"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

 

E L   P R I M E R   A M O R 

Y   M Á S   T I P O S

D E   A M O R ...

( continuación )

 

 

 

 

E l    A m o r    A m a n t e 

 

    Estamos llegando al corazón de la Montaña del Amor. El aire trae fragantes perfumes, sensuales y seductores. Hay flores y una lujuriosa exuberancia vegetal. Hay bosques profundos y jardines prohibidos, llamadas sin nombre y, en las noches, se escuchan voces y corazones que suspiran. Escucha lo que dicen. Sí, desde lo profundo de la floresta alguien te llama… Es una llamada para el amor, para el gozo, para compartir la intimidad, es una llamada del Amor Amante.

 

    Es el Amor al Otro. En nuestra vida de adultos sentimos que hay cosas, personas e ideas por las que nos sentimos atraídos y otras por las que experimentamos repulsión o rechazo.

 

    Hay cosas y personas que valoramos y otras que no. También sentimos aprecio por aspectos de nuestro ser y rechazamos otros. En algún momento nos sentimos incompletos y nos gustaría tener determinados objetos, cualidades e incluso personas para hacerlas nuestras y sentirnos más realizados y completos.

 

    En este proceso podemos sentir una atracción muy fuerte por alguien en concreto. Nos sentimos fascinados por la belleza de su cuerpo o de su alma, por sus valores y sus cualidades que, en el fondo, quisiéramos también nuestras.

 

    Entonces decimos que nos hemos enamorado y experimentamos el Amor Erótico y Compartido.

 

 

    Lo definitivo en esta etapa es sentir que la otra persona también nos ama porque así nos sentimos queridos y también que somos valiosos, atrayentes y seductores; sentimos que alguien nos puede amar por lo que somos, y esto refuerza nuestra estima y el sentimiento de valor personal.

 

    Este amor erótico y compartido es una fuerza que nos empuja a amar y ser amados en una necesidad de equilibrio y de compartir toda la belleza, la intimidad, la gratificación y el placer que cada miembro de la pareja puede dar y recibir del otro.

 

    Es una alianza para la vida y para el gozo. Damos placer y nos lo dan, compartimos nuestras cosas y alguien las comparte con nosotros. Aprendemos a ser agradables, equilibrados, diplomáticos, seductores y creativos para poder seguir seduciendo a la otra persona; mientras que por el otro lado recibimos lo mismo.

 

 

    Esta clase de amor, el Amor Amante es un amor interesado pero no egoísta, donde el equilibrio entre el dar y el recibir siempre debe estar presente.

 

    Si un día ya no gustamos a esa persona o no nos gusta, si dejamos de valorarnos, de compartir y crecer juntos, el Amor Erótico y Compartido muere y la relación se acaba, porque ya no podemos experimentar la belleza, el placer, la creatividad y el sentimiento de valía personal con la otra persona.

 

 

E l   A m o r   a   u n o    m i s m o

 

    Para completar el máximo desarrollo de esta etapa y pasar sin riesgo a la siguiente debemos de saber amarnos a nosotros mismos.

 

    Si no te valoras ni tienes la suficiente autoestima, si bloqueas o reprimes tu necesidad de intimidad y placer, si no desarrollas tu creatividad ni le das salidas adecuadas, si no eres lo suficiente amable, agradable y diplomático para conseguir lo que deseas, es que puede haber daños o desequilibrios en tu necesidad de Amor Erótico y Compartido.

 

    Si tienes la suficiente autoestima, si te gustas, te valoras y te aprecias, si eres capaz de valorar la belleza de tu alma y la belleza del alma de los demás, si aceptas que la vida es un equilibrio entre el dar y el recibir, si sientes que para ser amado tienes que amar y, que para poder recibir belleza tienes que saber darla; si eres capaz de hacer de tus actos algo hermoso y creativo, entonces serás un gran amante y también podrás recibir auténtico amor.

 

    Habrás resuelto todos las dificultades y problemas de este nivel evolutivo del amor y podrás experimentar adecuadamente el siguiente, subiendo un poco más en la Montaña del Amor.

 

    El Amor Amante nos dice qué clase de cosas y personas valoramos, nos gustan y por las que sentimos atracción. Es nuestra búsqueda del amor compartido, del placer, de lo bello y agradable; y también lo que podemos aportar para conseguirlo, nuestra capacidad de ser amantes, seductores, diplomáticos y creativos. Es nuestra capacidad de crear belleza y dar contenido a nuestro talento artístico.

 

 

 

    Sé consciente de lo que valoras y te desagrada en las personas; solo podrás ser un buen amante de alguien a quien realmente valores. En tus relaciones de pareja deja siempre un espacio para El Amante. El mundo de las cosas domésticas, las responsabilidades y la materia no tienen nada que ver e interfieren.

 

    Dedica un tiempo para una cosa y otro tiempo para el amor, para ser un buen amante y recibir placer olvidándote de todo lo demás. Piensa siempre que la belleza, lo agradable y armonioso que buscas fuera, que buscas en los demás, está en tu interior. Sé un buen amante para ti.

 

    No valores a los demás simplemente por una belleza física que es efímera, lo importante es la belleza del alma. Si quieres que te amen y te den placer piensa que tú debes hacer lo mismo. Amar. Y amar es dar lo mejor de ti.

 

    No olvides que todos tenemos dentro a un seductor. Saca lo mejor de ti para fascinar a los demás. Así nacen el juego y la creatividad. Seas hombre o mujer, y tengas la edad que tengas, dedica un tiempo al cuidado de tu cuerpo, de tu aspecto y de tu adorno. No menosprecies tu capacidad de crear belleza.

 

    Recuerda lo más importante: cuando amamos "negativamente" en este nivel estamos buscando alguien que nos quiera y nos ofrezca placer y belleza para sentir nuestro valor y estima como personas.

 

    Necesitamos entonces el afecto de esa persona y queremos poseerla porque así nos sentimos bien, así nos sentimos más valiosos. Somos egoístas, celosos y posesivos.

 

    Cuando amamos positivamente estamos ofreciendo a la otra persona todo nuestro valor y nuestra belleza para compartir y aumentar su valor y su estima. A cambio esperamos que la otra persona haga lo mismo. Somos creativos, equilibrados, agradables y seductores.

 

 

    Los daños aquí tienen que ver con nuestra estima personal. Si no te gustas, si no te amas, si no aceptas lo necesario que es para cualquiera el placer erótico y afectivo, si reprimes tu capacidad seductora y de crear belleza, si temes compartir tu cuerpo, si te asusta la intimidad, si necesitas seducir a los demás para sentirte bien más que para compartir belleza y placer, si expresas tus deseos de una forma ruda y con imposiciones, si no eres equilibrado, diplomático y agradable, si no desarrollas tu creatividad o tienes varias de estas tendencias negativas puede que tengas algún daño, carencia o problema en tu autoestima y capacidad seductora.

 

 

 

E l   A m o r   S o c i a l   o   S o l i d a r i o

 

    Hemos seguido subiendo y desde aquí se ve un buen paisaje de lejanos y verdes valles. Ya estamos en lo alto de la montaña, pero queda aún para llegar a la cima. Aquí acaba un nivel del amor –el personal- y comienza otro –el social-.

 

    Hasta ahora hemos podido necesitar una madre o alguien –hombre o mujer- que de adulto haga de madre, nos proteja y nos cuide. También hemos podido necesitar un amante que nos dé placer y nos haga sentir nuestra valía personal y seductora.

 

    Todas esas necesidades son nuestro mundo personal y, si ese mundo personal es feliz y realizado íntimamente nos sentiremos satisfechos, generosos y con confianza en la vida; entonces, bajo la influencia de ese sentimiento, podemos querer devolver a los demás toda esa felicidad o fuerza que nos sobra, queremos ser “buenos” y generosos con los otros, y hacer que nuestro amor vaya más allá de la esfera personal. Surge en nosotros el amor social, el amor generoso y altruista por los demás.

 

    El Amor Social nos conecta con algo de nosotros que va más allá de lo personal. Ya no es suficiente amar a las cosas y personas que consideramos nuestras: familia, amante, etc; sino que nos empuja a amar a algo que no es nuestro pero de lo que nos sentimos parte: la sociedad y las personas en general.

 

 

 

    Para conseguirlo desarrollamos los llamados valores sociales y solidarios. Queremos ser “buenas personas” con la gente, sentir que tenemos una ética y somos solidarios; así, siendo generosos con los demás, podemos crecer y amarnos aún más a nosotros mismos por mediación de nuestras buenas obras.

 

    De todas formas, esta generosidad siempre tiene un límite, el límite de nuestra propia ambición en el afán de querer llegar más lejos de nosotros mismos; porque esta clase de amor, aunque nos conduce hacia fuera, todavía tiene mucho que ver con nuestras necesidades e intereses personales: la necesidad de pertenecer a la sociedad en general o algún grupo o colectivo en particular, querer mejorarlos y sentirnos valorados y honrados por las buenas obras que hacemos, por lo colectivo y los demás en general.

 

    Siguiendo el impulso de nuestro amor social y solidario tratamos de que nuestros actos sean coherentes con una ética, conciencia e incluso creencias determinadas que nos ayudan a mejorar y crecer como personas.

 

    En este reino del amor se desarrollan pues las ideas y corrientes solidarias, las éticas de comportamiento e incluso sentimientos religiosos muy simples y sencillos que hagan constructiva, justa y adecuada la convivencia entre las personas.

 

    Sea como sea, en este nivel del amor aprendemos a ser generosos con los demás de una forma más pura y más desinteresada que en los anteriores niveles.

 

    Recordad que en el Amor Biológico buscábamos básicamente satisfacer nuestras necesidades de seguridad y apoyo, estando dispuestos a dar apoyo y seguridad a otros. En el Amor Erótico buscábamos recibir placer y belleza de los demás, estando dispuestos a dar lo mismo. El Amor Social y Solidario se da sin más, sin esperar ni pretender nada a cambio, salvo que consideren adecuadamente nuestros actos. Es decir, somos generosos y amables con los demás esperando así ser respetados y valorados por la sociedad.

 

    En la raíz del Amor Social y Solidario está nuestra necesidad de ser reconocidos por la sociedad en general como “buenas personas”, de sentirnos útiles y buenos ciudadanos. En lo más alto de esta clase de amor comienzan a diluirse los límites de lo personal, y se alcanza el amor divino cuando comenzamos a sentir el placer de ser generosos y de la entrega, más por nuestra propia satisfacción que por el reconocimiento de los demás y la sociedad.

 

 

    Cuando llegamos a sus límites se acaba definitivamente el amor personal. Naturalmente que en este nivel del amor existen también la posibilidad de bloqueos, daños y una expresión "negativa" de la energía.

 

    Cuando amamos "negativamente" en este nivel necesitamos a los demás para que reconozcan nuestra grandeza, para sentir la validez de nuestra filosofía y nuestras creencias. Necesitamos imponerles nuestra verdad, nuestra fe y nuestras ideas. Somos intolerantes y doctrinarios, y nuestras buenas obras solo buscan aumentar nuestro prestigio social.

 

    Esto se traduce en intolerancia y amargura, fanatismo, estrechez de miras, pesimismo y/o desconfianza.

 

    Sin embargo, cuando amamos positivamente en este nivel podemos ofrecer a los demás nuestra verdad personal, nuestra solidaridad, alegría y fe en la vida, nuestra fe en la sociedad y en las personas.

 

    Somos generosos por el propio placer y alegría que nos da y, más que imponer a los otros nuestras verdades, las mostramos naturalmente con nuestro ejemplo, viviéndolas personalmente, sin esperar otra gratificación que la de sentirnos completos y realizados.

 

 

    Esto se traduce en tolerancia y alegría interior, en una vida coherente y consecuente, en un pensamiento optimista, abierto a lo nuevo, de espíritu amplio.

 

    Todos tenemos dentro una gran necesidad de amor social, de sentirnos útiles a los demás y a la sociedad, de querer compartir nuestras cosas con los demás y que sean reconocidos nuestros valores.

 

    Para poder dar es preciso tener. Si tienes fe en la vida, si tienes una filosofía o una forma de pensar positiva, si eres optimista y tienes alegría interior, entonces estás lleno de dones y eso es lo que puedes dar.

 

    Todo pasa por fomentar la confianza y la fe en la vida, desarrollar tu sabiduría personal y el sentido de la justicia. En buscar en todo amplios y abiertos horizontes que te permitan crecer mentalmente y como persona. En cultivar la tolerancia y el optimismo, la alegría interior y la búsqueda de la verdad. Eso es lo mejor que puedes ofrecerte y dar a los demás.

 

 

 

E l    A m o r    D i v i n o    o    T r a n s c e n d e n t e

 

"Todo amor es la búsqueda de la Totalidad"

 

    Ya estamos llegando a la cima de la montaña. Una luz pura y radiante nos rodea. Los paisajes son inmensos y espectaculares desde tan alto. Nos sentimos agradecidos y conmocionados por la inmensa belleza de la tierra.

 

    Desde aquí todo parece tan pequeño que nuestros agobios, nuestros miedos y miserias humanas se han quedado muy atrás. Nos sentimos libres, ligeros, como si fuésemos pájaros y pudiésemos volar; llenos de vida, de fuerza, de plenitud, de amor por todo y agradecimiento por la Vida y todo lo que nos da. Cuando experimentamos sensaciones parecidas a esto es que estamos sintiendo la gracia inmensa del Amor Divino. Un Amor sin límites.

 

    Hay algo dentro de cada ser humano que carece de límites, que para el bien o para el mal es ilimitado. Tenemos una profunda necesidad interior que no puede ser saciada por ninguna persona, amigo o amante, por ninguna sociedad, grupo, ley o piadosa norma.

 

 

    Hay algo dentro de nosotros que no puede ser contenido por nada en esta tierra. Es el anhelo de la eternidad, de lo infinito, de lo divino, de lo que no tiene formas, ni nombre, ni sexo, ni normas, ni fronteras.

 

    Hay dentro de nosotros un deseo de retornar a nuestros verdaderos orígenes, a la Totalidad de la que formamos parte y, para que eso ilimitado y luminoso que vive en nuestro interior pueda ser satisfecho, sentimos la necesidad del Amor Divino o Trascendente.

 

    El Amor Divino comienza por hacernos sentir que la divinidad vive dentro de nosotros y también fuera, en todo lo que nos rodea, en lo más hermoso y también en lo menos.

 

    Para poderlo sentir hace falta desarrollar una especial sensibilidad, no es algo mental ni intelectual, esto no puede aprenderse de ningún libro o maestro, ni ser experimentado con la mente, ni con ninguna norma religiosa; es un sentimiento, una vivencia interior.

 

 

    La construcción de esta sensibilidad es algo difícil y laborioso, donde el Ser tiene que enfrentarse a su propia vulnerabilidad y la disolución de su Yo Personal para dar salida a toda la intensidad que vive en su interior.

 

    El Amor Divino no es fácil de lograr ni mucho menos de vivir. Es patrimonio de los místicos y de algunos poetas, pero todas las personas podemos experimentarlo alguna que otra vez, incluso podemos soñar con él.

 

    No hace falta que ingresemos en ningún convento ni ser de ninguna religión. El Amor Divino puede surgir en ti como una música que te eleve, como una llamarada en el corazón que ilumina y también consume la mente.

 

    Podemos experimentar el Amor Divino cuando nos enamoramos de verdad. En esos primeros momentos en que nuestra conciencia se obnubila, cuando creemos que la otra persona es divina, maravillosa y que nos dará todo lo que necesitamos.

 

    El enamoramiento es una forma de experimentar el Amor Divino porque tiene todos sus síntomas. Idealizamos, nos perdemos, nos entregamos, dejamos de ser racionales y no hay otra cosa más importante que nuestro amor.

 

    Cuando pierdes la cabeza totalmente, cuando te entregas completamente, cuando te fundes, te fusionas con otra persona, con un ideal, con una causa, con la Naturaleza o con lo Divino que vive en tu interior, ya no eres tú, eres otra cosa mucho más grande. Experimentas entonces el Amor Divino que te hace sentir toda la gloria y la dicha de Dios o del reino del espíritu.

 

    Lo más importante es comprender que lo divino vive en nuestro interior y se manifiesta en la capacidad de amar de una forma comprensiva, compasiva y tolerante.

 

    Lo divino es, pues, nuestra capacidad de amar realmente y abrirnos a esa vulnerabilidad y ese gozo: Así el Dios que llevamos dentro se manifiesta; pero si lo único que deseamos es ser amados, buscamos a la divinidad fuera, creemos que alguien nos la podrá dar y esto es una ilusión que conduce a múltiples decepciones.

 

    El Amor Divino, en el mundo cotidiano se manifiesta en ese anhelo de algo maravilloso, ideal, fuera de lo común, sublime y elevado.

 

    Quien lo encuentra y puede vivirlo en armonía que lo reciba como un hermoso premio; porque en la mayoría de las situaciones se manifiesta como amores imposibles, turbadores, fuera de las normas y muchas veces no correspondidos; donde aprendemos a amar más allá de las formas y a sublimar y elevar nuestros sentimientos.

 

 

 

    El Amor Divino puede experimentarse sin riesgo si haces de tu sentimiento algo transpersonal.

 

    Si amas a la Vida, si te sientes parte del Cosmos y la Naturaleza, si desarrollas la compasión y la tolerancia, si eres capaz de experimentar la dicha de amar, como gozo en sí mismo, sin estar pendiente ni distraerte con otra cosa. Si te sientes parte de la Vida y la Naturaleza, si eres capaz de amar a todos los seres vivos, si alguna vez te enamoras de alguien hasta perderte y esa luz te hace crecer, si te entregas a una causa o un ideal, si cuando amas puedes sentir el gozo de amar con mayor fuerza que el de ser amado: es que estás viviendo muy cerca del Amor Divino, es que Él vive en tu interior.

 

    Todos experimentamos alguna que otra vez el Amor Divino. Muchos sólo son capaces de entregarse totalmente al dinero y eso es también Amor Divino aunque su Dios sea muy pobre. Todos los que alguna que otra vez se sacrifican por algo o por alguien sienten y experimentan el Amor Divino.

 

 

    Hay personas que sienten una permanente tendencia al sacrificio, a entregarse totalmente y hacer de mártires o de víctimas. Eso también es otra de las cualidades del Amor Divino. Esta clase de amor, como todas, puede vivirse positiva o negativamente.

 

    Hay amores que parecen divinos –llenos de entrega y de sacrificio- pero que son totalmente manipuladores cuando luego te dicen “con todas las cosas que he hecho por ti ahora no puedes”…

 

    Para alcanzar el estado del Amor Divino sin riesgos para nosotros ni peligro para los demás debemos antes realizarnos y armonizarnos en los anteriores niveles del amor, lo que nos convierte en personas completas y armónicas, capaces de afrontar sin graves peligros esta inmensa aventura de amar divinamente a los demás.

 

    El Amor Divino es un impulso trascendente que todos tenemos de salir fuera de nosotros, romper las barreras y defensas de nuestro Ego y nuestro Yo para entregarnos y realizarnos en algo superior o que creemos superior. Sea una persona, un ideal, una causa o la Divinidad que todos llevamos dentro.

 

El camino más seguro para realizarlo es primero buscar a Dios dentro y luego proyectarlo fuera; pero si buscas lo divino solamente fuera te llevarás muchas decepciones.

 

 

    Cuando vivimos "negativamente" el Amor Divino nos sacrificamos para convertirnos en víctimas y poder manipular emocionalmente a los demás; diciéndoles algo así como “Después de todo lo que he hecho por ti tú no tienes derecho a…”. Somos hipersensibles, dramáticos, dependientes y confusos. Nos ilusionamos con los demás, los creemos maravillosos pero enseguida pasamos a opinar lo contrario: los demás siempre son los que defraudan, los que no nos comprenden y los oscuros. Tendemos a jugar el rol de víctima y de verdugo.

 

    Cuando vivimos positivamente el Amor Divino sentimos el verdadero amor, aceptamos en los demás su luz y sus sombras, somos capaces de amarlos tal y como son porque ellos llevan también dentro al Dios que tanto anhelamos. Sentimos un amor inmenso por toda la Creación, por la Naturaleza y todos los seres vivos. Somos compasivos, tolerantes y redentores.

 

 

 

 

Fuente: extracto de la web www.vivetantra.com