EL   OJO   DE   LA CONTEMPLACIÓN:

LA  CONCIENCIA   TESTIGO

 

 

 

 

    Cuando descanso en el simple testigo omnipresente estoy enfrente

mismo del Espíritu. Eckart dijo que “Dios se halla más cerca de mí que yo”.

No podemos alejarnos de él, porque siempre somos él. Éste es también el motivo

por el cual los budas nunca han entrado en ese estado y los seres sensibles

jamás lo han abandonado.

    Cuando descanso en el testigo puro y simple advierto que esta conciencia

no es experiencia. Es consciente de las experiencias pero no es, en si misma,

una experiencia. Las experiencias van y vienen, aparecen y desaparecen, tienen

un comienzo en el tiempo, perduran durante un tiempo y terminan desvaneciéndose...

    Cuando descanso en el testigo puro y simple, comienzo incluso a advertir que el

testigo no es una entidad o una cosa separada de lo que atestigua. Todas las cosas

emanan del testigo y el testigo mismo se derrama en todas las cosas.

 

 

 

 

    Creemos que perder nuestro prestigio es como morir, lo que es

profundamente cierto: ¡no queremos perder nuestro prestigio porque no queremos morir!,

¡no queremos perder la sensación de identidad separada! Pero ese miedo primordial a

perder prestigio es en realidad la raíz de nuestra agonía mas profunda, porque el intento

de protegernos –de salvar nuestra identidad cuerpo mente- es el propio mecanismo del

sufrimiento, el propio mecanismo que termina escindiendo el Kosmos en un interior versus

exterior, fractura brutal que experimentamos como sufrimiento.

    Buscar al testigo es equivocarse por completo, porque el mismo hecho de buscar

constituye el principal de los errores ¿Cómo sería posible buscar lo que ahora mismo

es consciente de esta página? ¡Tú eres eso! Es imposible buscar al buscador.... Antes

de que Abraham fuera, yo ya era. Antes del Big-Bang, yo ya era. Y después de que

el Universo se disuelva, yo seguiré siendo. En todas las cosas grandes o pequeñas, yo soy.

Y jamás podré ser visto, oído, sentido ni conocido. Yo soy es el testigo omnipresente.

    Poco importa pues lo que vea en un determinado momento, ya que la realidad esencial

no es nada que pueda verse, sino el vidente mismo. Poco importa pues, que

experimentemos paz o inquietud, felicidad o tristeza, porque todos estos son objetos de

nuestra conciencia y el testigo que los experimenta es ya libre.

    No es que tenga que traer esa conciencia simple a la existencia, ni tampoco que deba

de tratar de entrar en ese estado. No tengo que hacer el menor esfuerzo, solo darme

cuenta de que ya soy consciente de los cielos, percatarme de que ya soy consciente de

las nubes, advertir que el testigo omnipresente se halla ya completamente operativo y que

no es algo difícil de alcanzar, sino por el contrario imposible de evitar. Nunca he dejado

de estar inmerso en esa conciencia omnipresente, la vacuidad esencial de la que

emana toda manifestación.

 

 

 

 

 

    El Espíritu es lo único que no ha estado ausente, lo único que ha

permanecido inmutable en medio del flujo incesante de la experiencia.

Y esto es algo que usted sabe desde hace literalmente millones de años y no hay,

en consecuencia, nada que le impida reconocerlo. Si usted comprende esto,

descansa en lo que comprende, y eso precisamente es el Espíritu. Si usted no lo

comprende descansa en lo que no comprende y eso, precisamente es el Espíritu.

Por toda la Eternidad solo hay Espíritu, el testigo de este, y de este, y también de este

instante... hasta el mismísimo fin del mundo. 

 

 

Fuente: extracto de “El ojo de la contemplación”, de Ken Wilber

 

 

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