"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

L E C T U R A   M E T A F Ó R I C A   D E   L O S A C C I D E N T E S

 

    "El sufrimiento físico nos da una pista sobre cuál es el dominio de la vida en que nos sentimos culpables.

    El grado de daño físico nos permite saber hasta qué punto era severo el castigo que necesitábamos, y a cuánto tiempo deberíamos estar sentenciados".

    Luise L. Hay , en “Poder espiritual y salud” (Ediciones Urano).

 

    ¿Provocamos todo lo que nos sucede en nuestra vida? ¿Es que alguien de verdad quiere tener un accidente?

    Parece que algunas personas fueran “propensas a los accidentes”, “pies de trapo” que les llaman, en tanto que otras andan por la vida sin hacerse jamás un rasguño. Parece que hay momentos en la vida en los que algo inesperado nos conduce a un nuevo camino, o nos evita una experiencia no deseada.

    ¿Son los accidentes expresiones de cólera? ¿O una acumulación de frustraciones en alguien que no se siente libre para expresarse o para hacerse valer? ¿Indican rebelión contra la autoridad? ¿Nos enfurecemos tanto que queremos golpear a alguien y, en cambio, los golpeados somos nosotros?

    Cuando nos enojamos con nosotros mismos, cuando nos sentimos culpables, cuando tenemos la necesidad de castigarnos, un accidente es una forma enmascarada de hacerlo. Aunque nos resulte difícil de creer, los accidentes a veces los provocamos de manera inconsciente.

    ¿Un buen daño accidental tiene algún beneficio secundario? ¿Nos da permiso para recurrir a otros para que se compadezcan y nos ayuden, nos mimen y atiendan nuestras heridas? ¿Nos permite hacer un reposo que de otra forma no haríamos? ¿Un dolor físico localizado se soporta mejor que un dolor emocional invisible?

    Tras un accidente, es frecuente que nos asalten preguntas como: ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? ¿Por qué en este lugar? ¿Por qué estas consecuencias?

 

¿Qué  entendemos  entonces  por  accidente?

    Entendemos como accidente un suceso no previsto, algo fortuito producto de la mala suerte. Pero lo cierto es que un accidente es muy similar a una enfermedad, un medio que nuestro “maestro o dios interior” utiliza para comunicarse cuando mantenemos el resto de los canales alternativos desconectados.

    No creo que nadie busque los accidentes de forma premeditada.

    Es cierto que no buscamos los accidentes, como tampoco buscamos las enfermedades; sin embargo, debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad en aquello que nos sucede. Parece ser, según dicen las personas con mucha conciencia, que todo lo que nos ocurre tiene mucho que ver con nosotros.

 

¿En  qué  momentos  de  nuestras  vidas  puede  ocurrirnos  un accidente?

    Un accidente puede producirse cuando una persona se siente culpable. Es como un autocastigo, inconsciente, para neutralizar esa culpabilidad. También en momentos de desánimo cuando buscamos captar la atención de nuestro entorno. Los niños se dan cuenta de que cuando se accidentan, toda la familia le presta más atención.     Es una típica reacción histérica que se repite: una persona se accidenta en los momentos en los que otro miembro de la familia tiene un hijo, enferma o logra lo que perseguía.

 

¿Qué  podemos  aprender  de  cualquier  accidente?

    En todos los casos de accidentes: de tráfico, domésticos, laborales, etc. lo primero que debemos buscar es el mensaje que nos transmite, para solucionarlo de manera consciente y evitar su repetición.

    El accidente es como una señal que nos obliga a mirar en nuestro interior. Podemos y debemos hacernos preguntas:

    ¿Qué me quiere advertir este accidente?

    ¿Qué aspecto de mi vida debo transformar?

    ¿A qué cambio de comportamiento me estoy resistiendo?

    ¿Tuve la intención de hacer daño a alguien?

    Y cuando el accidente queda en un serio aviso, ¿qué me indica?

    Que debería cambiar mi estilo de vida. O puede que acabe en el hospital con varias fracturas y gano tiempo para reflexionar, se convierte en una enfermedad con su tiempo de convalecencia. El inconsciente me obliga a ser más flexible en el futuro (para evitar las fracturas).

    En algunas ocasiones detrás de un accidente hay una incapacidad para hacerse valer, una rebelión contra la autoridad mal conducida, o la creencia en las virtudes de la violencia.

   

¿Qué  pautas  se  pueden  seguir  respecto  a  los  accidentes?

 

    A) Si el accidente ya ocurrió, hay que intentar leer su mensaje, para elevar a la consciencia el mensaje sanador que con él nos llega.

    B) Si tememos tener un accidente o alguien nos maldice o nos vaticina que lo tendremos, el cerebro se programará para que suceda y lo atraeremos sin querer. En estos casos es mejor realizarlo de manera metafórica, el inconsciente entiende la metáfora y es como si ya se hubiese cumplido lo que tememos o lo que “debía” de pasar.

    C) Para evitar accidentes:

        *Cambiar culpabilidad por responsabilidad.

        *No juzgarnos.

        *Canalizar la rabia y la agresividad hacia nosotros mismos con grandes dosis de creatividad.

        *Canalizar la agresividad y la rabia hacia los otros mediante la confrontación.

Fuente: www.planosinfin.com