"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

¿ Cómo   matamos

la   " mentalidad

de   crecimiento "

en   los   niños ?

 

 

 

    Para la mayoría de los padres sus hijos son los más lindos, creativos e inteligentes del mundo.

 

    Es algo comprensible, no pretendo decir lo contrario. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha puesto de moda hablar de los niños como si fueran trofeos, los padres se han despojado de cualquier pizca de modestia y han comenzado a exagerar los logros de sus hijos.

 

    Pero alabar demasiado a los niños y convertirlos en una especie de trofeo no es bueno, ni para su desarrollo emocional ni cognitivo.

 

 

 

Hay  que  alabar  el  esfuerzo,

pero  con  mesura

 

 

 

 

    Hace algunos años una serie de estudios psicológicos demostraron que existen elogios que destruyen la autoestima infantil.

 

    Cuando alabamos ciertas capacidades, como la inteligencia, en realidad estamos limitando a los niños, ya que éstos terminan desarrollando miedo al fracaso.

 

    Como resultado, la próxima vez que tengan que enfrentarse a una tarea, elegirán los problemas más sencillos, para no fracasar y volver a merecer ese elogio. De esta manera no se desarrollarán sino que se mantendrán estancados dentro de su zona de confort.

 

    En esos mismos estudios se apreció que los niños que son alabados por su esfuerzo terminan siendo más perseverantes. Estos pequeños desarrollan lo que se ha denominado "mentalidad de crecimiento", sustentada en el deseo de mejorar.

 

    Sin embargo, a raíz de estas investigaciones muchos padres y profesores han sacado unas conclusiones erróneas pensando que basta con elogiar el esfuerzo para que el niño se empeñe más y llegue más lejos.

 

    Desgraciadamente, o quizá por fortuna, en la Psicología no hay fórmulas lineales, por lo que elogiar con desmesura el esfuerzo también tiene efectos negativos.

 

    Esta es la tesis que sostiene Carol Dweck, una psicóloga de la Universidad de Stanford que ha dedicado cuatro décadas de su vida a investigar la “mentalidad de crecimiento”, y que nos alerta de que debemos hacer un alto en el camino para reflexionar sobre la educación que le estamos brindando a los niños.

 

 

 

Los  elogios  abstractos  no  funcionan

 

 

 

    Según esta psicóloga, a los padres y maestros se les ha ido la mano al intentar estimular esa “mentalidad de crecimiento” en los niños, pues han terminado ofreciendo alabanzas vacías solo por intentarlo, sin que se haya producido un aprendizaje auténtico o se haya obtenido un resultado palpable.

 

    En práctica, es como si hubiésemos caído en el extremo opuesto: nos han dejado de importar los resultados y el aprendizaje y estamos sobrevalorando el esfuerzo.

 

    Sin embargo, lo importante es encontrar un justo equilibrio.

 

    El esfuerzo es importante, y a veces merece un elogio, pero también es esencial alcanzar determinados resultados.

 

    Aunque el esfuerzo es loable, en realidad el elogio debe ir dirigido a potenciar el aprendizaje, ese es el aprendizaje y no deberíamos perderlo de vista.

 

    Desgraciadamente, muchos padres y maestros afirman tener una “mentalidad de crecimiento”, pero en realidad sus métodos educativos no contribuyen a desarrollar esa actitud en los niños.

 

    Elogiar el esfuerzo en abstracto y prodigar alabanzas vacías puede ser tan inútil como una danza india para llamar la lluvia… Eso no es tener mentalidad de crecimiento.

 

 

    El   impactante   experimento

que   muestra   los   daños   que   causa

la   mentalidad   fija   en   los   niños

 

    Un estudio realizado en la Universidad de Chicago analizó cómo las madres alababan a sus bebés desde el primer año de edad, hasta los tres años.

 

    A los cinco años los psicólogos comprobaron que la forma de elogiar de los padres estaba íntimamente vinculada a la mentalidad del niño y su disposición para asumir retos.

 

    Los niños que recibían elogios adecuados no solo asumían más desafíos sino que también les iba mejor en la escuela.

 

 

 

    En otro experimento llevado a cabo en la Universidad de Stanford les pidieron a pequeños de 4 años que eligieran entre un rompecabezas fácil que ya habían hecho o uno más complicado.

 

    Quienes tenían una mentalidad fija prefirieron apostar por el rompecabezas más sencillo, el cual les permitía reafirmar su capacidad, ya que pensaban que los niños inteligentes no cometen errores.

 

    Quienes tenían una mentalidad de crecimiento eligieron la opción más complicada y encontraron raro que alguien quisiera hacer el mismo rompecabezas de nuevo.

 

    Esto demuestra que a una edad tan temprana, muchos niños ya sienten la necesidad de demostrar que son inteligentes y de evitar los errores, mientras que otros desean plantearse nuevos retos que les permitan crecer.

 

    Sin embargo, los resultados más interesantes aún estaban por llegar: al analizar las ondas cerebrales de estos niños se pudo ver cómo respondían ante las preguntas difíciles y la retroalimentación.

 

    Estos psicólogos comprobaron que los niños con una mentalidad fija solo estaban interesados en la retroalimentación que reafirmaba su capacidad, pero se desconectaban cuando les explicaban otros detalles que podían ayudarles a mejorar y aprender.

 

    De hecho, ni siquiera mostraron interés por escuchar la respuesta correcta cuando se habían equivocado, probablemente porque ya la habían catalogado en su mente dentro de la categoría "fracaso".

 

    Al contrario, los que tenían una mentalidad de crecimiento se mostraron muy atentos a todos los detalles que podían ayudarles a ampliar sus conocimientos y habilidades, independientemente de si habían acertado o no en sus respuestas.

 

 

 

¿Cómo   promover   una   auténtica

mentalidad   de   crecimiento?

 

 

 

    Todos tenemos una mentalidad de crecimiento, pero también tenemos una mentalidad fija.

 

    Potenciar la primera demanda esfuerzo y no implica que, una vez conseguida, no se pueda perder. De hecho, la crítica puede hacer que una persona se ponga a la defensiva y apague su sed de aprendizaje. Por eso, es importante que los padres y maestros desarrollen un estilo educativo que realmente promueva este tipo de mentalidad.

 

    Cuando los padres o maestros tienen una mentalidad fija les transmiten a los niños la idea de que sus capacidades están talladas en piedra, lo cual les genera la necesidad de ponerse a prueba una y otra vez para saber hasta dónde son capaces de llegar. El problema es que cuando se equivocan piensan que han fracasado y que no son capaces de ir más allá porque han llegado a su "límite".

 

    Desgraciadamente, muchos adultos no han sido capaces de cambiar esa mentalidad que les han inculcado desde pequeños y se consumen con el objetivo de ponerse a prueba una y otra vez, primero en el aula y más tarde en sus carreras y en sus relaciones.

 

    Cada situación se convierte en una confirmación o negación de su inteligencia, personalidad o carácter. Enfrentan cada situación pensando: ¿Voy a tener éxito o fracasaré? ¿Demostraré que soy inteligente o quedaré como un tonto? ¿Voy a ser aceptado o rechazado?

 

    Al contrario, la mentalidad de crecimiento les enseña que los errores son oportunidades para crecer. De hecho, son precisamente los problemas más difíciles los que implican un mayor crecimiento.

 

    La clave para promover una verdadera mentalidad de crecimiento consiste en enseñarles a los niños que sus cerebros son como músculos que se pueden fortalecer a través del trabajo duro y la perseverancia.

 

    Así que, en vez de decir “No todo el mundo es bueno en Matemáticas, haz lo que puedas”, un maestro o un padre debería decir: “Cada vez que resuelves un problema de Matemáticas tu cerebro crece”. O en vez de decir: “Tal vez las Matemáticas no son tu punto fuerte”, un enfoque mejor sería: “Las matemáticas todavía no son uno de tus puntos fuertes, tendrás que esforzarte un poco más”.

 

    De esta forma se hace hincapié en el esfuerzo, pero con vistas a obtener resultados y a potenciar el aprendizaje.

 

    Lo más interesante de este nuevo enfoque es que muestra que la inteligencia es maleable y que todo el mundo puede cambiar su forma de pensar. Por otra parte, considera que los errores no son fracasos o una señal de falta de inteligencia, sino tan solo oportunidades para poner a prueba las habilidades y desarrollarlas.

 

 

 

 

Fuente: www.rincondepsicologia.com