"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

EL   MIEDO

Y

LA   ABEJA

 

 

 

 

    Quiero contaros algo que me sucedió este verano durante mi estancia en el retiro intensivo de ‘Arun Tacto Consciente’ en Almería.

 

    A veces la vida te habla de formas tan distintas que depende de donde tengas puesta tu atención la oyes…, o no. Pero claramente siempre te habla…, es cierto que la circunstancia en la que me encontraba, después de días intensivos de meditación a través del tacto y liberación emocional, desarrollaron en mí una escucha presente y silenciosa que mantenía mi atención enfocada justo en el único momento que importa: EL PRESENTE.

 

    Mi mente se encontraba tranquila, observando el vaivén de mis pensamientos, los cuales habían ido bajando de intensidad y a menudo parecían ya de ‘otro’… Había espacio en mí, mi cuerpo estaba ligero, cómoda en mi piel, me acompaña una sensación de vacío que lejos de asustarme me asombraba por su cualidad de paz y su ligereza, era como si algo me moviera sin ninguna voluntad por mi parte.

 

    Los días pasaban, y también es verdad que la experiencia traía todo tipo de sensaciones, paz, alegría, gratitud, tristeza, angustia y dolor…todo estaba perfectamente sucediendo…, y el denominador común de todo era un estado de percepción desapegado y entregado, como si hubiera un testigo sentado encima de mi cabeza que tenía el poder de dejarme ver cómo todo acontecía en mí y cómo todo se iba sin dejar rastro.

 

 

 

 

    Era principio de septiembre en la sierra de Almería, si bien el calor nos había dado una tregua, los días seguían siendo largos y la vida seguía su ciclo natural propio de esa estación del año. Así que nos acompañaban en la hora de la comida, en un espacio exterior, todo tipo de insectos voladores que danzaban libremente a nuestro alrededor, moscas, mosquitos, y sobre todo abejas…

 

    Desde pequeña sentía un pánico aterrador hacia las abejas. Creo que algo en mi inconsciente se grabó cuando a los 7 años de edad más o menos fui de vacaciones al pueblo de mi padre. Nos alojábamos en la casa de unos amigos de la familia, y al llegar salieron a recibirnos. Recuerdo la imagen de un niño con el ojo como una pelota de ping pong por la picadura de una abeja. No podía abrir el ojo, estaba inflamadísimo y se quejaba mucho.

 

    Tal fue el impacto que, desde entonces y sin haberme picado ninguna, cada vez que se acercaba alguna saltaba tres metros o salía corriendo en dirección opuesta.

 

    El caso es que, con el tiempo, ese pánico fue perdiendo fuerza, pero aun así algo en mi cuerpo reaccionaba ante ellas, era completamente instintivo. Como si esa memoria me alertara de un peligro desconocido, y esa es la paradoja.

¿Cómo puedes tenerle miedo a algo que desconoces?

 

 

 

    Pues bien, un día a la hora de la comida compartía mesa con algunos compañeros del grupo. La chica que estaba sentada enfrente mío me reflejaba justo lo contrario, las abejas revoloteaban alrededor de ella, entre su pelo, se paraban en su mano, y ella simplemente las acompañaba a irse. Yo miraba entre admiración y perplejidad, mi miedo no me permitía comportarme con semejante naturalidad.

 

    Al fin una se paró en la jarra de agua con la mala fortuna que cayó dentro, mientras empezaba a ahogarse, la chica en cuestión se apresuró a rescatarla con una cuchara. Yo estaba justo delante mientras la sacaba y no pude evitar retirarme bruscamente de la mesa mientras le gritaba: – ¡Te va a picar! ¡Te va a picar! – ella me miró extrañada y con dulzura acompañó al bichito hasta una piedra al sol para que volviera a volar. Y voló…

 

    Así me di cuenta de cómo el miedo es la consecuencia de una ‘idea siempre mental’, de algo que nunca me ocurrió directamente pero que podría ocurrir. Sin embargo no estaba ocurriendo…

 

 

 

    Media hora más tarde habíamos quedado en el aparcamiento para marcharnos a Almería capital dirección a unos baños árabes, teníamos la tarde libre, y el grupo se estaba distribuyendo entre los coches.

 

    Yo me encontraba charlado con otra compañera, tranquilamente, inmóvil, con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón y la derecha apoyada en mi cadera. De repente, y sin esperarlo, sentí un picotazo que duró unos segundos, como si algo se clavara en mi dedo meñique de la mano derecha, muy intenso y a la vez tirante. Hice un gesto de aspaviento con la mano, y ahí vi como salía disparada una abeja ya sin su aguijón. Lo había depositado en mi dedo. Los minutos que siguieron fueron de sorpresa y confusión por mi parte, me había picado, y no sabía cómo reaccionar, de repente alguien me quitó el aguijón, dolía, me quedé quieta sin saber qué hacer mientras otra compañera corría a por barro…, la compañera con la que hablaba me untaba esencia de auro-soma…, todo a mi alrededor se movía, pero yo solo sentía que dolía…, y no pasaba nada más.

 

    Desde el espacio de paz interior en el que me encontraba puede ver cómo funciona el miedo en algo tan simple como que te pique una abeja por primera vez.

 

    Todos estos años teniéndole miedo a algo que solo duele, y que como todo tal y como viene…se va.

 

    Nunca el dolor fue tan intenso como el miedo a tenerlo.

 

    Me pregunté con cuántas cosas hago eso en mi vida, y algo en mi interior hizo un ‘clic’ que me permitió vivir con libertad ese proceso que duró dos o tres días, desde que el dedo se inflamó hasta volver a su estado habitual, presente y sin perderme ni un instante.

 

 

 

 

    La vida tan sabia hablándome a través de una abeja, para comprender la naturaleza del miedo, un miedo que siempre es producto de un estado mental de proyecciones y que como tales nunca puedes afrontar,  solo puedes afrontar el momento PRESENTE. Y es ahí donde la vida despliega su magia, ese es el único momento y el único lugar en el que puedes dejar que te hable…y aprender a escucharla.

 

    Desde aquí gracias a esa abeja que dio su vida para que yo hoy sea un poco más libre del miedo.

 

Marta Valadés.

 

 

 

 

Fuente: www.proyectolibremente.com