"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

D e p r e s i ó n :

l a  s e ñ a l  d e l 

d e s p e r t a r

 

 

 

    Una de las características psicológicas más relevantes de la sociedad moderna es el aumento tan significativo de la depresión; este fenómeno se expande de manera sigilosa y penetrante en la mente global, tanto, que hay muchos estudios que ya consideran a este parásito mental como una pandemia. Quien más y quien menos, en uno u otro momento, la vive, de manera aguda o pasajera, profunda o superficialmente, pero esta depresión palpita en la sociedad como respuesta a un estilo de vida que caduca, y a la necesidad de cambio... Sí, esta depresión nos habla de una modalidad de vida que tiene que ser trascendida.

 

    La raíz original de la depresión es el olvido de nuestra realidad profunda, y de la realidad fluida y cambiante de esta existencia. La depresión nace de esta inconsciencia o ignorancia, de esta pérdida de percepción de la realidad de la naturaleza y de las cosas, del apego a estas porciones de aparente realidad a las que nos aferramos tenazmente, y que van desde la imagen interna (el "yo"), hasta las imágenes externas en las que este "yo" se apoya y establece sus referencias ("lo mío"). La depresión nos señala hacia el olvido de lo que somos verdaderamente.

 

    A este olvido también se le puede llamar la "pérdida de corazón", la pérdida de nuestra naturaleza profunda, o la "caída", como refieren algunos textos tradicionales. En esta pérdida, dejamos de experimentar nuestra realidad, nuestra profunda comunión con el espíritu y la vida cósmica (que se expresa en la consciencia y la bondad primordiales) y entonces aparece esta contracción u opresión, que refleja la represión del dolor de esta pérdida; es este dolor esencial,  precisamente, el que promueve la búsqueda de lo que, en realidad, nunca perdimos. 

 

 

 

    Esta "pérdida original" resuena o se activa en forma de dolor cada vez que experimentamos algún tipo de pérdida, pérdida que hace tambalear y remueve los puntos de referencia estables que dan seguridad y significado a situaciones o cosas, es este miedo, esta inseguridad, este sentimiento profundo de soledad y fragilidad, esta resistencia al cambio, el que promueve el estado depresivo... Este apego, y también la creencia de que todo esto que nos sucede en la vida es un problema estrictamente personal, el convencimiento de que uno mismo o el mundo son intrínsecamente malos... Esta es la clave: la identificación con el ego determina la dimensión del sufrimiento.

 

    La depresión deriva del apego y se alimenta en la creencia de que este sufrimiento es un problema nuestro, algo que señala a nuestra propia ineptitud, maldad o culpabilidad, y esto es lo que impide que nos abramos a estos sentimientos relacionados con la pérdida. De este modo, tratamos de alejarnos o escapar de ellos, y es precisamente en esta huida cuando acabamos tapando, congelando y consolidando el estado depresivo.

 

La depresión hace que nos culpemos y nos recriminemos por no poder controlar la realidad. La depresión se mantiene mediante las "narraciones", construcciones mentales, juicios o interpretaciones completamente equivocadas que nos contamos acerca de nosotros mismos o del mundo.

 

    También se dice que por debajo de estas "narraciones" descansa nuestra vulnerabilidad primordial.

 

    Esta vulnerabilidad es natural; como el Ser somos infinitos, y como el Ser reflejado en el ser humano somos finitos y vulnerables; no podemos escapar (mientras naveguemos en este cuerpo) de esta doble naturaleza... No podemos escapar, ni tendríamos por qué hacerlo, ya que esta doble naturaleza refleja nuestra Riqueza, nuestra Totalidad y gozosa Creatividad.

 

    Por lo tanto, no se trata de tapar o extirpar nuestra vulnerabilidad sino de aceptarla, abrazarla e integrarla como la expresión creativa de la Infinitud que esencialmente somos.

 

    Teniendo todo esto en cuenta, podríamos decir que la depresión es la señal indicadora de que ha llegado el momento de dar el salto a la consciencia, a la vida espiritual. En realiddad, no existe ninguna otra "medicina" para curar esta "enfermedad". Podemos taparla, aminorar su presión temporalmente, narcotizarnos o acostumbrarnos a ella, pero no existe, en la propia mente, ninguna salida o cura para la depresión, por la misma naturaleza de la depresión...

 

 

 

    La depresión señala que la existencia de absorción en el ego ya no es necesaria, y que por lo tanto hay que cambiar, pero cambiar radicalmente. La depresión señala que es el momento de abrirnos a la dimensión espiritual.

 

    Si no nos topáramos con el sufrimiento jamás nos lanzaríamos a la búsqueda de verdadero sentido de la vida. Por eso, cuando llegues al límite, cuando ya nada pueda cubrir este vacío, este dolor, esta perenne insatisfacción, entonces ríndete, es el momento... Esta rendición es precisamente la apertura a la dimensión espiritual de la vida.

 

    Las circunstancias difíciles son la forma en que la vida provoca un salto de consciencia a otro. La Naturaleza se desarrolla en ciclos de contracción y expansión... Aprovecha las oportunidades para la expansión cuando surgen.

 

    Este es el signficado profundo de lo que llamamos crisis. La depresión es una oportunidad de transformación, así que, aprovecha la ocasión para despertar a la verdad interior.

 

    La depresión puede convertirse en el puente, una vez más, la contracción esconde en sí misma una oportunidad de expansión infinita. Toda experiencia, por dolorosa que sea, trae envuelta enseñanzas insospechadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:  El Árbol Kósmico, El viaje de lo transpersonal, de Antonio Consuegra Sebastián