El  reflejo  nunca  es  nítido

 

 

     Poder ver el reflejo en los demás, en lo que te rodea, en todo lo que

pueda darte una suerte de imagen de regreso hacia lo que tú eres,

es un ejercicio revelador.

    Te abre la visión sobre ti mismo de una manera radical y te permite

comprender en qué se basa realmente la interacción entre nosotros, los

humanos, pequeñas partes de un todo que se reflejan entre

sí de una forma viva.

    Ver el reflejo en el otro de lo que tú criticas, y de lo que tú

aprecias, es tan útil para la conciencia individual, como lo es un vaso

de agua para el cuerpo.

    El reflejo nunca es nítido, nunca es perfecto, es aproximado, es orientativo

y en algunos casos puede ser incluso enfocado, pero nunca puede definirte

completamente, sólo te acompaña hasta la puerta. Hasta la puerta de

esa conciencia que necesitas descifrar, de esa barrera que no consigues

atravesar, es una especie de sortilegio que te sitúa en el camino, no en la

meta sino justo en la salida. Justo ante esa línea de comienzo que tiene vida

propia y que siempre se está moviendo de sitio delante tuyo, esquivando

tus pies con un suave desplazamiento, creando la ilusión de que existe la

posibilidad de que algún día la logres alcanzar.

    Y cuando de repente de una forma u otra ese camino se abre hacia adentro,

ahí aparece el verdadero truco, ahí la línea desaparece, cada vez que

desnudas una capa de la mente, cada vez que te permites vivir un

momento con todo lo que acontece.

    Ver en el reflejo nunca es nítido, y es sano también tener en cuenta

eso, pero a pesar de esto, parece ser una manera muy loca de llegar

al único momento que importa: tu presente, el presente, nuestro presente…

reflejado o no, quien sabe, me pregunto

qué será lo que pueda ver allí la próxima vez…?

 

 

Fuente: Rodrigo Sala

 

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