"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

El   dolor   de

las   tinieblas

 

 

 

 

 

 

 

    Todo impacto emocional genera una forma mental. Y esa forma nos será deseable o nos atemorizará según haya sido el impacto. En el primer caso gratificante y en el segundo traumático.

 


    Es ya sabido que un niño dice no estar cuando se cubre los ojos, cuando deja
de ver el entorno. Y sabido es ya también que un adulto –que no reacciona ya
desde la subjetividad como un niño– lo que en este caso hace, desde su percepción dual, es alejar de su mirada –de su pensamiento– aquello que no le
gusta. En ambos casos abisma lo desagradable en la oscuridad de su pensamiento, en el olvido, se aleja de ello. Es el juego de la luz y las tinieblas. Que
no son dualidad.

 

 

    La densa oscuridad de las tinieblas es sólo apartar la luz –que es vida– de aquello que vemos como expresión de muerte. Y esto se hace evidente en Anatheóresis, una técnica terapéutica que consiste en rescatar de la oscuridad aquello que nos ha dañado.

 

 

    Que nos sigue dañando desde las tinieblas a las que hemos arrojado esos hechos traumáticos. Unas tinieblas que equivalen a oscurecer, a alejar del pensamiento, aquellas partes del cuerpo que nos duelen. O incluso a situarnos fuera de nosotros mismos, de situarnos en la luz, si ese dolor-miedo llega a ser insoportable.

 

 

    Porque la luz nos devuelve la imagen, aun cuando en este caso se trate de la imagen virtual que refleja todo espejo. En tanto que la oscuridad es perdernos en el vacío, en el opaco azogue con que nos da la espalda todo espejo.

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.anatheoresismadrid.com