"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

 

Entrevista     de    Revista    Verdemente: 

 

“Tenemos miedo de

vivir nuestra vida”

(2ª parte)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿ De qué manera podemos aceptar que los demás

 -pareja, familia, amigos- tienen la necesidad (y el derecho)

de vivir sus vidas fuera de nuestro control, estemos o no

de acuerdo con lo que ellos decidan hacer con sus vidas?

 

 

 

    Es obvio que los demás forman parte de nuestra vida, así que de nuevo, cuando no aceptamos sus vidas o su forma de ser, rechazamos a nuestra vida y a nosotros mismos.

 

 

    Sólo hace falta ver el dolor que implica tratar de cambiar la vida de otro. Aunque lo más curioso es darse cuenta de que cuando me relaciono con otra persona en realidad no es con ella con quien me relaciono, sino con mis opiniones acerca de esa persona. Esto genera la conocida sensación de incomunicación con los demás, o el no sentirse uno totalmente querido por los demás.

 

 

    Sin embargo, cuando nos relacionamos primero con nosotros mismos desde lo más profundo de nuestro Ser, entonces encontramos lo esencial, y en lo esencial todos estamos unidos.

 

 

    Ahí la necesidad de ser comprendido, respetado o amado desaparecen, y resurge el agradecimiento por el otro, sin importar lo que nosotros vemos que hace o deja de hacer.

 

 

    Cuando descubres que amar te lleva a la paz y que no hacerlo genera dolor, uno decide amar a pesar de que quizá al principio cueste. Pero no debemos olvidar que estamos aprendiendo. Lo más importante es tomar la decisión de amar. El resto llega por sí solo.

 

 

 

 

Has dicho alguna vez que cuando tenemos miedo

estamos equivocados. ¿Crees que el miedo es falta de Fe?

¿Por qué nos cuesta tanto vivir sin miedo?

 

 

    “Cuando sientes miedo es porque estás equivocado” es una de las premisas del libro “Un Curso de Milagros”.

 

 

    Se refiere a que cada vez que sentimos miedo es debido a que estamos interpretando incorrectamente aquella situación que nosotros pensamos que nos produce miedo.

 

 

    Cuando conseguimos verla más allá de nuestras “historias personales” podemos ver que no hay nada que en realidad pueda afectarnos si nosotros no elegimos previamente sentirnos afectados. Muy pocos son conscientes de ese tipo de elecciones porque ocurren mayormente en el ámbito de nuestro inconsciente. Cada vez que sentimos miedo es porque hemos permitido que una parte de nuestra consciencia olvide su identidad universal.

 

 

 

    El miedo es ausencia de consciencia, es pura ignorancia.

 

 

 

 

    Nos cuesta tanto vivir sin miedo porque

nos da miedo vivir sin miedo.

    ¿Qué paradoja verdad?

 

 

 

    El miedo es un circuito cerrado de pensamiento. Salir de este circuito tan conocido por nosotros supondría un vuelco entero a nuestro mundo, a nuestra forma de ver y de sentir las cosas, y eso nos da miedo.

 

 

 

    “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, es el estandarte de la gran mayoría de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando tú dices “la vida no piensa, no opina, la vida es”

¿qué nos quieres sugerir?

 

 

 

    Que nosotros solemos hacer justo lo contrario. Somos fruto de Algo que no opina ni juzga las cosas como buenas o malas.

 

 

 

    Sin embargo, nosotros hemos inventado una forma de pensar y de ver las cosas moral y dual, que es opuesta a la que la Vida tiene. Sabiendo esto y teniendo en cuenta que somos producto de la Vida, entenderemos ahora el porqué del dolor y del sufrimiento que acarreamos durante tantos miles de años.

 

 

 

 

    Sentimientos como la tristeza, soledad, miedo,

ocurren cuando estamos desconectados de la vida.

¿Qué haces con ellos al sentirlos?

¿Cuál es entonces tu manera de conectarte a la vida?

 

 

 

    La verdad es que a la hora de explicar a los demás como conectar con la Vida, me doy cuenta de que en realidad a mí todo esto se me escapa, está muy lejos de mi comprensión. Lo único que sé es que vale la pena parar de huir y empezar a sentir y vivir. El resto ocurre de forma natural.

 

 

 

    Esto natural es lo que yo no alcanzo explicar con palabras o conceptos porque responde a una Inteligencia infinitamente superior. Todo tiende a la Vida, por lo tanto, si paramos de huir de las situaciones de nuestra vida, seremos arrastrados hacia la Vida de nuevo. Simple, ¿verdad?. Tan simple como difícil.

 

 

 

 

Tú nos haces una pregunta muy liberadora: “¿qué escondes tú ahí dentro, que aún no has puesto en juego en tu vida?”.

Poner en juego implicaría riesgo, y riesgo lleva al miedo.

Si lo que podemos manifestar es “el ser”, es “la vida”,

la parte luminosa de nosotros,

¿por qué el miedo tiene más peso y nos anula?

 

 

 

    Por un lado porque no recordamos esa parte interna de conciencia plena. Por el otro, la intuimos suficientemente como para temerla. Intuimos, aunque sea muy inconscientemente, que al despertar esa parte del Ser en plenitud, nuestra vida dará un vuelco completo y que nunca volverá a ser lo que era antes. De algún modo preferimos sufrir que despertar nuestra paz, porque el sufrimiento lo conocemos, pero a la Paz no.

 

 

 

    Cuando te refieres al amor que siente mi vida por mí ¿te refieres a Dios? ¿Por qué no mencionas a Dios (espiritual, no religioso), siendo que la imagen que tienen las personas de “la vida” es finita y vulnerable?

 

 

 

    Cuando digo Dios, lo que digo está tan sumamente alejado de la palabra Dios, que dejé de usarla. Al cabo de un tiempo, y sin ser premeditado, me encontré en una conferencia hablando sobre la Vida en términos de conciencia universal, y vi que estaba nombrando a Dios con una palabra desprovista de significados propiamente religiosos, filosóficos o espirituales en general. Dios no responde a religiones ni ideologías. Ni tan si quiera es espiritual. Aunque, al fin y al cabo cuando se habla de lo Absoluto no existen palabras ni conceptos que lo definan ni lo nombren.

 

 

 

 

¿Cuál crees que es la forma en que las personas

se relacionan con un poder superior,

llámese Dios, Energía o Vida?

 

 

 

    En realidad no hay “forma” de relacionarse con lo divino, porque nosotros mismos somos una forma de Dios.

 

 

    Dios es todo, por lo tanto no existe, en realidad, una forma de relación con esa Conciencia Suprema, porque, al ser Una, no existe nada con lo que poder relacionarse.

 

 

 

    Sin embargo, cuando perdemos nuestra consciencia divina, olvidamos esa unidad y empezamos a tratar de restablecer esa conexión viendo a Dios como algo separado de nosotros. Es ahí cuando nace el deseo y la necesidad de ser felices y de vivir en paz, pero nunca funciona bajo el prisma dual, humano.

 

 

    El recuerdo de nuestra identidad divina siempre viene de Dios hacia nosotros y no al revés. Lo interesante de esto que digo no es saberlo ni comprenderlo, sino vivirlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

    Muchas de las personas que leen nuestra revista

buscan respuestas a su dilema espiritual;

otras simplemente “buscan” alternativas

posibles que mejoren su vida. Tú siempre dices

que las respuestas que buscamos están mucho

más cerca, dentro de nosotros…

 

 

 

    Recuerdo cuando yo buscaba. Recuerdo esa sensación de “ahora sí, ahora sí” o la de “esto sí, esto sí” o la de “esta chica sí que sí”.

 

 

    Sin embargo, la búsqueda implica más búsqueda.

 

 

    Es lógico que uno no pare de buscar mientras siga sintiendo un vacío interior. Lo curioso es que buscamos llenarnos desde fuera. La búsqueda termina cuando por fin uno se abre a aprender a aceptarse a sí mismo completamente.

 

 

    Si lo miramos de nuevo, desde los términos de la Vida, veremos que la Vida se está dando todo el tiempo. En cambio, cuando nosotros buscamos, lo que hacemos es tratar de obtener aquello que creemos que, al conseguirlo, nos hará sentir plenos (felices o en paz).

 

 

    Esto es lo opuesto a lo que la Vida hace; dar es lo opuesto a tratar de obtener. Por eso es que nuestra búsqueda nunca nos sintoniza con la Vida y, al no sintonizar con Ella, seguimos sintiéndonos vacíos, y por lo tanto, necesitando buscar algo que nos llene.

 

 

 

 

    Lo más curioso del buscador es culpar a aquello que encuentra en su búsqueda, de no llenarle suficientemente. Irónico, ¿verdad?. Yo lo hice durante muchos años. Culpé a mis amigos, parejas, trabajos, familiares y circunstancias, de no llenarme. Les culpaba de tener que seguir buscando, cuando era yo quien tenía pánico de encontrarme a mí mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente : www.sergitorres.com