"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

El   Deseo   y   el   Temor

son  

Estados   Egocentrados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    Interlocutor : Me gustaría entrar de nuevo en la cuestión del placer y del dolor, del deseo y del temor. Comprendo el temor que es recuerdo y anticipación del dolor. Es esencial para la preservación del organismo y de su patrón de vida. Las necesidades, cuando se sienten, son dolorosas y su anticipación está llena de temor; nosotros tememos verdadera y justamente no ser capaces de satisfacer nuestras necesidades básicas. El alivio que se experimenta cuando se satisface una necesidad, o cuando se aplaca una ansiedad se debe enteramente al cese del dolor.

 

 

 

    Podemos dar a esto nombres positivos como placer, o gozo, o felicidad, pero, esencialmente, es alivio del dolor. Es el temor del dolor el que mantiene unidas nuestras instituciones sociales, económicas y políticas.

 

 

 

    Lo que me confunde es que nosotros derivamos placer de cosas y estados de mente que no tienen nada que ver con la supervivencia. Al contrario, nuestros placeres son usualmente destructivos. Dañan o destruyen el objeto, el instrumento y también el sujeto del placer. De otro modo, el placer y la persecución del placer no serían ningún problema.

 

 

 

     Esto me lleva al meollo de mi pregunta: ¿por qué el placer es destructivo? ¿Por qué, a pesar de su destrucción, es deseado?

 

 

 

    Puedo agregar que no tengo en la mente el modelo placer-dolor por el que la naturaleza nos compele a seguir sus directrices. Pienso en los placeres hechos por el hombre, a la vez sensoriales y sutiles, que van desde los más groseros, como comer en exceso, a los más refinados. La adicción al placer, a toda costa, es tan universal que debe haber algo significativo en su raíz.

 

 

 

    Por supuesto, no toda la actividad del hombre debe ser utilitaria, diseñada para satisfacer una necesidad. El juego, por ejemplo, es natural y el hombre es el animal más juguetón en la existencia. El juego llena la necesidad del descubrimiento de sí mismo y del desarrollo de sí mismo. Pero incluso en sus juegos el hombre deviene destructivo de la naturaleza, de los demás y de sí mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

    Maharaj: En resumen, usted no pone objeciones al placer, sino solo a su precio en dolor y aflicción.

 

 

 

    Int: Si la realidad misma es dicha, entonces el placer debe estar vinculado a ella de algún modo.

 

 

 

    Mah: No prosigamos con la lógica verbal. La dicha de la realidad no excluye el sufrimiento. Además, usted solo conoce el placer, no la dicha del ser puro. Así pues, examinemos el placer en su propio nivel.

 

 

 

    Si usted se mira a usted mismo en sus momentos de placer o de dolor, usted encontrará invariablemente que no es la cosa en sí misma la que es agradable o penosa, sino la situación de la que es una parte.

 

 

 

    El placer está en la relación entre el gozador y lo gozado. Y la esencia de ello es la aceptación.

 

 

 

    Cualquiera que pueda ser la situación, si es aceptable, es placentera. Si no es aceptable, es dolorosa.

 

 

 

    Lo que la hace aceptable no es importante: la causa puede ser física, o psicológica, o irrastreable; la aceptación es el factor decisivo. Inversamente, el sufrimiento se debe a la no aceptación.

 

 

 

    Int: El dolor no es aceptable.

 

 

 

    Mah: ¿Por qué no? ¿Ha intentado usted aceptarlo alguna vez? Inténtelo y encontrará en el dolor una dicha que el placer no puede trasmitir, por la simple razón de que la aceptación del dolor le hace a usted mucho más profundo que la aceptación del placer.

 

 

    El sí mismo personal (o ego), por su naturaleza misma, está persiguiendo constantemente el placer y evitando contantemente el dolor. El final de este patrón de comportamiento es el final del sí mismo personal.

 

 

 

    El final del sí mismo personal (o ego) con sus deseos y temores le permite a usted retornar a su naturaleza real, la fuente de toda felicidad y de toda paz.

 

 

 

 

 

 

    El perenne deseo de placer es el reflejo de la armonía atemporal interior.

 

 

   Es un hecho observable que uno deviene consciente de sí mismo solo cuando está atrapado en el conflicto entre el placer y el dolor, el cual requiere elección y decisión.

 

 

    Es este choque entre el deseo y el temor, el cual causa cólera, lo que es el gran destructor de la cordura en la vida.

 

 

 

    Cuando se acepta el dolor por lo que es, una lección y una advertencia, y se mira profundamente dentro y se le presta atención, la separación entre dolor y placer se desmorona, y ambos devienen experiencia (penosa cuando se resiste, gozosa cuando se acepta).

 

 

 

    Int: ¿Aconseja usted esquivar el placer y perseguir el dolor?

 

 

 

    Mah: No, ni perseguir el placer ni esquivar el dolor. Acepte ambos como vengan, goce de ambos mientras duren, y déjelos partir cuando partan.

 

 

 

    Int: ¿Cómo es posible que yo pueda gozar del dolor? El dolor físico reclama acción.

 

 

 

    Mah: Por supuesto. Y el dolor mental también. La dicha está en la presenciación de él, no en retirarse, ni en apartarse de él.

 

 

 

    Toda felicidad viene de la presenciación. Cuanto más conscientes somos, más profundo es el gozo. La aceptación del dolor, la no resistencia, el coraje y la paciencia, todos éstos abren fuentes profundas y perennes de felicidad real, de dicha verdadera.

 

 

 

 

 

 

    Int: ¿Por qué debe ser el dolor más efectivo que el placer?

 

 

 

    Mah: El placer se acepta rápidamente, mientras que todas las facultades del sí mismo (ego) rechazan el dolor.

 

 

    Como la aceptación del dolor es la negación del sí mismo (ego), y el sí mismo (ego) se interpone en la vía de la verdadera felicidad, la aceptación sincera del dolor libera las fuentes de la felicidad.

 

 

 

    Int: ¿Actúa de la misma manera la aceptación del sufrimiento?

 

 

 

  Mah: El hecho del dolor se lleva fácilmente dentro del foco de la presenciación. Con el sufrimiento no es tan simple.

 

 

 

    Enfocar el sufrimiento no es suficiente, pues la vida mental, como nosotros la conocemos, es una corriente continua de sufrimiento. Para alcanzar las capas más profundas del sufrimiento usted debe ir a sus raíces y poner al descubierto su vasta red subterránea, donde el temor y el deseo se entretejen estrechamente y las corrientes de las energías de la vida se oponen, se obstruyen y se destruyen entre sí.

 

 

 

    Int: ¿Cómo puedo deshacer un nudo que está enteramente por debajo del nivel de mi consciencia?

 

 

 

 

    Mah: Siendo con usted mismo, el «yo soy»; observándose a usted mismo en su vida diaria con interés alerta, con la intención de comprender más bien que de juzgar, en la plena aceptación de cualquier cosa que emerja, debido a que ella está ahí, usted anima a la profundidad a salir a la superficie y enriquece su vida y su consciencia con sus energías cautivas.

 

 

 

    Éste es el gran trabajo de la presenciación; quita los obstáculos y libera las energías comprendiendo la naturaleza de la vida y de la mente. La inteligencia es la puerta a la liberación y la atención alerta es la madre de la inteligencia.

 

 

 

    Int: Una pregunta más. ¿Por qué el placer acaba en dolor?

 

 

 

    Mah: Todo tiene un comienzo y un final y el placer también los tiene. No anticipe y no lamente, y no habrá ningún dolor. Es el recuerdo y la imaginación lo que causa sufrimiento.

 

 

 

    Por supuesto, el dolor después del placer puede deberse al abuso del cuerpo o de la mente. El cuerpo conoce su medida, pero la mente no. Sus apetitos son innumerables e ilimitados. Observe su mente con gran diligencia, pues ahí se encuentra su esclavitud y también la llave de la liberación.

 

 

 

    Int: Mi pregunta todavía no ha sido plenamente respondida: ¿Por qué son destructivos los placeres del hombre? ¿Por qué encuentra tanto placer en la destrucción?

 

 

    El interés de la vida se encuentra en la protección, la perpetuación y la expansión de sí misma.

 

 

    En esto es guiada por el dolor y el placer. ¿En qué punto se tornan destructivos?

 

 

 

    Mah: Cuando la mente domina, recuerda y anticipa, deviene exagerada, distorsiona y ciega. El pasado es proyectado en el futuro y el futuro traiciona las expectativas.

 

 

    Los órganos de sensación y de acción son estimulados más allá de su capacidad e inevitablemente se vienen abajo.

 

 

    Los objetos de placer no pueden dar lo que se espera de ellos y se gastan, o se destruyen por el abuso.

 

 

    De todo ello resulta un exceso de dolor donde se buscaba el placer.

 

 

 

 

 

 

 

 

    Int: ¡Nosotros no solo nos destruimos a nosotros mismos, sino a otros también!

 

 

 

    Mah: Naturalmente, la egoismidad (egocentricidad) es siempre destructiva.

 

 

    El deseo y el temor, ambos son estados egocéntricos.

 

 

    Entre el deseo y el temor surge la cólera, con la cólera surge el odio, con el odio surge la pasión por la destrucción. La guerra es el odio en acción, organizado y equipado con todos los instrumentos para la muerte.

 

 

 

    Int: ¿Hay algún modo de acabar con estos horrores?

 

 

 

    Mah: Cuando más gentes lleguen a conocer su naturaleza real, su influencia, por sutil que sea, prevalecerá y la atmósfera emocional del mundo se suavizará.

 

 

    Las gentes siguen a sus líderes y, cuando entre los líderes aparezca alguno, grande de corazón y de mente, y absolutamente libre de pretensiones egocentradas, su impacto será suficiente para hacer imposibles las crueldades y crímenes de la presente edad.

 

 

 

 

 

 

 

    Entonces puede venir una nueva edad de oro y durar por un tiempo, y sucumbir finalmente a su propia perfección. Pues la bajamar comienza cuando la pleamar está en su punto más alto.

 

 

 

    Int: ¿No hay ninguna cosa tal como la perfección permanente?

 

 

 

    Mah: Sí, la hay, pero incluye todas las imperfecciones.

 

 

    Es la perfección de nuestra verdadera naturaleza la que hace todas las cosas posibles, perceptibles, interesantes.

 

 

    No conoce ningún sufrimiento, pues ni desea ni detesta, ni acepta ni rechaza.

 

 

    La creación y la destrucción son los dos polos entre los que teje su modelo siempre cambiante. Líbrese de las predilecciones y preferencias y la mente, con su fardo de aflicción, ya no será más.

 

 

    Int: Pero yo no soy el único que sufre. Hay otros.

 

 

   Mah: Cuando usted va a ellos con sus deseos y temores, usted meramente aumenta sus pesares.

 

 

    Libérese primero del sufrimiento usted mismo y solo entonces espere ayudar a otros.

 

 

    Usted ni siquiera necesita esperar, su existencia misma será la mayor ayuda que un hombre puede dar a sus semejantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: extracto del libro Yo Soy Eso, Sri Nisargadatta Maharaj