Entrevista inédita a Claudio Naranjo

(extracto)

PRIMERA PARTE:

EL MUNDO Y EL DIABLO

 

 

 

 
 

"T O D O S   L O S  D I O S E S   S O N  M A N E R A S 

D E   H A B L A R"

 

El famoso libro El despertar de la Contracultura, de Theodor Rostaz,

da un papel importante a las sustancias visionarias, aunque se muestre muy

crítico con el uso de las mismas y la generación de un cultura lisérgica...

crítica que comparto

    Yo creo que el LSD contribuyó al despertar de la Contracultura,

pues estos fármacos desprograman, te vuelven al origen. Por eso se han

perseguido estas sustancias bajo excusas médicas como la adicción o el daño.

    Aunque no haya que menospreciar estos peligros, creo que ese punto

de vista oficial es como un disfraz, puesto que algunas drogas llevan a la

gente a no depender tanto del Sistema. Nos hacen descreídos.

 

¿Qué consejo darías a una persona que busca conocerse?

    Respetar su sentido de búsqueda, ser más verdadero,

tratar de hacer el menor daño posible: meditar, intentar desarrollar

una actitud empática, sentir a los otros, no enfrascarse en la propia vida.

    Proponerse el amor como una obligación no funciona, pero proponerse tener un

corazón más grande sí.

 

Cuando hablas de un mundo distinto, ¿por dónde crees que puede venir el cambio?

    En cada uno para todos. Hay un estado normal del sufrimiento y un

estado mejorable de conciencia. Hablo de cosas espirituales. La vida toma

un sentido mayor si uno está encaminado, es como si hubiéramos venido a

este mundo a fructificar, a acercarnos al centro de la vida, a una vida más

profunda... La mutación consistiría en volver a recuperar esa dimensión en la que

el mundo se curaría, pero recuperar esa posibilidad sin el autoritarismo de las iglesias.

    La gente busca otras fuentes. Yo tengo mucha fe en la entrega a la espontaneidad,

en que la naturaleza lo sabe, el animal interno sabe más que nosotros. Yo uso el

movimiento espontáneo: movimiento auténtico, no moverse hasta que suceden las cosas.

    El movimiento es el pretexto, es una sintonía con una fuente que va más allá de

las motivaciones de la mente ordinaria. Yo creo en el fenómeno de la inspiración,

como cuando los poetas dicen que es la musa la que baja.  La mayor parte de lo que

sé del eneagrama (las descripciones de las personalidades) me llegó a través de la

escritura automática. Dejándome llevar el lápiz en el papel se movía solo, como

si me hubiera querido enseñar a no tener prejuicios. Después me sucedió algo

caminando en el desierto, como si se me estuviera enseñando a obedecer hacia

dentro, a ser mandado por una parte de mi mente. Entonces, en un momento dado,

me vinieron una serie de conocimientos.     La meditación es un elemento, en el

sentido de no hacer nada, estar en el silencio, en la paz, esa es una dimensión.

Pero dejarse fluir me parece un buen complemento, que no se ponga la

meditación demasiado seca...

 

 

 ¿Crees que otra religión es posible?

    Sí, con espíritu... pero sin religión rígida. Todos los dioses son

maneras de hablar. Los griegos sabían que Homero hablaba con humor

sobre los dioses.  No existe esa sensación en los textos sagrados monoteístas.

En Homero se manifiesta amor por los dioses, pero nada de sentirlos como seres

superiores que nos van a juzgar o a castigar. Es como si Homero supiera que hay

una forma divertida de hablar de religión. Por ahí...

 

Volvamos a tierra. Imagínate que Obama se volviera loco y te dijera:

Claudio, vamos a nombrarte ministro de Educación en los

EEUU, ¿qué cambiarías en la escuela?

    Le daría menos espacio a la propia enseñanza para introducir

humanidades no verbales, apoyaría la educación vivencial y

colaborativa tipo scoutismo, que consiste en hacer cosas juntos.

    Educación para las relaciones humanas desde la convivencia.

    Una educación para la democracia tiene que pasar porque la gente

restablezca relaciones humanas desde la  confianza, con sentido de grupo

sin que nadie quiera destacar a costa de los demás.

    Debemos recuperar la ilusión por el grupo, por saber que a veces se puede

y se debe llegar más lejos con el grupo. La belleza que establece una relación

auténtica, el sentido de hermandad, todas esas cosas... y, sobre todo, acabaría

con el énfasis en las notas escolares, que perjudican los procesos y maduran

a la gente a la fuerza, a través del sustituto intelectual propiamente dicho.

    Conozco una escuela en Ecuador, donde a los padres se les dice que acepten

una premisa: a sus hijos no se les va a enseñar nada... los niños aprenden

pero no porque se les enseñe. Se practican una serie de juegos y problemas

matemáticos muy avanzados, se los sigue cuidadosamente. El problema es

que los educadores están también bastante enfermos. En este sentido, la educación

es la vanguardia de la enfermedad social que avanza...

 

    Claro, los educadores transmiten a menudo los males del mundo.

Sin embargo, hay gente que piensa de otra manera para otro mundo.

En tu última conferencia en Madrid te apoyaste en Rosseau y su idea

del salvaje feliz. ¿De verdad crees, como psiquiatra que eres, que el hombre

es bueno por naturaleza y que la sociedad le hace malo?

¿O el niño viene ya con sus problemas?

    Hay niños con un carácter más agresivo que otros, sin embargo,

el temperamento es como una cristalización del comportamiento. El niño posesivo

crece hasta convertirse en un temperamento cínico y niega la verdad o la

bondad, tomando el rol de malo. Lo que no quita para reconocer que tenía razón

Rosseau al decir que tenemos un potencial amoroso y de autoconocimiento. Pues

lo cierto es que hay un mal sistémico en la sociedad. Basta entender el hecho de

que algunos primitivos fueran más nobles que nosotros... aunque hay y hay

primitivos. He conocido muchas tribus, una de ellas recibía a un misionero que

les bajaba cosas desde un helicóptero, hasta que bajo él y se lo comieron...

¡Y quién sabe si no hicieron bien! (risas)

    Es posible que él creyera que con los regalos les había convencido.

O quizá tenían hambre. Así que yo preferí no acercarme.

 

Bueno, visto lo visto... el hombre no parece bueno del todo

    Freud decía que las civilizaciones son un mal necesario para mantenernos

en control, porque somos un poco malos. Y este orden nos permite mantener

la condición humana que al final es una condición neurótica, necesaria, inevitable,

una tragedia de la vida... Freud decía que necesitamos ser controlados.

Siempre he visto al Freud social como alguien profundamente represor. Ni qué

decir de Maquiavelo o de Hobbes, que era el miedo encarnado. Pero esa idea

pesimista del poder forma parte de la más pura tradición occidental liberal, que

por otra parte ha permitido el respeto a los derechos.

    Desde este punto de vista es como si fuéramos niños malos y por tanto

nos castigaran y necesitáramos que el Estado ejerza una violencia legítima

para mantener los signos no violentos...

 

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