son nada más que parte del lenguaje simbólico de nuestro Corazón.

 

Fuente: Anatheóresis Madrid

 

T ú    t i e n e s   l a    V e r d a d,  p e r o  n o   t i e n e s   l a   R a z ó n

 

    El embrión y el feto tienen ya memoria emocional. El cerebro racional surge en la infancia. Somos, por tanto, y durante años seres puramente emocionales, seres que retienen en su memoria emocional los impactos emocionales que vive la madre en su gestación y parto. Y esos impactos que nos llegan de nuestra madre –aun cuando no sea ella quien los haya originado- son los fundamentos en que se sustentará nuestra personalidad.

 

 

    Una personalidad –un YO- que serán nuestras verdades sentidas, pero no nuestras verdades razonadas, objetivas.

    De ahí que, por ejemplo, si una madre al estar gestando sufre una enfermedad grave, o si gesta sumida en una continuada depresión, el feto recoge esos impactos, pero al no poderlos razonar le será imposible comprender que su madre no ha querido hacerle sufrir, que su enfermedad era algo que tampoco ella deseaba.

    Pero el feto ha sido ya dañado por ese impacto, de manera que al madurar su cerebro racional –ya con siete o doce años- lo usual es que mantenga una actitud hostil ante una madre que ese feto entendió –y sigue entendiendo- que le provocó un daño. Un daño que expresará con un sentimiento de haber sido rechazado, no querido; dos seudónimos de una misma emoción.

 

    Así que tú tienes la verdad -una verdad que es tu verdad sentida- pero no la tienes porque no es la verdad objetiva razonada, que te daría la razón, mediante un juicio no basado en previos daños emocionales.

    Integrar estas dos verdades es lo que hace Anatheóresis, que etimológicamente significa:

    Mirar hacia atrás contemplando el pasado, y exhumarlo, traerlo al presente, comprendiendo.

 

Verena Frey y Luis Latorre

 

A  n  a  t  h  e  ó  r  e  s  i  s

Psicología Transpersonal

 

                 Por Soraya Juan.

Psicóloga Anatheoróloga.

 

¿Qué es Anatheóresis?

 

Etimológicamente, Anatheóresis significa mirar hacia atrás y  contemplar el pasado, traerlo al presente, comprenderlo.

 

Su creador, Joaquín Grau, dedicó más de 30 años de su vida a su investigación y aplicación práctica.

 

La teoría en que se sustenta  Anatheóresis está respaldada por los últimos descubrimientos de la Neurociencia y por las más recientes tesis de la Psicología Transpersonal.

 

Basa sus fundamentos científicos en los distintos ritmos cerebrales, que van condicionando nuestra percepción del mundo, de los demás y de nosotros mismos a lo largo de las fases de crecimiento.

 

La clave de la enfermedad está, por tanto, en comprender qué y cómo percibimos en el momento original en que se produjeron los hechos concretos, donde nuestra configuración cerebral era distinta, incompleta y, por tanto, no nos permitía comprender globalmente la situación o hecho, sino solamente el aspecto emocional del mismo.

 

Se trata de una terapia perceptiva, basada en postulados científicos comprobados experimentalmente, y en los más actuales principios neurológicos.

 

Es además una terapia especialmente efectiva y rápida (raramente se llegan a las 20 sesiones) que te servirá para solucionar tus problemas de forma definitiva, desactivando los conflictos desde su raíz más profunda.

 

 

¿En qué consiste?

 

La forma de acceder a estos hechos es posible gracias al abanico de estrategias que ofrece la Anatheóresis, pero en todos los casos pasa previamente por la inducción del paciente al estado IERA (Inducción al Estado Regresivo Anatheorético) donde el paciente, sin perder en ningún momento la conciencia, alcanza los ritmos cerebrales de 4Hz por segundo, que caracterizaban su cerebro infantil de entonces, y que le van a permitir visualizar y vivenciar hechos ocurridos en dicha etapa, al tiempo que comprenderlos y liberarse de la carga que supusieron por la manera de sentirlos entonces, donde la comprensión del hemisferio cerebral izquierdo todavía era prácticamente inexistente, o en el mejor de los casos tenía muy poco protagonismo. Por esta incomprensión inicial, precisamente, se configuran como dificultades, traumas y más tarde síntomas y enfermedades.

 

Mediante una sencilla relajación, que permite al paciente entrar en IERA, los Anatheorólogos vamos borrando las causas remotas y originarias que alimentan la enfermedad y el sufrimiento del paciente, entablando un Diálogo Anatheorético, analógico, con su hemisferio cerebral derecho, que le permitirá revivir y comprender de raíz el origen de su daño emocional.

 

Al salir a la luz de la conciencia los hechos causantes de esos daños emocionales, mediante la sincronización de los hemisferios cerebrales (el derecho con su capacidad de vivenciar –ver y sentir-, y el izquierdo con la comprensión de las causas de esa sintomatología) se posibilita que se disuelvan dichos efectos y por tanto la enfermedad.

 

 

 

 

 

 

¿Cómo me ayudará?

Debido a que reproduce los daños nucleares emocionalmente por medio de una relajación previa es altamente gratificante y eficaz.

 

El éxito terapéutico, como decía líneas arriba, llega cuando el paciente es capaz de sincronizar sus dos hemisferios cerebrales, es decir, comprender a la par su vida emocional (hemisferio cerebral derecho) y su lógica racional (hemisferio cerebral izquierdo).

 

Para facilitar esta sincronización, los Anatheorólogos guiamos y acompañamos por el camino que el propio paciente con su creatividad y biografía oculta va dibujando, apoyándole en la liberación y sanación de todos aquellos conflictos patológicos que, sin ser consciente de ellos, le atormentan y le impiden vivir como un ser libre, con una existencia plena.

 

Es adecuada para abordar desde el origen cualquier tipo de problemática, siendo especialmente útil para dificultades que surgen como consecuencia de un trauma, entendido éste como un suceso estresante y doloroso que no hemos podido o sabido afrontar por falta de recursos personales, por ocurrir a una edad demasiado temprana.

 

Y, llegados a este punto y dada mi experiencia propia y con pacientes, me pregunto: ¿alguien puede afirmar rotundamente que no ha vivido estas situaciones a edades tempranas, teniendo en cuenta que todos hemos pasado, como mínimo, por la sin igual experiencia del nacimiento, cuando éramos seres sensibles, delicados y ajenos a todo sufrimiento y dificultad?      

L I N K S

 

 Doctoralia

 

Mundopsicologos

 

Salud Terapia