LOS   TESOROS  

QUE   ESCONDE

EL   INCONSCIENTE

 

 

    El trabajo profundo con el inconsciente abre la puerta a insospechados

tesoros. Tal vez, los dos regalos más valiosos son el de la AUTOCONSCIENCIA

y el de la posibilidad de vivirnos desde un YO MÁS INTEGRADO.

    Decía Freud que “recordar es el mejor modo de olvidar”.

    Con frecuencia vivimos situaciones que nos llevan a resentir las mismas

sensaciones y emociones contractivas…, los mismos conflictos, tal vez con

cierta desesperación al no ver una salida a tal repetición.

    Creemos que luchando denodadamente desde nuestra voluntad,

conseguiremos erradicar y darle esquinazo a esa situación dolorosa que,

una y otra vez, regresa para darnos la oportunidad de comprender lo que,

como mensajera, viene a decirnos. Todo aparece para ser comprendido.

    Ser consciente supone desplegar la capacidad de “ver y reconocer” lo que

realmente hay más allá de las historias que me cuento, así como de las

interpretaciones que mi mente elabora sobre los acontecimientos.

    Supone dar, asimismo, un paso más allá de las excusas que me pongo

para dejar de hacer aquello que tanto me confronta y que, en el fondo, trae

consigo un regalo que recibiré cuando logre discernir a qué me está

invitando lo incómodo. Es como saltar al vacío en un acto de radical confianza…

Es dar un salto de crecimiento al que estoy siendo invitado a dar.

 

 

 

 

    Devenir consciente supone un paciente proceso de filtración y

clarificación para poder ver lo que subyace en el fondo. Aunque tarde, el agua

del río que es nuestra vida acaba por tornarse transparente… Y entonces podemos

ver más allá de la apariencia, llegando a la paz que supone contactar con lo

que Es, con lo esencial, sin aditivos. Ocurre con frecuencia que el origen de

ese malestar e incomodidad, de ese conflicto que vuelve una y otra vez,

se encuentra sumergido, olvidado o reprimido en aquel plano de nuestra

conciencia individual que llamamos INCONSCIENTE.

    A este plano hemos relegado, sin darnos cuenta, contenidos mentales y

emocionales, deseos e instintos; contenidos que hemos aprendido a rechazar

para no entrar en conflicto con el entorno. También quedan allí sumergidos

aquellos recuerdos de experiencias que nos sobrepasaron emocionalmente

y no pudimos/supimos gestionar.

    La respuesta que dimos entonces, que nos permitió salir adelante

en ese momento crítico, pudo cristalizar en creencias y pautas de comportamiento.

Se trata de creencias y pautas que, si bien fueron necesarias y útiles,

pueden estar en el presente limitando nuestra expresión más amplia.

 

 

 

 

 

El   trabajo   terapéutico   con   el   inconsciente

    Este contenido inconsciente puede estar relacionado con nuestra biografía

personal, o incluso ir más allá. Pueden haber quedado relegadas situaciones

relativas y en torno a nuestra concepción y/o nacimiento. E incluso más

atrás en el tiempo, ya que el inconsciente alberga también las memorias sistémicas.

    Podremos profundizar con determinadas técnicas para descubrir el origen de

las mencionadas pautas y creencias. En este sentido, podemos trabajar con

herramientas tales como la Técnica Regresiva, la Respiración Holoscópica o

las Constelaciones Familiares…  En  cualquier caso, como afirmó Einstein:

 

"Ninguna situación limitante, incómoda

o contractiva puede “resolverse” desde

el mismo nivel de conciencia

que la originó"

 

    En este sentido, la eficacia de la técnica requerirá por nuestra parte un

salto de conciencia. La comprensión profunda de aquello que parecía una

contrariedad insalvable requiere trascender el plano del nivel persona.

    Este camino, por el que comienza a ampliarse el yo, puede abrirnos la

puerta a la vivencia de Algo más grande, que bien podemos llamar Misterio.

    Esto requiere entrar en ese otro espacio denominado Supraconsciencia o

Conciencia de Unidad, que es la dimensión liberadora y trascendente

de la conciencia individual. Para Jung esa Supraconsciencia es el patrón

psíquico capaz de dirigir de forma magistral la naturaleza racional,

emocional e instintiva de nuestro ego o yo inferior.

 

 

 

 

    Lo esencial es invisible a los ojos físicos, decía Antoine de Saint-Exupéry…

Y es en este nivel esencial donde realmente se disuelve lo que

calificábamos de obstáculo. Entonces se hace visible “la salida”,

que realmente siempre estuvo ahí. Ampliar nuestra consciencia,

hacer consciente lo inconsciente, requiere de un acto de presencia,

atención y reflexión momento a momento. En ese otro nivel, la vida está

llena de señales si aprendemos a escuchar con atención; un nivel de

escucha que se cultiva en el silencio meditativo. Dice Pablo D´Ors que la

palabra puede transformar la realidad; pero es el silencio lo que nos

transforma a nosotros mismos. La palabra –la “solución”– fraguada en el silencio hace diana en el Ser.

 

 

 

 

Fuente: www.escuelatranspersonal.com

 

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