"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

NO   TE   ESCONDAS…

¿PARA   QUÉ?

 

 

 

 

    No te escondas.

 

    Sí, sí te lo digo a tí, a tí y a tí también.

 

    No pierdas el tiempo porque muchos lo hemos intentado y no se puede.

 

    ¿Sabes por qué?

 

    Porque a pesar de poner distancias, muros de protección, de crearte un personaje, de esconderte debajo de la baldosa, …., siempre hay una pequeñísima rendija que muestra lo que quieres esconder.

 

    Cuando dejes de perder el tiempo, mires en tu interior y le des más importancia, a eso, que a todo lo que te ha hecho crear esa oscuridad a tu alrededor, todo cambiará.

 

    No te escondas, primero por tu felicidad y segundo porque estarás dando la oportunidad a otros a hacer ese camino, y compartirlo es lo más grande.

 

 

 

 

    Os dejo esta historia, es muy sencilla, pero le tengo un cariño especial.

 

 

Olga Perona

 

 

    Había una vez un pequeño animalito, era una pequeña ardilla. La ardilla vivía en un bosque y siempre estaba corriendo de un lado a otro.

 

    Un día vio a un niño que visitaba el bosque; al principio tuvo miedo y lo observaba detrás de un árbol. El niño estaba maravillado de todo lo que había en aquel lugar, los árboles, los riachuelos, las flores, incluso de las piedras que se encontraba en el camino.

 

    Pero Queñoa, que así se llamaba el pequeño, estaba un poco triste porque llevaba bastante tiempo allí y no había visto ningún animal.

 

    De repente, vio una mariposa, la mariposa más bonita que nunca había visto; sus alas eran de muchos colores y volaba de flor en flor. Pero de repente, se quedó quieta sobre la mano del pequeño.

 

    Queñoa miraba la mariposa maravillado, sus ojos estaban muy abiertos y casi ni parpadeaba. Giraba su mano para verla desde todos los ángulos, observaba sus movimientos y los colores que cambiaban, según la luz incidía en sus alas.

 

    La ardilla al ver como el niño trataba con tanto amor al pequeño animal, fue a buscar a los otros animales del bosque para que pudieran ver aquella escena.

 

    Todos corrieron hacía donde estaba el niño para ver como éste jugaba feliz con la mariposa, mientras ésta volaba de la mano del niño a las plantas y flores de alrededor y en algún momento se quedaba sobre la cabeza de Queñoa mientras él sonreía.

 

 

 

    No habían visto nunca a ninguna persona así y se quedaron perplejos.

 

    Finalmente todos juntos salieron de detrás de los árboles, las plantas y los matojos para unirse a los juegos de la mariposa y el niño.

 

 

 

 

Fuente: www.elrincondepensar.wordpress.com