UNA   NUEVA

OPORTUNIDAD

 

 

 

 

    Habitualmente prestamos toda nuestra atención al constante flujo

de nuestros pensamientos. Pero cada instante (este instante!) nos ofrece

una nueva oportunidad de ser plenamente conscientes del momento presente…

    Diferentes temas de carácter “espiritual”, como la Ley de Atracción, la

identificación con el ego, la “separación” y la capacidad de amar

incondicionalmente, tienen una relación muy estrecha con el grado de

consciencia con el que experimentamos el momento presente.

    Eckhart Tolle relaciona la posibilidad de alcanzar la prosperidad en nuestras

vidas con la experiencia de vivir plenamente el momento presente:

    Pregúntate qué “problema” tienes ahora mismo, no el año próximo,

mañana o dentro de cinco minutos. ¿Qué está mal en este momento?

    Por ejemplo, mucha gente espera que le llegue la prosperidad, pero ésta

no puede llegar en el futuro. Cuando honras, reconoces y aceptas plenamente

tu realidad presente (dónde estás, quién eres y lo que estás haciendo

ahora mismo), cuando aceptas plenamente aquello de lo que dispones,

entonces agradeces lo que tienes, agradeces lo que es, agradeces Ser.

La verdadera prosperidad es sentirse agradecido por el momento

presente y por la plenitud de la vida ahora mismo. No puede llegar en

el futuro. Más adelante, con el tiempo, esa prosperidad se

manifestará de diversas formas. También el amor hacia nosotros

mismos es una consecuencia natural de experimentar plenamente el

momento presente. Comprendiendo que en este brevísimo instante no hay

carencias ni fracasos, como señala Tolle, entonces no hay razones para

reclamarnos nada a nosotros mismos, ni para señalarnos errores ni

hacernos reproches. De esta manera se nos hace fácil aceptarnos tal

como somos, ya no podemos sentirnos defraudados por ser quienes somos

o por hacer lo que hacemos. Entonces podemos experimentar de

manera espontánea el amor incondicional hacia nosotros mismos. Y

amarnos a nosotros mismos es imprescindible para poder amar a los demás.

 

 

 

    Además, la experiencia de separación (de Dios, de los demás, de

la Naturaleza) es consecuencia de vivir “desconectados” del momento

presente. El continuo discurso de nuestros pensamientos (la esencia misma

del ego), acapara nuestra atención y nos distrae de la única experiencia real

a nuestro alcance: vivir plenamente el momento presente. Dice Eckhart Tolle:

    La razón por la cual vivimos en la ilusión de la separación es el

pensamiento compulsivo. Es cuando permanecemos atrapados en el torrente

incesante de pensamientos compulsivos que el Universo realmente se aparta

de nosotros y perdemos la capacidad de sentir la conexión entre todo lo que existe.

 

 

E l   m o m e n t o   p r e s e n t e

 

    ¡Debemos apreciar el aquí y el ahora porque

sólo estarán aquí ahora! 

    El momento presente, ese único instante en el que todas las

cosas suceden, encierra un verdadero tesoro de plenitud, alegría y

paz que tal vez sólo hemos experimentado en algunas circunstancias excepcionales.

    El constante flujo de nuestros pensamientos, ese incesante diálogo

interno que ocupa siempre nuestra atención, nos separa de la única (y

maravillosa!) experiencia real: vivir plenamente el momento presente.

    Experimentar conscientemente cada sensación de nuestro cuerpo, de

nuestros sentidos, interrumpe (aunque sea brevemente) ese diálogo

interno que es la desgastante actividad del ego.

    Cualquier acción puede realizarse con la atención puesta en el

cuerpo, en los movimientos que realizamos, en la respiración y en la gran

cantidad de información que recibimos a través de los sentidos y que,

normalmente, pasamos por alto por considerarla intrascendente, irrelevante…

 

 

 

 

    Al caminar, por ejemplo, podemos concentrarnos en nuestros movimientos, realizándolos de manera “deliberada”, tal vez con cierta lentitud, de forma tal que no haya nada que sea “automático”, atentos a nuestra respiración y a cada sensación o impresión de nuestros sentidos. La vista, por ejemplo, nos entrega muchísima información.

 

    Este instante, el momento presente, es el único que tiene existencia real. El pasado y el futuro son conceptos abstractos que no pueden experimentarse.

 

    A todos los efectos prácticos hay un solo lugar importante en todo el Universo y un único momento de interés en toda la Eternidad: Aquí y Ahora…

 

 

 

P r o b l e m a s    d e    i n g e n i o

 

    Nuestra propia existencia encierra algo así como un “problema de

ingenio”, cuya solución nos reportaría un bienestar desconocido: el momento

presente, es decir, ese único instante en el que todas las cosas suceden,

encierra un tesoro de alegría, plenitud y paz que tal vez sólo hemos

experimentado en algunas circunstancias excepcionales.

    Existen numerosas referencias acerca de esta posibilidad que está siempre

a nuestro alcance pero que, sin embargo, normalmente no podemos descubrir.

    Algunas son historias o parábolas, como la del anciano que mendigaba

sentado siempre sobre un simple cajón, que llevaba siempre con él, y que

era una de sus muy pocas pertenencias. Un día le pidió limosna a un Maestro

que pasaba por el camino, quien se disculpó porque no tenía dinero para

compartir, pero le sugirió que revisara bien su cajón, el que finalmente, para

sorpresa del mendigo, resultó haber estado siempre lleno de monedas de oro.

    O como el relato que cuenta que durante la Creación, la felicidad quedó

escondida en el interior de cada ser, para recompensar a los más sabios o

valientes o simples, es decir, a los únicos que la buscarían allí.

    Un Curso de Milagros llama “instante santo” a ese brevísimo momento

en el que alcanzamos la consciencia de nuestra verdadera naturaleza y

experimentamos ese anhelado estado de bienestar:

    Pues en el instante santo, el cual está libre del pasado, ves que el amor

se encuentra en ti y que no tienes necesidad de buscarlo en algo externo…

    En el instante santo no ocurre nada que no haya estado ahí siempre.

Lo único que sucede es que se descorre el velo que cubría la realidad.

    El milagro del instante santo reside en que estés dispuesto a dejarlo ser

lo que es. Y en esa muestra de buena voluntad reside también tu aceptación

de ti mismo tal como Dios dispuso que fueses.

    No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos

no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante

se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se

extienda hasta el futuro.

 

 

 

 

    Algunas pistas:

    No hay algo que tengamos que hacer para alcanzar ese estado,

sino más bien algo que tenemos que dejar de hacer.

    No es realmente un problema de ingenio, porque precisamente los

más inteligentes, es decir, quienes tienen un ego más complejo y

desarrollado, tienen más dificultades para “resolverlo”.

    No podemos sacrificar el momento presente, con la esperanza de

que, gracias a nuestro esfuerzo o dedicación, los “futuros momentos

presentes” serán mejores: Existe sólo un momento presente.

 

 

 

 

 

    Es necesario alcanzar antes un cierto grado de quietud o de

serenidad de la mente. Las técnicas de meditación o de respiración

consciente pueden ayudar. El amor incondicional hacia nosotros

y hacia los demás y la completa aceptación de nuestra condición

actual, son requisitos previos. Y, finalmente, no se trata de alcanzar

un cierto estado excepcional, sino de volvernos conscientes de nuestra

verdadera condición o naturaleza. Será, tal vez, algo parecido a despertar de un sueño…

 

 

T o d o   n o s   s u c e d e  

a q u í    y    a h o r a 

    Un hombre se acercó a un anciano y le dijo así:

    “Me han dicho que tú eres sabio… Por favor, dime qué cosas

puede hacer un sabio que no están al alcance de las demás personas.”

    El anciano le contestó: “Cuando como, simplemente como; duermo

cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo.”

    “Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio”, le

contestó el hombre, sorprendido.

    “Yo no lo creo así”, le replicó el anciano. “Pues cuando duermes,

recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que

puedes tener al levantarte. Cuando comes, estás planeando lo que vas

a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas qué vas a

preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar.”

    El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento

presente y así disfrutar cada instante del milagro de la vida.

 

 

 

L a    f e l i c i d a d ,  

a q u í    y   a h o r a 

    Todos podríamos alcanzar la felicidad plena, aquí y ahora, aunque

resulte muy difícil hacer de esta idea una experiencia real y permanente.

Maestros de distintas tradiciones la expresaron de diferentes

maneras, en todas las épocas. En cada momento de nuestras

vidas, en cada circunstancia, casi sin excepciones, existen los suficientes

elementos maravillosos como para colmarnos de dicha, de felicidad plena.

Pero en lugar de asombrarnos y de disfrutar de lo que cada instante nos

ofrece, damos por hecho esos pequeños milagros, los consideramos

ordinarios, naturales y cotidianos, y, en cambio, destacamos y nos

concentramos en eso de lo que el momento carece.

    A continuación un relato muy breve de Jorge Luis Borges,

publicado en el año 1934, y que es en realidad su versión de una de las

narraciones más originales y sugestivas de Las mil y una noches.

Me gusta interpretarlo como una invitación a descubrir los tesoros que

tenemos siempre a mano, como una parábola que propone que la

búsqueda del bienestar o de la felicidad “afuera” de nosotros mismos

puede conducirnos a la comprensión de que ese estado tan anhelado

siempre estuvo a nuestro alcance en nuestro interior… precisamente aquí y ahora.

 

 

H I S T O R I A   D E   L O S 

D O S    Q U E    S O Ñ A R O N

    Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre

poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió

menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.

    Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera

de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la

boca una moneda de oro y le dijo: “Tu fortuna está en Persia, en

Isfaján; vete a buscarla”.

    A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y

afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los

idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.

    Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió

la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto

a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla

de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que

dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro.

Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel

distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.

    El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de

El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo

cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel.

    El capitán lo mandó buscar y le dijo: “¿Quién eres y cuál es tu patria?”

El otro declaró: “Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es

Mohamed El Magrebí”. El Capitán le preguntó: “¿Qué te trajo a Persia?”

El otro optó por la verdad y le dijo: “Un hombre me ordenó en un sueño

que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y

veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que

tan generosamente me diste”.

    Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las

muelas del juicio y acabó por decirle: “Hombre desatinado y crédulo, tres

veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo

hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una

higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro.

No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro

de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo

la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma

estas monedas y vete.”

    El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de

su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro.

Así Alá le dio bendición y lo recompensó.

Jorge Luis Borges

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.serena-mente.com

 

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