QUERER SER OTRA

PERSONA NUNCA

FUNCIONA

 

 

 

 

    Nos hacemos trampas hasta en el solitario. Y no funciona.

Sabemos perfectamente quienes somos. Quizás, solo en el

fondo. Pero, ¿qué más da dónde se ubique ese ‘saber’? Lo

importante es que nos conocemos como si nos hubiésemos

parido. Y en realidad, es lo que hacemos la

mayoría de las veces: ponernos a parir.

    Una cosa es no vernos y otra no admitir lo que vemos.

Intentamos por todos los medios re-Crear nuestra realidad

a base de pinceladas. De pegotes. De parches. De chapuzas.

Intentamos visualizar la pared blanca de otro color. De

nuestro color favorito. Porque hemos leído, porque hemos

escuchado, porque nos han dicho, porque nos hemos

Creído…, que si cambio el color de mis ojos, también

cambiará de color aquello que miren. Y al principio, lo

parece. Mientras dura el efecto placebo. Pero cuando ya

lo has meado todo… la pared vuelve a ser blanca. Porque

siempre ha sido blanca. Porque siempre será blanca.

Participamos en El Juego de la Verdad, no sin antes

escondernos un par de Ases en la Manga del mal menor…

Es curioso lo absurdos que somos (con todo el respeto).

Queremos saber la verdad cuando la verdad ya la

tenemos delante pero no la aceptamos. Y nos enganchamos

a la idea (porque no es más que una idea) de que hay ‘algo

más’ de lo que hay. De que existe un propósito SUPERIOR,

mayor (¿eso quiere decir que hay alguno inferior, menor…?),

al propósito de estar Vivos y de Vivir. Como si éste no fuera

suficiente. Como si fuera un propósito de mierda solo vivir…

    Me he pasado mucho tiempo llamando a las cosas por su

nombre ‘en positivo’. Para que las tormentas no fueran tan

tormentosas ni las sombras tan oscuras. Pero es tan poco

honesto como agotador. No se puede llegar a la verdad si

la tiñes de color de rosa. Por muy bonito que sea el rosa

y por mucho que te gustaría que así fuese. Es una mentira

en toda regla. Y últimamente, mi único Sentir es llamar a

las cosas por su nombre. Sin positivo ni negativo y

aunque a veces sea un propósito de mierda…

 

 

    Pretendemos perfumar a la mierda para que huela bien. Y no

se puede, porque la mierda siempre olerá mal. Se bañe en lo

que se bañe. Es su Esencia… Y cuanto más queramos

enterrarla, más putrefacta será.

    Queremos ser otra persona porque a lo mejor siendo de

diferente manera, siendo más en esto y menos en aquello,

tenemos la suerte de que alguien nos quiera. De que

alguien se acerque a nosotros y no se vuelva a separar más.

De que alguien nos mire como si tuviésemos magia en

cada poro de nuestra piel. Como si fuésemos la Luz de

su Oscuridad. Para que así, la Indiferencia nos pase

por fin desapercibida por siempre jamás.

 

 

 

    Esa misma Indiferencia que de niños nos caló tan hondo.

Ese Abandono de la Atención por parte de nuestra madre o

de nuestro padre, o de los amigos que nunca tuvimos, o de

una sociedad que nos catapultó al olvido. Ser Indiferentes

nos reabre esas heridas porque nos recuerda el Amor

que nadie nos dio. Y que a día de hoy, aún CREEMOS que

es por un no merecimiento. Por un ‘mea culpa’. Y como no

nos hacen caso, es que algo estamos haciendo o Siendo

mal. Y aquí empieza el viaje hacia “Quién tengo que ser

para que me amen y para amarme yo”. Un viaje repleto de

mandamientos, de virtudes, de cualidades, de dones, de

escalones, de pasos, de caminos, de evoluciones y de

dimensiones que TENGO QUE desarrollar, alcanzar o iluminar

para levitar, para tocar el Cielo, para estar permanentemente

en Paz, para que la Felicidad eterna me respire por Dentro

y por Fuera, para Ser quien no soy pero puedo llegar a ser

si soy perseverante, constante, disciplinado y ‘esforzoso’,

para que en mi adultez me presten la atención que no me

dieron en mi niñez, para dejar de sentirme Indiferente. Para

que me Amen. PARA que me Amen “por favor, te lo suplico”…

    Y, ¿sabes qué ocurre con el tiempo, con esos Ases en la

Manga? Que te olvidas de que te los metiste ahí. Y te crees

que si ganas la partida, la has ganado con todas las de la Ley.

Y que eres un grandísimo jugador. El mejor de los que había

sentados en la mesa. Porque ellos son unos Ignorantes y

tú el más Sabio de todos. Y por eso tú te has llevado el triunfo,

el trofeo, el ‘pedacito de Cielo’. Y ellos no. Pero lo que tú

desconoces, es que has hecho trampa. Que eres una farsa.

Y que sigues sin saber Jugar. Sin saber Vivir. Y sin saber Amar.

    Ya. Lo sé. Una MIERDA. Pero una Mierda muy

Auténtica. Muy Transparente. Y muy Real.

    Sin botox, sin complejos, sin apariencias, sin liftings y

sin retoques. Como ES y no como tiene que ser…

    Querer ser otra persona no solo no funciona sino

que además te estropea el Alma. Y si en este momento,

todo es una Mierda, pues que Así sea.Y si en este

momento, te sientes como una Mierda, pues siéntete así.

    ¡Joder! ¿Qué problema hay?

    Lo importante no es que sea o no una

Mierda, sino que sea de VERDAD.

    Por cierto, cuando te Desnudas…,

¿qué haces con los Ases?

    ¡Ah vale! Que nunca te Desnudas.

Pues entonces, ¡has perdido!

-GAME OVER-

Vuelve a Empezar.

 

 

 

 

 

Fuente: www.regresoalhogar.com

 

 

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