"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

Entrevista inédita a Claudio Naranjo (extracto)

 

SEGUNDA PARTE:

LA PSIQUE Y LA ENFERMEDAD

 

 

 

 

Cuando yo estudié a Freud encontré su noción de inconsciente muy reducida. El inconsciente freudiano parece el tren de la bruja: represión, te dan un escobazo, el miedo. Luego Jung abre toda esta noción... ¿Cuál es tu visión del inconsciente?

 

    Yo entré en la psicología por Jung, cuando estaba en la escuela de medicina pasé por una crisis, decía "yo no soy para esto, no me interesa realmente el sanar los hígados o los huesos del prójimo". No había escuela de ciencia, me encontré con Jung, podría ser psiquiatra.

    Después tomé respeto a Freud, más corajudo, más chaman, más buscador, más honesto.

    Después se me achicó Freud, me daba un poquito de vergüenza.

 

 

 

¿Por qué?

 

    Como cuando uno ve las películas antiguas y le parecen un poco ridículas. Una sensibilidad ya pasada, tan intelectual, tan maniático de sus teorías, tan poco atento a lo que les pasaba a sus pacientes.

 

 

Cuando hablas de neurosis, ¿hablas en término residual freudiano u otro concepto?

 

    Neurosis como un término muy amplio para decir perturbación emocional y más allá de que sea del carácter o que tenga síntomas en el sentido freudiano, cuando Freud hablaba de la neurosis universal, que no la desarrolló mucho.

 

 

¿Tú crees que la terapia del psicoanálisis cura o no?

 

    Poco. Para algunas personas ha sido útil a largo plazo, pero hay personas que necesitan poco para crecer, un estímulo pequeño le sirve para hacer un trecho del camino, pero es muy limitado.

    Para mí la salida fue la Gestalt. El viejo Fritz Perls era un maestro, era como un maestro zen. Tuvo un despertar y lo transmitía más allá de la doctrina, y curaba de forma intuitiva a través del encuentro.

    A mí me trató muy mal, me hizo bien que me tratara mal. El psicoanálisis me dormía, me daban interpretaciones que tal vez fueran correctas muchas veces, pero mi narcisismo hacía que yo me dijera: eso ya lo sé. No me servía mayormente.

 

 

Y Perls chocó algo contigo, te rompió...

 

    Sí, sí. Tuve una sesión que fue trabajando sobre un sueño, entraba un viento por la ventanilla del coche y me volaban los papeles. No era difícil darme cuenta que era mi parte intelectual, mi parte académica y algo más de la naturaleza y me sorprendió él...

    Me dijo: házte como el viento. Y me sentí como una divinidad terrible, pero fue como si de alguna manera tocara una furia profunda, destructora de egos. Desde ahí en adelante me quedó en el cuerpo una forma de moverme, yo era una persona tan tiesa que no bailaba, no me atrevía, todavía tengo residuos, por ejemplo, en el movimiento de las manos, pero me dio una explosión de baile desde ese momento en adelante, se me expandió algo, una capacidad de mayor improvisación. Fue un cambio cualitativo, simplemente con el trabajo de los sueños.

    Y después yo fui repudiado por Perls, de forma que yo no lo entendí y los testigos lo sintieron injusto. Le mostré un libro sobre el uso de Gestalt bajo los efectos de un fármaco, le gustó, no sabía cómo llamar a este libro "Gestalt psicológicamente asistida", y lo tomó como que me estaba volviendo un competidor.

    Después de ese taller se arrepintió. Me invitó a otro grupo y fue peor.

    Dos años después comprendí a Perls. Su forma de hacer terapia con el quejido de mi voz era darme una bofetada. Sentía la integridad de él. Él despreciaba el que yo le diera crédito de querer ser bueno conmigo cuando era un hijo de puta conmigo. Había un niño idealizador en mí, imaginándose un papá bueno, pero él no quería ser considerado un papá bueno. Él estaba molesto porque me veía un competidor y no le gustaba que yo le siguiera dando crédito de que era un buen terapeuta.

    Años después de su muerte lo entendí. Lo aprecié mucho. No hizo ningún paso para ser entendido. A su lado percibí como una fe en la vida, en la autenticidad, más que en las movidas de la psicoterapia. Me dejó eso... de ser así. Muchas veces he tratado mal a la gente en la vida.

    El día que trabajé en el sueño que te he contado yo me convertí en el viento y un tipo se psicotizó conmigo. Fuí a hablar con Perls, y dijo que esto le dejaba frío, indiferente. Tenía fe en el Tao.

 

 

Como un sentido de la Providencia, ¿no?

 

    Sí, eso es.

 

 

¿Y eso no puede hacernos indiferentes frente al dolor ajeno?

 

 

    Era indiferente en un caso que no le correspondía. Había momentos de empatía y momentos de desapego.

    Ese mismo desapego llevaba a la gente a desdramatizar situaciones... ¿hasta cuándo vas a llorar por la leche derramada, hasta cuándo vas a estar pidiéndole a tu mamá?