Dejemos de preguntárselo

todo a los niños,

la familia no es una

institución democrática

 

 

 

    Eva Millet (Barcelona, 1968) analiza el fenómeno de los hiperpadres 

en su nuevo libro 'Hiperpaternidad'.

    Hemos pasado de tener hijos mueble, a los que hacíamos

poco caso, a tener hijos altar, a quienes veneramos.

    Una nueva generación de padres practica la hiperpaternidad,

un modelo de crianza originario de EEUU, y propio de las clases

medias y altas, que se caracteriza por la sobreprotección de

unos hijos que se han convertido en el centro de las familias

del siglo XXI. Así lo sostiene Eva Millet en su último libro,

'Hiperpaternidad', de Plataforma Editorial.

 

 

¿Por qué los padres de ahora

somos más protectores?

 

    Una de las razones es demográfica. Si sólo tenemos 1,3 niños de

promedio, este niño es el centro de atención y de la vida de sus padres.

Y no les estamos haciendo ningún favor. ¡Claro que son superespeciales!

Pero para ti, no para todo el mundo, y tienen que

acostumbrarse a que no son el centro del Universo.

    Las familias antes eran más extensas y todos -abuelos, tíos,

primos- participaban en tu educación. Ahora no, el modelo está

blindado y no aceptamos comentarios ni críticas de la tribu.

Además, tenemos a los hijos de mayores e importamos a la

crianza las herramientas del trabajo. Y también hay una competencia

brutal entre padres: los niños son ahora signo de estatus.

Son una proyección de ti mismo y sus metas son las tuyas.

Todo tiene que ser perfecto: la casa, el coche,

los dientes y, también, el niño.

 

¿Cómo son los hiperpadres?

 

    La hiperpaternidad se caracteriza por una atención excesiva a los

niños y una perpetua supervisión. Los padres resuelven

sistemáticamente los problemas a sus hijos y esto tiene

consecuencias, porque los estás haciendo menos autónomos.

    Otra característica es justificarlos continuamente y estimularlos

precozmente. Hay una tendencia a intentar que los niños lo

hagan todo lo antes posible para que sean superniños, pero esto

tiene dos derivadas. Estamos quitándoles a los niños lo más importante

de la infancia, que es el tiempo para jugar, y no tienen tiempo

para aburrirse, y del aburrimiento puede salir la creación. Está bien

que hagan alguna actividad, pero como máximo deberían tener

tres tardes ocupadas, y ya me parece mucho.

 

 

 

 

    "Estoy harta de hacer que la niñez de mi hijo sea mágica", decía

la carta de una madre que se hizo viral.

    Encontramos a padres inseguros porque hay sobreoferta de

métodos y experiencias que el niño tiene que vivir, y esto supone

un estrés añadido. Parece que no puedas quedarte en casa un fin

de semana sin hacer nada, y los niños a veces también lo piden.

Están hartos de tanta academia precoz y no debería ser así

porque les matas las ganas de aprender y la curiosidad.

 

 

¿Cómo podemos saber si nos

hemos convertido en hiperpadres?

 

    Hay dos señales.

    Una, si no eres capaz de observar a tu hijo sin intervenir a la

primera oportunidad. Y otra es cuando se habla en plural de los

hijos: "Hoy tenemos un examen", "Hemos aprobado",

"Hemos suspendido"...

    Los hiperpadres también intervienen mucho en la escuela.

    Está bien que los padres se impliquen en la escuela, que

colaboren, pero cada uno tiene que saber cuáles son sus límites.

El problema es que a menudo termina en enfrentamiento.

    Elegir escuela provoca mucho estrés a los padres.

    Y no debería ser así. Los niños deberían ir a la escuela del barrio.

Pero existe la idea de que tienen que ir a la escuela perfecta,

donde hacen la última técnica pedagógica. Es un estrés. Los

padres visitan 25 escuelas, hacen excels y luego no se

fían de la escuela a la que lo acaban llevando.

 

 

 

¿Y qué niños estamos criando?

 

    Estamos criando niños con una visión muy hinchada de sí mismos.

    Estamos criando niños L'Oréal: "Porque yo lo valgo".

    Pero, por otro lado, son niños muy débiles que nunca han

aprendido a resolver sus problemas, porque nunca les has dado

la oportunidad ni las herramientas y ante un

pequeño problema se desmontan.

    Recuerdo el caso de una estudiante estadounidense en Barcelona

que se quedó atrapada en el ascensor y en vez de tocar la alarma

llamó a su madre a los Estados Unidos para que se lo resolviera.

Están acostumbrados a que los padres les digan qué tienen que

hacer. Al estar tan protegidos son inseguros y tienen muchos

miedos: niños con miedo a dormir con la luz apagada, de tirar

de la cadena, de comer cosas nuevas...

 

 

¿La crianza natural o maternidad

intensiva puede ser un problema?

 

La maternidad se ha profesionalizado en el sentido de que hay

mujeres que hacen de la maternidad su trabajo y se definen

como full time mums. Se acaba enloqueciendo. El niño es tu

referente pero tenemos que tener otras actividades en la vida.

 

 

¿Y cuál es el antídoto para

revertir la hiperpaternidad?

 

       El underparenting o sana desatención de los hijos.

    Como padres nuestro trabajo es estar pendientes de los hijos

pero sin intervenir a la primera ni hacer un drama. Si la niña

está desganada no quiere decir que tenga anorexia, y si un

día no la dejan jugar al fútbol no es bullying. Pongo el ejemplo

de la mochila: cuando el niño sale de la escuela no le tienes

que llevar la mochila como si fueras su mayordomo. Si pesa,

sácale un par de libros. Lo tienes que hacer responsable de

sus cosas. Y también dejar de preguntarle todo: "Quieres

dormir?", "¿Quieres comer?", "Quieres un Dalsy?"... Hay

esta idea de que la familia es una institución democrática y no,

la familia es una jerarquía: los padres arriba y los niños abajo.

Todos participamos pero no le puedes preguntar a

un niño de 3 años qué quiere para cenar.

 

 

 

 

Fuente: www.ara.cat.es

 

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