7   PASOS   PARA   EL

AUTÉNTICO   SILENCIO

 

 

 

 

    No es suficiente con mantener la boca cerrada si nuestra mente no

calla, hay que ir mucho más allá, descubre en este post los 7

pasos para el auténtico silencio.

    Los siete pasos del silencio son los complementos, los puentes,

o pasos, que nos llevan a las profundidades del conocimiento, aumentan

nuestra fuerza esencial y liberan energía creativa en el mundo, una

contribución que no sólo todos podemos hacer, sino que es de suma necesidad.

 

Primer paso: Escuchar

 

    La gente a menudo habla de abrir el tercer ojo, pero nuestro verdadero

paso hacia una comprensión cada vez mayor es abrir ¡nuestro tercer

oído! Eso significa ajustar al yo de manera que entienda qué es lo

que realmente se le está diciendo.

    Eso requiere que yo cree una quietud en mi interior, alejando lo más

lejos posible los condicionamientos de mi personalidad, de mí mismo y

de mi forma de pensar, de modo que no interprete el nuevo

conocimiento según viejos patrones.

    Necesito distanciarme un poco de mí

mismo para poder escucharme.

    Escuchar es crear ese espacio respetuoso entre yo y los demás,

espacio que facilita una comprensión real de qué es lo que los demás

están intentando decirme. Escuchar por el “tercer oído” crea un

vínculo de empatía: una calma atenta y una abertura que

enfoca la mente para que la realidad pueda ser captada.

 

Segundo paso: Reflexión

 

    La reflexión es un paso necesario para asimilar el conocimiento,

para mostrar que yo entiendo lo que escucho.

    La reflexión es un ejercicio de la mente y el intelecto que

profundiza en la comprensión de una idea, con la intención de

llevarla a la práctica en la vida diaria.

    Los valores en mi vida indican que el conocimiento ha sido

asimilado; sin eso, el conocimiento sencillamente se queda en algo bonito,

en información interesante y de agradecer contenida en mi intelecto,

pero sin la capacidad de darme fuerza porque es tan sólo

algo externo; no ha sido interiorizado.

    Toda acción de calidad, toda nueva percepción o visión, requiere

un espacio para la reflexión en silencio como paso preliminar. La reflexión

es el trampolín para zambullirse en la piscina de la acción de calidad.

    Una mente y un intelecto que no dedican tiempo ni atención al

silencio reflexivo se vuelven perezosos, aunque externamente haya

mucha actividad durante horas y horas. No se alcanzan nuevas

cumbres porque no hay profundidad de conciencia en lo que estamos

haciendo, ni reflexión en cuáles son nuestros objetivos, ni una

intención definida. En consecuencia, quedamos atrapados en la trampa de la rutina.

    Para librarse de esa fuerza, aliviar la mente del peso del estrés y de

la rutina devastadora, necesito entrar y reflexionar en quién soy y

dónde voy, y estudiar de nuevo mi sistema de valores.

 

 

 

 

Tercer paso: Concentración

 

    Cuando reflexionamos adecuadamente, empezamos

a ahorrar energía mental. Cuando la leche se cuaja, poco a

poco reduce su volumen hasta que se convierte en mantequilla. Cuando

nosotros tenemos algunas ideas o pensamientos sobre algo en

particular y reflexionamos de la manera correcta, todas estas ideas

empiezan a ser más nítidas y claras, es decir, más esenciales.

    Llevar nuestros pensamientos hacia la esencia

se llama concentración.

    Tal concentración es natural y no forzada. No podemos concentrarnos

de manera natural a menos que estemos en el proceso de reflexión.

Cuando la mente llega a ese punto de concentración en el que la

energía mental se conserva, entonces recibimos poder. Se abre una

fuente interna de energía, la cual fluye a través de nosotros y

nos hace subir a otro nivel de conciencia.

    La concentración natural es cuando la mente puede sostener un

pensamiento durante largo tiempo, cuando los pensamientos

están bajo nuestro propio control.

    Sin concentración la mente va aquí, allá y a todas partes, saltando

como un mono de rama en rama, de idea en idea. Cuando hay una

concentración natural, nosotros dominamos nuestra mente y hay paz.

Esa concentración puesta en un solo pensamiento, que podemos

mantener durante todo el tiempo que queramos, poco a poco

acumula fuerza en la mente y en el yo.

    Una mente fuerte es una mente pacífica, estable, contenta y que

puede permanecer en la esencia de un pensamiento. No desperdicia

debido a pensar demasiado o a pensar deprisa; esas son las dos

enfermedades más grandes de la mente en estos días, y es por

eso por lo que hay tanto estrés y depresión nerviosa.

 

 

Cuarto paso: Conexión

 

    Una vez dominemos el arte de la concentración, podremos

experimentar el cuarto paso de la meditación, que es la conexión.

Con nuestro poder de pensamiento conectamos con los sentimientos

originales y estamos en paz. Nos conectamos a nuestro enchufe y

sentimos pasar la corriente, y cuando nos conectamos

experimentamos el quinto paso de silencio.

 

 

 

 

 

Quinto paso: Absorción

 

    El yo es absorbido en la paz espiritual. Para que esta conexión

y absorción tengan lugar, el pensamiento no puede estar distraído,

de lo contrario se produce un cortocircuito y la energía que fluye se

para porque el pensamiento se ha desconectado del enchufe.

    Si el pensamiento está lo bastante concentrado, la mente es

capaz de trascender lo ordinario, absorber las cualidades de lo divino

y aprender el significado de la excelencia interna y de la liberación.

    Por consiguiente, nosotros nos concentramos, conectamos y

absorbemos energía pura dentro del yo. Cuanto más profunda es

la concentración, más grande es la absorción en el yo de las

cualidades irradiadas por la divinidad

 

 

Sexto paso: Llenarse

 

    Cuando el yo absorbe la energía de paz, o toda la energía positiva

que necesita, se llena a sí mismo completamente con esta cualidad.

Si la concentración sigue intacta, la absorción y recarga ocurre de

forma bastante natural y automática.

 

 

Séptimo paso: Donación

 

    Donar es el paso final del silencio. Tenemos el yo lleno con una

cualidad particular que empieza a fluir fuera de nosotros. Permitimos

a esa cualidad que toque la atmósfera de nuestro alrededor y

conscientemente done esa vibración al mundo, permitiendo sentirlo

y absorberlo a aquellos que lo necesiten.

    Este es el último paso de la verdadera meditación,

a menudo referida como el estado “faro”.

    Un faro permanece quieto y estable en una posición y emite

luz a su alrededor. Nosotros podemos hacernos conscientes de

una cualidad original del yo, llenarnos a nosotros mismos de ella

y después, de manera muy natural, dejarla irradiar desde la mente.

    Uno de los aspectos más importantes en este paso del silencio es el

vínculo con la Energía Suprema. Establecemos ese vínculo con la

Fuente Suprema, absorbemos de esa Fuente, llenamos nuestro yo de

esa Fuente y, después, damos todo lo que esa Fuente nos ha dado.

 

 

 

 

 

 

Fuente: evolucionconsciente.org

 

 

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