"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

¿Cómo nos vinculamos en las relaciones?

 

 

 

 

 

¿Qué es el apego?

     El apego es el lazo afectivo que se forma cuando somos niños con nuestra primera figura de cuidado (generalmente nuestra madre).

 

    El vínculo de apego sirve para satisfacer las necesidades afectivas durante la vida con el objetivo de lograr suficiente sensación de protección y de seguridad emocional.

 

    La hipótesis de la teoría del apego es que la historia personal entre padres e hijos, y sus cuidados durante la infancia, ejercen una influencia en las relaciones afectivas que tendremos de adultos.

 

 

 

¿Cuál es mi estilo de apego?

 

Apego seguro

    Se forma cuando hemos tenido padres receptivos y sensibles con respuestas en sintonía con nuestras necesidades como niño.

 

    Esto construye una autoestima sana y nos proporciona confianza en los demás. También nos aporta una imagen positiva de nosotros mismos y de los otros.

 

De adulto se caracteriza por tener un buen equilibrio entre autonomía e intimidad relacional.

 

Como adulto, vive las relaciones de manera más positiva, confía más en el otro y tiene mayor capacidad para resolver los conflictos dentro de la relación.

 

Apego ansioso ambivalente

 

    Se forma cuando hemos tenido unos padres imprevisibles en el cuidado. Sus respuestas a nuestras necesidades como niño no fueron de calidad ni cantidad suficientes.

 

    Esto hace que como niños amplifiquemos las demandas de atención y pongamos más énfasis en nuestras emociones para comprobar si somos importantes para nuestras figuras de cuidado.

 

    Adulto preocupado: Como adulto se somete al otro para que le quiera, llegando incluso a anularse para ser aceptado. Tiene un profundo miedo al abandono y es muy sensible a cualquier señal de desaprobación.

 

    Su autoestima es más frágil y recibir halagos es una forma de sustituir carencias y necesidad de amor y contacto.

 

    Su proceso en terapia pasa por dar cabida a una mente propia y adquirir autonomía.

 

Apego ansioso evitativo

 

    Se forma cuando hemos tenido padres que no han estado disponibles, no han sido sensibles y han ignorado nuestras necesidades como niño.

 

    Esto hace que desarrollemos una apariencia independiente, nos de miedo la intimidad y anticipemos el rechazo o castigo.

 

    Adulto Negador: Como adulto se defiende inhibiéndose, minimizando y negando sus necesidades y emociones en un intento de control. A veces trata de mostrar una imagen fuerte y perfecta de sí mismo para no verse vulnerable. Le cuesta ser consciente de lo que siente. Se defiende con un lenguaje racional y rechaza la intimidad a causa de su miedo  a la dependencia emocional.

 

    El contacto con las emociones y con su cuerpo sería un paso básico que le ayudaría.

 

    Su proceso en terapia consiste en hacer el tránsito del aislamiento a la intimidad.

 

 

 

Apego desorganizado

 

    Este apego se forma tras una infancia con traumas y pérdidas no resueltas.

 

    En este caso nuestros padres fueron un refugio y a su vez fuente de abuso y maltrato.

 

    Si como niño he vivido estas circunstancias manifestaré una conducta contradictoria.

 

    Adulto irresoluto: Como adulto deseará intimar con otros y a la vez desconfiará de los demás. Evitará involucrarse emocionalmente.

 

    El trabajo terapéutico para este estilo de apego consiste en curar las heridas del trauma y la pérdida.

 

    Las relaciones de amor entre adultos son parecidas al apego del niño hacia su cuidador principal en cuanto a la búsqueda de seguridad, contacto y grado de ansiedad ante la separación.

    Claramente los vínculos de apego proveen seguridad y pertenencia. Sin estos nos sentiríamos aislados y angustiados.

 

    Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas recibe un profundo sentimiento de seguridad y le alimentará a valorar y continuar la relación. Esto mismo sucede con los adultos.

 

La historia de relación en la infancia predice el estilo de apego emocional que tenemos de adultos.