"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

 

Las   rabietas   de   los   niños   no   son   lo   

 

que   parecen:  

 

cómo    gestionarlas

 

( 2ª parte )

 

 

 

 

 

    Los niños necesitan de nuestra atención y presencia diaria.

 

    ¿Cuántas horas o minutos reales al día estamos presentes y conectados con ellos?

 

    No me refiero a compartiendo el mismo espacio cada uno haciendo lo suyo.

   Me refiero a estar con nuestro corazón y mente con y para ellos, sin móviles, sin tareas, sin pensar… Simplemente estando, compartiendo, escuchando, mirando… Muchas veces piden cositas materiales o dulces como pedidos desplazados de atención. Se sienten vacíos, emocionalmente hablando, y necesitan llenarse.

 

    Necesitan ser queridos incondicionalmente y no por cómo se comportan o por lo mucho que aprenden.

 

    Necesitan ser mirados, escuchados y tenidos en cuenta.

 

  Necesitan poder tomar algunas decisiones sobre sus propios gustos, preferencias e intereses.

 

    Necesitan poder ir a su ritmo. Necesitan poder equivocarse para darse cuenta y poder aprender.

 

    Necesitan no ser juzgados ni criticados.

 

    Necesitan ser aceptados por quienes ya son, y no por quienes esperamos y deseamos que sean.

 

    Necesitan sentirse respetados y dignos de nuestro amor.

 

    No son diferentes de los adultos, simplemente son más jóvenes pero seres humanos con las mismas necesidades que nosotros, los adultos.

 

    Nosotros de niños necesitábamos lo mismo pero se nos olvidó.

 

    Y muchos no lo tuvimos, quizás por esta razón nos es tan difícil el poder darlo ahora de adultos.

 

    Es tremendamente difícil dar lo que no se tuvo. No tenemos ningún registro emocional o modelo a seguir. Solemos hacerles a los niños lo mismo que nos hicieron. Ayudémosles a llegar a ser quienes han venido a ser. Hagamos todo lo posible para llegar a ser la mamá o el papá que ellos necesitan que seamos.

 

    La infancia es la etapa más corta de la vida de un individuo y es la que queremos que pase más rápido. Y paradójicamente toda nuestra vida va a depender de cómo hemos vivido esos primeros años de amparo o desamparo.

 

    ¿Por qué nos cuesta permitir que los niños sean niños cuando realmente lo son?

 

    Un niño de 2 años, 5 años o 9 años sólo puede ser un niño de 2 años, 5 años o 9 años durante 1 año de su vida. Nunca más lo volverá a ser.

 

 

 

 

    La infancia es la etapa más importante de un ser humano. Todo nuestro carácter, personalidad, características, habilidades, cualidades, pasiones, talentos, principios y creencias dependen de la infancia que hemos vivido.

 

    Es cuando los niños hacen todas las conexiones neuronales necesarias para su futuro aprendizaje. Es cuando entienden cómo funciona el mundo. Es cuando se forja su autoestima, seguridad, empatía e identidad. Es cuando aprenden los valores de los adultos que les rodean. Es cuando se conectan o desconectan de su mundo emocional. Es cuando pueden conectar con su ser esencial o no para luego poder tomar sus propias decisiones.  Es cuando más dependen de nosotros y de nuestro amor incondicional. 

 

    Nos necesitan ahora, hoy, en este preciso instante. Hay una frase que me gusta mucho: “Mamá, mamá… quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite…”.

 

    Dicho todo esto y viendo un poco más la realidad emocional de los niños, yo me pregunto cómo no van a tener reacciones emocionales explosivas de vez en cuando con lo que están teniendo que soportar y vivir.

 

    Dicho así podría parecer que estoy exagerando, ¿verdad?

 

    Muchas veces no vemos el escenario completo, sólo vemos que ha perdido el control por qué quería esto o lo otro y pensamos que ese juguete o esa golosina es el motivo o el causante de una rabieta.

 

    La verdad es que hay mucho más en juego pero no nos paramos a verlo ni somos conscientes de ello. Los caprichos y las rabietas simplemente son las experiencias que ellos utilizan para podar dar expresión a su malestar interno.

 

     El juguete o golosina simplemente son lo que necesitan para descargar todo lo demás. Cuando un niño se descontrola tanto cuando le decimos “no” a algo no es sólo por ese “no” sino por todos los “noes” que lleva escuchando hace tiempo. Me explico, al negarle algo a un niño pequeño él lo vive como una negativa a su pulsión vital, a sus deseos, a su vida, a su ser y a su persona. Y en ocasiones no puede soportarlo.

 

    ¿Qué podemos hacer entonces?

 

    No les vamos a dar todo lo que quieren, ¿verdad?

 

    Por supuesto que no, pensaréis algunos. Si a un niño le hablamos, le explicamos, le escuchamos, le entendemos, le aceptamos tal y como es sin resistirnos a él, desde que es pequeño, le será más fácil entender que algo no puede ser o no lo puede tener. No es lo mismo informar de un límite y validar sus emociones que limitar arbitrariamente. Tampoco es cuestión de que seamos nosotros quienes tenemos todo el control o que lo tengan ellos. Se trata de no hacerles tantas cosas “a” los niños y de hacer más cosas “con” ellos. Hablarles, explicarles, validar sus emociones y nombrar nuestras necesidades e intentar satisfacer las suyas en la medida de lo posible.

 

    Necesitan que seamos más cómplices y menos rivales. Hay mucha desconexión emocional y falta de comunicación entre padres e hijos hoy en día y mucha lucha de poder. Eso en ocasiones es la causa real de muchas rabietas.

 

 

 

 

 

Fuente: Ivonne Laborra