"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

Sobreviviendo a

Sociópatas

y

Narcisistas

 

 

    Aprender como operan los psicópatas, sociópatas y narcisistas es el primer paso para la recuperación de una vida plena y libre de personas altamente tóxicas y dañinas.

 

   Las relaciones con narcisistas o psicópatas son experiencias altamente traumáticas.

 

    La palabra "trauma" deriva de la palabra griega "herida". Cuando una persona tiene algún tipo de  relación con un narcisista o sociópata, inevitablemente se produce una herida o trauma.

 

    Nuestros mecanismos de defensa se rompen y repentinamente no podemos funcionar en la vida diaria de la manera en que solíamos.

 

    Sentimos que el psicópata nos robó todo y nos dejó una cabeza en llamas que reproduce una y otra vez el abuso que no lográbamos ver por la confusión deliberada a la que fuimos sometidos.

 

    Ésta fue una relación en la cual la herida se iba produciendo poco a poco y en forma encubierta; no fue un hecho terrible instantáneo como un accidente o un robo, por lo tanto nos forzamos a superar el dolor lo más rápido posible y al no lograrlo (el abuso sociopático lleva tiempo) nos sentimos peor por no procesar el trauma en corto tiempo. 

 

    La suposición de que el abuso psicológico, físico y emocional debería superarse mucho más rápidamente que un atentado no es del todo correcta. El trauma del abuso narcisista es lento e insidioso y hace colapsar nuestra cosmovisión, nuestro valor como personas y nuestras vidas psíquicas de un solo golpe.

 

    Si teníamos la creencia de que la honestidad es una virtud, que la justicia es la regla por la que la sociedad se mueve y que las personas son básicamente buenas y que en ocasiones se equivocan, el psicópata o el narcisista nos mostró que había una realidad que ignorábamos: el mal, la injusticia, la mentira, la traición y la perversidad nos pueden rozar en cualquier momento y sin que lo hayamos podido prever.

 

    La tragedia es que vamos a llegar a conocer de primera mano todas las cosas que no queríamos creer que existían o, que si sospechábamos que podían ocurrir, siempre lo atribuíamos a personas ingenuas o “con problemas”.  Perdimos nuestro rumbo, nuestras fronteras, nuestro sentido de lo que somos. Esta pérdida es devastadora.

 

 

    Algunas de las certidumbres que fueron destrozadas debido al  encuentro con el psicópata o narcisista son:

 

    1. UN MÍNIMO DE SEGURIDAD

    La mayoría de nosotros creemos que los seres humanos son básicamente buenos, honestos y no nos van a causar intencionalmente daño.

 

    Cuando el narcisista, asegurándonos que nos ama o que es nuestro amigo, nos hiere y abusa, ya sea a través de la mentira, causando la ruina financiera, daño físico o mental, el mensaje que nuestro cerebro recibe es que el mundo ya no es seguro.

 

    Ahora sabemos que existen personas esencialmente malas en esta tierra. Nos decíamos: "Eso no me va a pasar." Nos sentíamos exentos porque habíamos estudiado, porque éramos conscientes de nuestras emociones y habíamos mejorado nuestra comunicación con los demás. 

 

    Y, sin embargo, nos engañaron, nos manipularon y nos hicieron todo el daño posible.  Luego del abuso, es difícil enfrentar la realidad de que nuestra visión del mundo ha cambiado de forma permanente y que nuestras vidas se viven con una sensación de vulnerabilidad extrema, a menudo hasta el punto de estar hipervigilantes.

 

 

 

    2.     LA RACIONALIDAD

    Para la mayoría de los seres humanos, independientemente de la cultura a la que pertenezcamos, las cosas que suceden en la vida tienen un sentido, una razón y una lógica.

 

 

    El mundo se comporta de una forma medianamente predecible. Por el contrario, los sociópatas  tienen un comportamiento fuera de toda razón. Su abuso se basa en el sinsentido y nuestras vidas se convierten en piezas de rompecabezas que no encajan.

 

    Cuanto más tratamos de dar sentido a los traumas más incomprensible y monstruosos, más prolongamos nuestro dolor. Sin embargo, esta fase en la recuperación es casi inevitable.

 

    Los narcisistas desafían nuestra lógica. Carecen de cosas elementales como una conciencia.

 

    Cuando el trauma del abuso narcisista nos golpea, nuestra racionalidad se convierte en una pesadilla porque no encaja con el mal más absurdo.

 

    Los seres humanos normales no pueden comprender  el enfoque depredador que los narcisistas muestran hacia su propia especie, que los lleva a elucubrar planes llenos de odio hacia aquellos que fingen amar o respetar.

 

 

    3. LA IDEA DE UN MUNDO MEDIANAMENTE  BUENO Y JUSTO

 

    Así como suponemos que nuestro mundo es ordenado y tiene sentido, también tenemos la expectativa de que el mundo sea justo y equitativo.

 

    Esperamos que las personas honestas sean recompensadas ​​y que los delincuentes terminen en la cárcel.

 

    Más aun, cuando alguien actúa mal o comete delitos tratamos de entender si hubo alguna circunstancia familiar o social que lo empujó a ello.

 

    Pero cuando nos enfrentamos a la tortura mental y emocional injustificada por parte de una pareja, familiar o colega narcisista quedamos destrozados infinitamente al punto de sufrir crisis de identidad, depresiones, enfermedades crónicas  y en aquellos que son creyentes la pérdida de la fe cuestionando el por qué de que Dios permita el accionar de personas que hacen el mal simplemente porque están aburridos.

 

 

 

    4. NUESTRA IDENTIDAD Y AUTO-ESTIMA

 

    Cuando el sociópata nos golpea fingiendo querernos, experimentamos un dolor extremo que afecta  cómo nos vemos a nosotros mismos.

 

    ¿Fuimos débiles? ¿Estábamos necesitados? ¿Cómo  no logramos ver como en verdad eran? ¿Fuimos ingenuos o descuidados? ¿Cómo creímos semejantes  mentiras? ¿Cómo nos controló? ¿Nos volverá a suceder? ¿Sabremos responder apropiadamente esta vez?

 

    Ser víctimas de abuso no fue nuestra elección. No queríamos que nos mintieran, engañaran, lastimaran, robaran y descartaran como un trasto viejo.  Nos sentimos impotentes y sin poder.

 

    El trauma psíquico no es otra cosa que el colapso de la estructura de nuestra identidad como resultado de una experiencia humana catastrófica.

 

    Sumado a esto el daño se suele acentuar por la respuesta del medio que a menudo reacciona con indiferencia  o hasta con hostilidad.

 

    Debemos tener cuidado al tratar el tema del abuso narcisista con el fin de evitar etiquetas y juicios. Fuimos víctimas de abuso pero no nos quedaremos en eso. Sobreviviremos. Tenemos opciones.  Tenemos el poder de rearmar nuestra identidad y de crear una nueva visión del mundo, más humana y al mismo tiempo más realista, que incorpora el hecho de que realmente existen personas malvadas, que son depredadores peligrosos que deben evitarse a toda costa.

 

    Esto no significa que debamos desconfiar de todo y todos en nuestro futuro, pero sí necesitamos evaluar rápidamente la presencia de rasgos sociópatas en los que nos rodean y de esa forma alejarnos sin demora.

 

 

 

    Todos conocemos casos en la historia de políticos y tiranos con características psicopáticas que se aliaron para conseguir réditos de poder. Les dejamos dos casos ilustrativos.

 

   Carmen estaba recién separada y había dejado su pequeña ciudad para trabajar junto con su hermano en la capital.

 

    Cuando se instaló en un pequeño departamento cerca de la casa donde vivía su hermano con su cuñada, esta última se convirtió en su mejor confidente.

 

    En realidad, Carmen era bombardeada a preguntas por su cuñada que fingía preocupación. Si bien se sentía afortunada de tener “una buena relación” con ella, algo le decía que no estaba bien que se metiera en todo, no le gustaba cómo en ocasiones dejaba de hablarle a su hermano, y cómo la quería manipular para hacer lo que ella decía en el comercio de su hermano.

 

    Asimismo, no dejaba de recordar cómo su nueva cuñada, a la que llamaremos Estela, había sido la “mejor amiga” de la ex pareja de su hermano y, no solo no le había importado romper un matrimonio, sino que había hablado cosas muy feas sobre su “ex hermana del alma”.

 

    Al poco tiempo Estela comenzó a insistir en que saliera con un amigo soltero del matrimonio que era muy atractivo, pero que a Carmen le parecía algo extraño porque tenía algo en su mirada que la perforaba.

 

    La cuñada le aseguraba que él tenía mucho interés en ella, y finalmente accedió a salir con él. En la primera cita él se mostró inusualmente atento y seguro. Carmen se convenció de que ella había desconfiado de él debido a la triste experiencia de su divorcio.

 

 

    En la segunda cita, todo parecía indicar que el encuentro terminaría en algo más íntimo cuando Carmen comentó que su cuñada le había pedido dinero prestado sin que se enterara su hermano.

 

    Desde ese momento, su pareja cambió por completo; se mostró molesto y agresivo. La hizo sentir culpable de haber hablado de “cosas desagradables” y le aseguró que ya no tenía el más mínimo interés en proseguir con la relación.

 

     Carmen se sintió horriblemente mal, pero no era solamente debido al rechazo de este hombre luego de que él hubiera despertado su interés; ella sentía que había algo oscuro por debajo.

 

    Le comentó a su cuñada que la cita se había agriado. Ésta se enojó  y la culpó de ser fría y de no entender nada de hombres. Carmen creyó que estaba enloqueciendo, pero su intuición la llevó a prestar atención en medio de una bruma de dolor y dudas.

 

    Pasaron las semanas. Se le hizo evidente que había algún tipo de relación entre Estela y el amigo de su hermano. Dejó de confiarle cosas tanto a su hermano como a su cuñada. 

 

    Un día revisó el teléfono de Estela y comprobó como ésta sacaba dinero del negocio de su hermano y se lo pasaba a su amante (había mensajes de alto contenido sexual entre ellos).

 

    Cuando le advirtió a su hermano, éste no le quiso creer. Es más, prefirió creer la versión de su esposa de que la que había estado tomando dinero de la caja era Carmen.

 

    Sin poder dar crédito a las habladurías que su cuñada y el amigo esparcieron por el círculo de personas que ella había comenzado a tratar, decidió volver a su ciudad y mantener contacto cero con su hermano y los dos psicópatas que lo tenían de juguete.

 

    Ser consciente del engaño es una herida que no logra sanar y se pregunta una y otra vez el por qué.

 

    ¿Por qué Estela me quería empujar a los brazos de su amante? ¿Era una voyeur, una perversa? ¿Sabía que yo estaba sensible por mi divorcio y quería que me terminara de dañar un psicópata? ¿Querría que él me sacara dinero en paralelo al que ya ella le sacaba a mi hermano?

 

    Carmen aún no tiene respuestas. Y lo mejor sería que tratara de  NO hacerse esas preguntas ya que el 96% de la población mundial nunca va a entender cómo piensa una persona cuyo cerebro tiene áreas (aquellas que alientan la respuesta empática) que no desarrollaron.

 

 

    Julieta trabajaba en una empresa farmacéutica.

 

    Su nuevo jefe era motivador y bastante comprensivo.

 

    Delegaba casi todo en sus empleados y se ausentaba bastante, pero prefería eso a soportar un gerente malhumorado.

 

    El gerente al que su jefe respondía era más frío y distante, pero ciertamente era inteligente y seguro de sí.

 

    Este hombre puso sus ojos en ella (como también en otras tantas) y comenzó a seducirla. Si bien se sentía atraída por él, Julieta era muy creyente y no quería tener nada que ver con un hombre casado.

 

    Sufría un tremendo dilema interno cada vez que lo veía. No podía sacárselo de la cabeza, pero al mismo tiempo le producía temor.

 

    El gerente, que no estaba acostumbrado a perder, comenzó a acosarla con más intensidad. Julieta no sabía con quién hablar del tema.

 

    Un día su jefe le dijo que se sentía preocupado por verla “ausente” y le comenzó a hacer preguntas. Ella se abrió y le comentó lo que le pasaba. 

 

    Durante una semana su jefe le pidió que la tuviera al tanto de lo que pensaba hacer, si iba a consultar a algún abogado, si tenía pruebas. Parecía indignado y le aseguró que iba a consultar con gente de confianza en la empresa.

 

    Julieta le contestó con total honestidad, le habló de algunas grabaciones y mails, de que había consultado a un abogado, etc. 

 

    A los pocos días la llamaron de Recursos Humanos para comunicarle que estaba despedida. Su jefe y el gerente habían elevado un informe sobre ella con una pésima evaluación de desempeño. 

 

    Julieta quedó obsesionada con lo que había sucedido, no podía entender, desde su perspectiva cristiana, cómo Dios permitía la calumnia y el progreso de seres tan malvados.

 

 

 

    En paralelo, con ayuda de su familia, averiguó algunas cosas sobre los antecedentes de estos dos gerentes y supo que habían tenido algunos “pequeños deslices” en sus trabajos anteriores y que se rumoreaba que en éste, donde coincidieron, “se pasaban” empleadas entre ellos. Los abogados que la asesoraron le aconsejaron no hacer juicio por acoso (sí, en cambio, por mejorar la indemnización) porque según sus palabras textuales “en este país saldrás perdiendo y teniendo que pagar los costos del juicio”.

 

    En ambos casos, las víctimas de estos psicópatas (hombres y mujeres), intuyeron desde un comienzo que algo “no cerraba”, que algo les causaba temor y ansiedad.

 

    No intelectualices lo que te sucede, confía en tu instinto. La parte de tu cerebro que regula las respuestas de alerta frente a amenazas ya se activó, no esperes a que logres encontrar la causa, ya que para cuando la identifiques, será tarde.

 

    Cuando sepas el por qué es probable que ya te hayan timado, sacado tu dinero o tu puesto, ya te hayan enamorado con una personalidad falsa o arruinado tus relaciones familiares.