LA MÁSCARA

DE LA

FELICIDAD

 

  Os traemos hoy una bonita historia para reflexionar, de

esas que cuentan con el poder de la metáfora para hacerte

ver partes de ti que de otro modo no verías, te invito

a que disfrutes de la máscara de la felicidad…

 

 

 

    Érase una vez un rey cruel y duro de corazón. Sus vasallos

lo querían tan poco que estaba forzado a sofocar continuamente

revueltas y atentados contra su vida. Pero una mañana

se despertó con una terrible desazón por lo miserable que era

su vida. Lo que más deseaba era cambiar, así que llamó

al hechicero real para pedirle consejo.

    El hechicero reflexionó por unos instantes

y finalmente le dijo:

    – Le puedo ayudar, pero su majestad debe estar dispuesto

a seguir fielmente mis instrucciones.

    – Haré cualquier cosa que devuelva la paz (replicó el rey).

    – Muy bien, espere tres días y después le

daré algo que le va a ayudar.

 

    Pasados los tres días, el hechicero le entregó un objeto muy

inusual: una máscara. Era casi una réplica del rostro del rey,

pero con una importante diferencia: en vez de líneas de un

rostro fruncido e irritado, mostraba una sonrisa y

una expresión plácida y agradable.

 

    – ¡No puedo ponerme eso! (protestó el rey)… No es mi cara

y, además la gente no me reconocería;

saben que no soy una persona feliz.

    – Si su majestad desea que el ayude debe hacer lo que le

pido y llevar la máscara siempre (insistió el mago).

    – De acuerdo lo haré.

 

    El rey se puso la máscara y algo extraordinario sucedió.

La gente disfrutaba mirándole y se sentía cómoda en su

presencia. Empezaron a sentirse seguros y a confiar

en él. El rey respondía positivamente ante la aceptación

mostrada por sus vasallos y empezó a tratarlos con cariño

y respeto. Poco a poco, el desasosiego se aplacó

en el reino y se instauró la paz.

    Existía un lugar, sin embargo, en el que no reinaba la paz:

en el corazón del rey. Estaba encantado por los cambios

acaecidos en el reino, pero se sentía hipócrita porque sabía

que llevaba una máscara. Lleno de desazón, llamó al hechicero.

 

 

 

    – Te estoy muy agradecido por el cambio de mi reino, pero

no puedo seguir engañando a mi gente. No soy más

que un charlatán. Por favor, dame permiso para quitarme la máscara.

    – Si ese es su deseo, ¡que así sea! (replicó el hechicero)

 

    Con gran dolor, el rey se posó frente a un espejo y, despacio,

retiró la imagen que había transformado su vida y su reino.

No le resultaba fácil, pero sabía que debía hacerlo. Haciendo

acopio de todo su valor, abrió los ojos, listo para contemplar

su antiguo rostro. Pero no fue eso lo que vio. Milagrosamente,

su rostro se había transformado en una imagen gozosa y

hermosa, más radiante incluso que la máscara.

    A través de la transformación interna, el rostro del rey se

había transformado en un retrato de júbilo y generosidad.

La máscara había sido sólo una medida temporal que le

ayudó a que surgiese su verdadera hermosura interna.

    Somos Dios, somos Gozo y somos Amor. Lo demás es

un espectáculo pasajero, una ilusión. La palabra “personalidad”

procede del griego persona, que significa “máscara”…entonces

nuestra personalidad es de alguna manera la máscara

con la que camuflamos nuestro ser real,

que siempre es perfecto y real.

    La fortaleza descansa en nuestro interior y sólo se activará

cuando le demos permiso. El problema no radica en que

somos débiles, sino en que no creemos ser fuertes. Aunque

el amor es lo único real, hemos creído en la negación

durante tanto tiempo que ahora la creemos verdadera,

cuando de hecho no es más que consecuencia

de un razonamiento errado.

 

 

 

    Somos seres amantes y de divina ascendencia que sueñan

ser marionetas o tiranos. Y, sin embargo por decreto real,

se nos guarda el trono hasta que descubramos que nuestra

naturaleza es la perfecta y amorosa bondad.

    El rey fue al hechicero en busca de ayuda, no sabía si la

máscara le ayudaría; lo único que sabia era que deseaba

una vida con más sentido y, por eso, estuvo dispuesto

a correr riesgos. Tenía un poco de fe en el hechicero,

quien tenía una fe tremenda en el rey.

    Nadie nos regala nada más que la fe y la paciencia de

esperar a que queramos comenzar nuestra transformación,

de ese deseo profundo surgirá el maestro que nos entregará

una herramienta para nuestra realización, en este caso es la

herramienta del “cómo si” , cómo si ya fueras feliz, cómo si

ya fueras esa gran persona y es después de ello, cuando

nos hemos “habituado” a actuar como si… cuando un llamado

interno nos pide algo más, la coherencia, la honestidad y es

entonces cuando hacemos desde el corazón desde

la esencia nuestra propia realización.

    Ya no parecemos “eso”, SOMOS eso…

 

 

 

 

 

Fuente: evolucionconsciente.org

 

 

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