"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

L A

I D E N T I F I C A C I Ó N

    La psicología transpersonal reconoce la identificación externa, pero sostiene que la identificación con procesos y fenómenos internos (intrapsíquicos) es aún más importante.

    Se define la identificación como el proceso en virtud del cual algo es vivenciado como el sí mismo.

    Además, este tipo de identificación pasa inadvertido para la mayoría de nosotros, incluyendo psicólogos, terapeutas y estudiosos de la conducta, dada la gran medida en que nos afecta a todos. Es decir, que estamos tan identificados que jamás se nos ocurre si quiera cuestionar aquello que con tal claridad nos parece que somos.

    Las identificaciones consensualmente validadas pasan inadvertidas porque no se ponen en tela de juicio. Es más, cualquier intento de cuestionarlas pueden chocar con considerables resistencias.

    Los intentos de despertarnos antes de tiempo suelen ser castigados, especialmente por quienes nos aman. Porque ellos… están dormidos. Piensan que cualquiera que se despierte, o que se dé cuenta de que lo que se toma por realidad es un sueño, se está volviendo loco.

    El proceso de desidentificación es de muy amplias proyecciones. La identificación de la conciencia con el contenido mental hace que el individuo no llegue a percatarse del contexto más amplio de la conciencia que abarca este contenido. Si la conciencia se identifica con el contenido mental, este contenido se convierte en el contexto a partir del cual se contempla cualquier otro contenido y experiencia mental. Así, el contenido convertido en contexto interpreta ahora otro contenido y determina el significado, la percepción, la creencia, la motivación y el comportamiento, todo de manera que sea congruente con ese contexto y lo refuerce. Además, el contexto moviliza procesos psicológicos que a su vez lo refuerzan.

    Por ejemplo, si el individuo acierta a pensar “estoy asustado”, y al observar ese pensamiento lo ve como lo que es, o sea nada más que otro pensamiento, entonces ejerce poca influencia sobre él. Sin embargo, si se identifica con él, entonces la realidad en ese momento es que el individuo está asustado y es probable que genere toda una serie de ideas y emociones de miedo y se identifique con ellas, que interprete como miedo sentimientos todavía inciertos, que perciba el mundo como atemorizante y que actúe de manera temerosa. Es decir, que la identificación moviliza un proceso profético que se autorrealiza, en virtud del cual la vivencia y los procesos psicológicos validan la realidad de aquello con lo cual el sujeto estaba identificado. A la persona identificada con la idea de “estoy asustado” le parece que todo demuestra la realidad y la validez de su miedo. Recuérdese que la identificación hace que la persona no se percate del hecho de que su percepción emana de la idea de “estoy asustado”, porque ahora esta idea no es algo que se puede ver, sino más bien aquello a partir de lo cual se ve y se interpreta todo lo demás. La conciencia, que podría ser trascendente y estar más allá de cualquier toma de posición, se ha visto ahora restringida a considerar el mundo desde una única perspectiva que se autovalida.

    Estamos dominados por todo aquello con lo cual nuestro ser se identifica. Podemos dominar y controlar todo aquello de lo cual nos desidentificamos. En tanto que estamos identificados con un objeto, eso es servidumbre.

    Cuando se recuerda que, por lo común, la mente está llena de ideas con las cuales nos identificamos sin saberlo, se hace obvio que nuestro estado de conciencia habitual es un estado en el que nos encontramos, literalmente, hipnotizados.

    Como en cualquier estado hipnótico, no es necesario que haya reconocimiento alguno del trance y ni de la restricción de la conciencia que lo acompaña, ni tampoco recuerdo de la sensación de identidad previa a la hipnosis.

    Mientras estamos en trance, lo que pensamos que somos son las ideas con las cuales nos identificamos. O dicho de otra manera, los pensamientos de los cuales todavía no nos hemos desidentificado crean nuestro estado de conciencia, nuestra identidad y nuestra realidad.