"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

E L   C A M B I O  

E S   D E N T R O

 

 

 

 

 

    El mayor anhelo de la mayoría de los seres humanos es vivir en paz, realizar ese estado tanto externa como internamente, y si esto es así, es porque nos sentimos terriblemente exhaustos tras siglos de perturbación y continuo conflicto.

 

    Queremos la paz, sanar de una vez nuestros conflictos, pero, para nuestra sorpresa, cuanto más parece que nos esforzamos más conflicto generamos... es como una espiral sin salida y el resultado es una dolorosa impotencia y una total desesperación. Esto sucede, porque todo lo que hacemos lo emprendemos desde la superficie, y no puede ser de otra forma, porque estamos viviendo y mirando desde la superficie.

 

    Para sanar los conflictos, es imperativo comprender su origen, su naturaleza y su honda significación; es imprescindible comprender este universo, y comprendernos. Para sanar, para encontrar esa paz, necesitamos bucear en la mismísima naturaleza de la Realidad.

 

    En el fondo, todo este asunto del conflicto es muy sencillo; ya sean conflictos internos o conflictos externos - que son la proyección de los internos -, debemos enfocarnos hacia el suceso originario, y este suceso es la misma polarización que crea los mundos. Sí, en el mismísimo ADN de la Creación se haya esta polarización, lo que implica que este universo es en sí mismo "conflictivo".

 

    Ahora bien, esto no representa ningún problema, ¿existe algún problema en la naturaleza?. De hecho, lo que llamamos "conflicto" no es otra cosa que la tensión creativa que promueve esta misma naturaleza en sus obras. El conflicto es un proceso vivo e inteligente. Así que los "problemas" sólo existen en la mente. De hecho, lo que la mente humana ha declarado como "conflictivo" es realmente un intercambio, un juego de contrastes entre opuestos que se interpenetran.

 

 

    Si hubiera que buscar un origen, un concepto que explicase el surgimiento de esta Imaginación Creadora, tendríamos que remontarnos hasta el mismísimo acontecimiento en el que la Realidad Absoluta se polariza (efectivamente, esto es sólo una  manera de hablar, porque tal acontecimiento no se puede sondear, no tiene origen). Esta polarización proyecta los dos principios básicos sobre los que se asienta toda la Creación. El principio activo y el principio pasivo, lo masculino y lo femenino, el Padre y la Madre, el Espíritu y la Materia, el Cielo y la Tierra, el Yin y el Yang..., o como queramos llamarlo... La "fuerza conciliadora" es el principio de Amor-Inteligencia. Por lo tanto, poéticamente cabría decir que el Amor es el Abrazo entre el Cielo y la Tierra, y de este Abrazo nace todo lo existente... Por lo tanto, todo lo que existe es fruto del Amor... El Amor precede a la Creación, sin Amor sólo hay caos.

 

    Así que este Abrazo no es algo problemático, es una expresión del Amor y de la Inteligencia Creadora. Sin embargo, este abrazo o esta danza donde la energía interactúa en total interdependencia, ha sido diseccionada por la mente humana y dividida entre "lo bueno y lo malo", y al elegir lo bueno y rechazar lo malo, psicológicamente, nos hemos metido de lleno en el sueño de la dualidad, hemos perdido el paso de la danza y ahora vagamos confundidos, nadando en contra de esta existencia, a lomos de este sufrimiento de la humanidad.

 

    Este universo es "conflictivo", no "problemático". El único problema lo crea el ser humano tratando de "evitar" sus propios conflictos. Esto es lo que genera esta inmensa marea de confusión y sufrimiento colectivo. El "problema" es nuestra identificación, por una parte, y nuestro rechazo, por otra, y este rechazo es comprensible porque este conflicto nos está recordando, como un latido remoto y profundo, la pérdida de nuestro Rostro Original, nuestra caída en la dualidad y la separatividad.

 

 

 

 

    Entonces, ¿cuáles son los conflictos del ser humano?. Bueno, lo primero que hay que ver con claridad es que esto que llamamos "conflicto problemático" sólo existe en la mente. Psicológicamente, existe una escisión básica entre lo que somos, y lo que deseamos o deberíamos llegar a ser. Soy lo que soy, pero ya sabemos, para sobrevivir en esta sociedad, para ser amado, debo convertirme en algo, en esa imagen que encaje, en esa personalidad que sea tolerada y aceptada por los demás, ajustándome para ello al sistema familiar, social y cultural donde tendré que desenvolverme. Ya conocemos de qué se trata este juego. La identificación a los aspectos que serán aprobados y el rechazo sistemático de todo aquello por lo que los demás no nos aprobarán. Esta operación es la que nos fragmenta, y por ende, fragmenta nuestra realidad.

 

    Al evitar este conflicto original entre "la luz y la oscuridad", dividimos psicológicamente la existencia y entonces  aparecen los problemas, dentro y proyectados hacia afuera, tanto individual como colectivamente.

 

    Como cualquier sistema de la naturaleza, psicológicamente, somos un sistema de energía compensada, es decir, que los aspectos luminosos o expansivos coexisten compensados con los aspectos oscuros o contractivos. En otras palabras, en nuestra mente habita "lo bueno y lo malo", y al elegir es cuando nos fragmentamos, cuando nos resistimos a nuestra propia existencia... Esta resistencia genera todos los problemas, ¡cómo podría ser de otro modo si nos estamos resistiendo a nosotros mismos!

 

    Esta operación, esta elección - consciente pero sobre todo inconsciente - que se describe, es lo que genera la imagen de nosotros mismos, y también su sombra psicológica. Todos estos aspectos repudiados y censurados se ocultan bajo la superficie de la personalidad que ofrecemos para ser aprobados, pero claro, este universo es muy, muy misterioso, y resulta que todo esto que rechazamos pulsa y se proyecta en eso que llamamos el mundo de afuera. De esta manera es como el conflicto interior se convierte en el conflicto exterior. Lo que rechazamos de los demás en realidad es lo que rechazamos de nosotros mismos.

 

 

 

 

    Esto sería en la esfera individual, luego vendría la sombra colectiva y su proyección en el mundo externo, ya sea en la opresión, la explotación, la intolerancia o la guerra. Este punto tiene que verse con absoluta claridad: lo que vemos ahí afuera, el "estado del mundo", es una proyección del inconsciente colectivo, y de este inconsciente participamos todos. De modo que todos somos responsables del estado del mundo. Hay quien pudiera creer - de hecho es la mayoría -, que los responsables son ciertos seres cuya maldad es endógena, ciertas élites dominantes enfermas de ambición y codicia, seres concretos que nos arrastran con su ceguera y su maldad hacia la destrucción planetaria. Pues bien, es momento de dejar de "echar balones fuera" y asumir nuestra propia responsabilidad. Este "sistema" que devasta el mundo, sólo está reflejando nuestra propia estructura interna, individual y colectiva, que es una estructura basada en el ego y en el miedo. Lo estamos echando fuera, nada más. Lo que tenemos dentro lo estamos convirtiendo en estructuras económicas, políticas o religiosas allí afuera, nuestro egoísmo se refleja en todo esto, nuestro miedo, nuestra ira, nuestra ambición, adoptan formas externas, instituciones y modelos de organización, y hasta llegan a encarnarse en esos "pequeños diablos" a los que culpamos, cuando en realidad son seres que están cargando con nuestro miedo y nuestra oscuridad milenaria.

 

 

 

 

 

    Podemos seguir pensando que los demás son los malos, o que hay gente muy mala, sin embargo, este infantilismo no va a ayudarnos, ni a nosotros ni a nuestro mundo... tenemos la Historia como evidencia. Para resolver el estado del mundo tenemos que resolvernos a nosotros mismos, este mensaje es universal.

 

 

La única revolución verdadera es la Revolución Interior. El Cambio es Dentro.

 

 

 

 

 

 

Fuente: El Árbol Kósmico, el viaje de lo transpersonal, Antonio Consuegra Sebastián