Lo   Inmanifestado

y   lo   Manifestado

( recordando  lo   que   Es )

 

 

 

 

    La nueva visión que actualmente aporta la ciencia sobre el vacío y la realidad

está muy asentada en antiquísimas culturas espirituales y místicas -sobre todo,

orientales- que, a propósito de Dios (o como cada cual prefiera denominarlo), lo

perciben y describen como lo Inmanifestado (Vacío, Nada, No-Ser) y su

Manifestación (Plenitud, Todo, Ser).

    Y tal como la vibración del vacío (“nada”) está en el origen de la existencia de

“algo”, la vibración de lo Inmanifestado es lo que hace factible que surja lo Manifestado

y, con ello, la Creación.

    Como se señala en el Sutra del Corazón o Sutra de la Esencia de la

Sabiduría (es el más popular de todos los textos budistas y cuenta con catorce

shlokas o versos en sánscrito): “En el Vacío no hay forma; la forma es el Vacío

y el Vacío es forma”.

    Es así como del Vacío emanan las formas y como lo Manifestado deviene de lo

Inmanifestado: el Ser del No-Ser, el Todo de la Nada.

    La respuesta se halla en la Vibración del Vacío y en su despliegue y desenvolvimiento.

Como afirmó el místico sufí Ibn Arabí, el Universo es la sombra de Alá…

Hoy, gracias a los avances científicos, se está en condiciones de discernir mejor esta

doble dimensión de cuanto es y existe, de la Creación y el Cosmos: la subyacente, lo

Inmanifestado; y la superficial, Manifestación de lo Inmanifestado.

    La dimensión subyacente podemos describirla analógicamente como Vacío:

Nada, No-Ser. Lo que enlaza con la percepción y visión sostenida por corrientes

espirituales muy antiguas que nos hablan del Vacío como origen y sostén del Todo y,

por tanto, de un Vacío, que siendo tal, llena el Todo. Por ejemplo, gracias a las

aportaciones de la ciencia contemporánea podemos entender mejor lo expresado por el

filósofo y místico hindú Nagarjuna en torno al año 200 d.c.: "No puede denominársele

Vacío, ni tampoco No-Vacío". Pero se le llama de este modo para dejar claro que está más

allá de todo lo Manifestado, del mundo de las formas -sea cual sea su masa aparente-

y de los fenómenos -en cualquiera de sus manifestaciones-.

 

 

 

 

    En cuanto a lo Manifestado, la Vibración que emana de manera natural

del Vacío, de lo Inmanifestado, es una Vibración Primigenia y Pura (VPP).

Su frecuencia vibracional es incomparable con relación a la vibración de cualquier

partícula que sea algo (materia, energía…). Y del despliegue de la VPP surge

lo Manifestado.

    Todo lo cual define y establece el marco apropiado para compartir sobre Dios:

¿qué es, en qué consiste, existe?, ¿cuál es su lugar en el contexto de lo que se

viene compartiendo?...

    La idea de Dios que mayoritariamente comparten todavía los seres humanos es

la de algo o alguien “exterior” a ellos, separado, lejano. Esto provoca, por ejemplo,

que la gente se posicione mentalmente como creyente o no creyente. Los creyentes

sí creen en la existencia de ese Dios externo, por lo que suelen profesar un determinado

credo o religión; los no creyentes no creen en tal existencia y no hacen suya ninguna fe.

Ambas posturas –creyente y no creyente- parecen rotundamente opuestas y sus agrias

controversias son abundantes, tanto hoy día como en la historia de la Humanidad.

    Sin embargo, las dos participan de idéntica base y tienen un mismo principio y

fundamento: la visión de un Dios exterior, distante, ajeno a nosotros mismos. Al concebir

un Dios exterior –para afirmarlo (creyente) o para negarlo (no creyente), da igual-, las

personas se desunen mentalmente de la divinidad y se contemplan a sí mismos como

algo separado de ella.

    La consecuencia directa es la identificación con un yo material, emocional y mental:

el cuerpo físico, los sentidos corpóreo-mentales, los pensamientos y emociones que,

por medio de éstos, experimenta la personalidad y, por fin, el ego y la “naturaleza

egocéntrica” a todo ello ineludiblemente asociados. Sin embargo, Dios no se

corresponde con esta percepción que mucha gente aún hace mentalmente suya. 

 

 

 

 

 

Fuente: emiliocarrillobenito.blogspot.com

 

 

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