"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

Entrevista     de    Revista    Verdemente: 

 

“Tenemos miedo de

vivir nuestra vida”

(1ª parte)

 

 

 

 

 

 

 

    En vez de “darnos a la vida”, la mayoría de nosotros esperamos que sea la vida la que nos dé lo que creemos necesitar para ser felices. Este podría ser el núcleo de lo que Sergi Torres nos propone en esta entrevista. Que la Vida en sí misma no contiene miedo, sino que el miedo surge de la equivocada dualidad entre nosotros y la Vida.

 

 

 

    Disfrutar del silencio y la soledad, paseando por el bosque que hay cerca de su casa, es de las cosas que mejor le sientan a Sergi Torres, cuando los encuentros y conferencias le dejan algo de tiempo libre.

 

 

 

    “No suele apetecerme relacionarme mucho. En este sentido soy muy mal amigo y no demasiado social. Sin embargo, como más disfruto seguramente es compartiendo con mi familia, mi pareja Sara y nuestro hijo Arnau, de ocho años. Con ellos disfruto de lo más simple, como puede ser hacerle la cena a Arnau o acompañarle por la mañana al colegio o estar envuelto en una manta con Sara viendo una película. Yo soy el encargado de hacer las palomitas”, nos cuenta al consultarle sobre sus momentos de vida familiar.

 

 

 

 

    Y a pesar de las pasiones deportivas que le despierta el Barça, equipo al que sigue siempre que puede, el momento más sentido y degustado por él llega cuando todos en la casa se van a dormir: “cuando todos están acostados y yo me quedo un par de horas más en pie”, confiesa. “Esas dos horas de silencio, las agradezco mucho. Son un espacio para disfrutar de nada y de todo, para desaparecer…”.

 

 

 

    Desaparecer, y meditar un momento sobre los conceptos con los que abrimos la entrevista: la vida, la fe y el miedo.

 

 

 

 

¿Qué es para ti la Vida?

 

 

    Hasta donde yo sé, todo es Vida, pero para ser consciente de esto, debo parar de aferrarme a mi forma particular de verla y de vivirla. Sólo cuando me abro a Ella, entonces veo la esencia de todo lo que me rodea y ocurre en “mi vida”. A esta esencia yo la llamo Vida.

 

 

 

¿Y la Fe?

 

 

    La Fe es un sendero a recorrer que uno empieza a ciegas, con coraje y una clara decisión de llegar a descubrir lo que se encuentra al final de ese sendero. El sendero de la Fe nos puede llevar a una gran sabiduría, siempre y cuando no convirtamos la fe en un saco de creencias o de ideologías que nosotros queremos que sean ciertas sí o sí.

 

 

 

    Cuando he sentido la verdadera Fe, reconozco que lo primero que he sentido es mi ignorancia más absoluta. Por eso dije que es un sendero que requiere coraje y una clara decisión, porque si no, uno se para en este primer paso y cae en la trampa de substituir la ignorancia por una creencia que suele estar muy alejada del destino del sendero de la Fe.

 

 

 

    Durante mucho tiempo para mí, la Fe fue algo a lo que debía agarrarme en momentos de dificultad. Era una creencia optimista de que todo iba a salir bien, en lugar de ser una oportunidad para hacer frente a mi ignorancia de no saber cómo vivir ese conflicto.

 

 

 

    Por ejemplo en una situación de despido laboral, tener fe no consiste en creer que uno va a encontrar trabajo pronto, sino más bien, no tener miedo de vivir esa experiencia de vida tal y como es.

 

 

 

 

 

 

 

¿Y el Miedo?

 

 

    Cada vez se me hace más difícil expresar lo que para mí es el miedo, porque mi visión del miedo cada vez es más simple, y lo simple no tiene sentido explicarlo, sino vivirlo.

 

 

    En realidad el miedo no es nada en sí mismo. Es, más bien, la consecuencia o el efecto de haber decidido olvidar algo que es básico para poder vivir una vida sin miedo: saber quién soy, cual es mi origen y dónde estoy ahora. Cuando uno no recuerda estas tres cosas, que en realidad son la misma, empieza a sentir un vacío de certeza. A este vacío yo lo llamo miedo.

 

 

 

¿Crees que el miedo lo produce la profunda transformación

que buscamos y no conseguimos, o está en la raíz de todo?

 

 

    El miedo es la raíz de nuestro mundo: de nuestra forma de relacionarnos, de nuestra forma de amar, de nuestra forma de vivir en general. Sin embargo, la Vida en sí misma no contiene miedo. Ese contraste genera mucho dolor. De ahí que tratemos de evitar todo lo que ponga en evidencia a nuestro miedo, porque también pone en evidencia a nuestro dolor.

 

 

 

    Cuando iniciamos un proceso de transformación que nos va a llevar de estar desconectados de la Vida a conectar de nuevo con ella, el miedo emerge para ser limpiado o llenado de Vida. No es la transformación la que produce miedo, sino que lo hace consciente. La verdadera transformación evidencia el miedo que tenemos a soltar nuestra forma de vivir, para que, en última instancia podamos ver que ese miedo no es nada en realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

    Si en verdad tenemos miedo de vivir nuestra vida,

¿qué tipo de vida hemos vivido hasta ahora?.

O dicho de otra forma, ¿qué patrones de conducta nos han

ayudado a sobrevivir en una vida con miedo?

 

 

 

    Patrones basados en la irresponsabilidad. Dicho de otra forma, patrones basados en el “no querer” asumir nuestro propio miedo y dolor. Eso nos ha llevado a tener que hacer responsables a los demás y a nuestra vida de lo que a nosotros nos ocurre, o de lo que nosotros pensamos, o incluso sentimos. A su vez, eso nos ha llevado a un tipo de comportamiento totalmente incoherente: querer ser felices sin estar dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestros propios obstáculos a la felicidad.

 

 

 

 

Propones “honrar la vida” y no intentar cambiarla,

que es lo que hacemos todo el tiempo.

¿A qué se debe esa “no aceptación” con la que vivimos?

 

 

 

    Se debe a no ser conscientes de que nosotros somos Vida y de que lo que ocurre en nuestra vida es efecto de nuestra forma de pensar (creencias, personalidad, etc).

 

 

 

    Cuando olvidamos que somos Vida, surge una sensación de disociación, es decir, que nos vemos separados de la Vida. Por eso creemos que nosotros “vivimos” nuestra vida en lugar de ver que nosotros “somos” la Vida.

 

 

 

    Cuando uno honra a la Vida, es lo mismo que honrar a su vida y eso es lo mismo que honrarse a sí mismo. Cuando uno hace lo contrario, rechazar la Vida, sin darse uno cuenta se está rechazando a sí mismo. Por eso, rechazar un acontecimiento o a una persona duele tanto, porque es a nosotros a quien rechazamos en realidad.

 

 

 

 

En tus conferencias parece que partes de ciertos supuestos:

que no disfrutamos de la vida sino que le tememos.

Que no aceptamos al otro sino en la parte

que conecta con nuestra bondad.

¿Es esto así?

 

 

    La palabra “disfrutar” proviene etimológicamente de “disfructus”, y viene a significar algo así como sacar el fruto o dar fruto. Visto desde este prisma, la gran mayoría no solemos darnos a la vida, sino que más bien esperamos a que sea la vida la que nos dé aquello que nosotros creemos que necesitamos para ser felices.

 

 

 

    Esto es así debido a la percepción separada que tenemos de las cosas. Es decir, percibimos lo que nos rodea como algo ajeno a nosotros. Incluso a nuestra vida la vemos como algo que ocurre sin que nosotros tengamos mucho que ver en ella. Al no tener despierta la percepción unitaria, creemos que la vida puede llevarnos a vivir algo desagradable o temeroso.

 

 

 

    Por lo que se refiere a los demás, ocurre lo mismo. Al no tener despierta la percepción de unidad, percibimos a los demás como si fueran ajenos a nosotros. Así que, cuando tratamos de relacionarnos con ellos, no somos conscientes de que en realidad nos estamos relacionando con nosotros mismos. Cuando abrimos nuestro corazón, la conciencia de unidad se puede abrir también y ofrecernos así una perspectiva completamente distinta.

 

 

 

    Ahí es donde reside el Amor sin condiciones. Toda experiencia nacida del corazón nos une, porque nos lleva a ver más allá de nuestras percepciones humanas, basadas en la comparación, la diferencia, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.sergitorres.com