"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

E L    L I B R O 

D E    L A    V I D A

 

 

    En 1934, Krishnamurti dijo: «¿Por qué queremos ser estudiantes de libros, en lugar de ser estudiantes de la vida? Averigüen qué es falso en el medio que los rodea, con todas sus opresiones y crueldades, y entonces descubrirán qué es lo verdadero».

 

    Señaló repetidamente que «el libro de la vida», siempre cambiante, con una vitalidad que no puede ser contenida por el pensamiento, era el único digno de «leerse», ya que todos los demás estaban llenos de información falsa.

 

    «La historia de la humanidad se halla en ustedes; allí están la vasta experiencia, los miedos profundamente arraigados, las ansiedades, el dolor, el placer y todas las creencias que el hombre ha acumulado a lo largo de milenios. Ustedes son el libro».

 

 


    

    Su visión consistía en la total y comprensiva observación de la condición humana, en la que cada aspecto de la vida se halla interconectado.


    Krishnamurti comenzó a hablar públicamente en 1929 con una voz que Aldous Huxley describió como plena de una «autoridad intrínseca». Su poderosa exploración en la naturaleza de la verdad y la libertad ha resultado en millones de ejemplares de sus pláticas y diálogos publicados y traducidos a casi todos los idiomas del mundo.


    Krishnamurti, aunque tímido y retraído, ofreció centenares de pláticas, pronunciadas sin notas previas ni preparación alguna, las cuales desarrollaban esencialmente un tema primordial: la verdad puede ser descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente, en un solo instante.

 

    Sus pláticas cubren la escala completa del conflicto y el interés, tanto en lo personal como en lo social. Al observar la profundidad y el alcance de nuestra conducta tal como se revela en el instante de la observación, surge la acción indispensable para transformarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad.

 

     Cuando alguien que asistía a sus pláticas le preguntó por qué hablaba y qué quería lograr, Krishnamurti respondió:

 

    "Quiero revelarles algo, quizás el modo de descubrir qué es la realidad -no el modo en el sentido de un sistema, sino cómo proceder al respecto-. Y si ustedes pueden descubrir esto por sí mismos, no habrá uno que les habla, hablaremos todos sobre ello, todos expresaremos esa realidad de nuestras vidas, donde quiera que nos encontremos [...]. La verdad no puede ser acumulada. Lo que se acumula es destruido siempre, siempre se deteriora. La verdad jamás puede deteriorarse, porque sólo puede ser descubierta de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si ustedes y yo podemos descubrir eso y vivirlo -el vivirlo es, en sí mismo, el descubrimiento-, entonces no nos convertiremos en propagandistas; seremos seres humanos creativos; no seres humanos perfectos, sino creativos, lo cual es inmensamente distinto. Por eso, creo, estoy hablando, y quizá por eso están ustedes escuchando".

 

 

 

 


    Sólo existe el problema; no hay respuesta; en la comprensión del problema está su disolución.

 

    A menudo, cuando se le formulaba una pregunta, Krishnamurti respondía: «Averigüemos qué entendemos por...», examinando así la pregunta y abriéndola a la investigación en vez de dar inmediatamente una respuesta.

 

 

 

    Para Krishnamurti, sondear una pregunta o un problema alimentaba esa investigación de un modo mejor que estar persiguiendo lógica e intelectualmente la búsqueda de una respuesta.


    Krishnamurti señalaba que el diálogo con sus oyentes en las pláticas que ofrecía no era intelectual y no se hallaba anclado en pensamientos e ideales.

 

    Dijo: "Después de todo, el propósito de estas pláticas es comunicarnos el uno con el otro; no es el de imponerles una determinada serie de ideas. Las ideas jamás cambian la mente, jamás originan su transformación radical. Pero si, como individuos, podemos comunicarnos el uno con el otro, al mismo tiempo y en el mismo nivel, entonces quizás habrá una comprensión que no es tan sólo propaganda... de modo que estas pláticas no tienen de ninguna manera la intención de disuadirlos ni persuadirlos acerca de nada, ya sea de hecho o subliminalmente".


    Krishnamurti hablaba con extraordinaria sencillez, no como lo hace un gurú o un maestro religioso con una enseñanza derivativa, con un vocabulario especial, o que se halla atado a alguna secta u organización.

 

    El requerimiento por sus enseñanzas claras y auténticas fue creciendo a medida que recorría el mundo.

 

    Desde la simplicidad de este mundo natural se llega, con una fácil transición, al paisaje interno de confusión, ansiedad y creencias -las preocupaciones generales y personales que la gente traía a sus encuentros con Krishnamurti-.

 


    Krishnamurti se consideraba personalmente poco importante e innecesario para el proceso de comprender la verdad, de vernos a nosotros mismos. En cierta ocasión, se atribuyó la condición de un teléfono, un mecanismo para ser usado por aquel que escuchaba.

 

 

 

    Dijo: "Lo que dice quien les habla tiene poca importancia en sí mismo. Lo realmente importante es que la mente, sin esfuerzo alguno, esté tan atenta que se halle todo el tiempo en un estado de comprensión. Si no comprendemos y tan sólo escuchamos las palabras, nos llevaremos nada más que una serie de conceptos o ideas, estableciendo de un modo un patrón al cual trataremos entonces de ajustarnos en nuestras vidas cotidianas o en las así llamadas vidas espirituales".

 

 Sobre el modo como Krishnamurti consideraba la relación entre dos personas en busca de la verdad dijo:

 

    "Somos como dos amigos que, en un bello día, estamos sentados en el parque conversando sobre la vida, hablando de nuestros problemas, investigando la naturaleza misma de nuestra existencia, y preguntándonos seriamente por qué la vida se ha vuelto un problema tan grande, por qué, aunque intelectualmente somos muy refinados, nuestra vida cotidiana es tan penosa, tan carente de sentido, excepto para la supervivencia -la cual es más bien incierta-. ¿Por qué la vida, la existencia diaria, se ha convertido en una tortura semejante?

 

    Podemos acudir a la iglesia, seguir a algún líder político o religioso, pero la vida diaria es un desorden permanente; aunque haya ciertos períodos ocasionalmente gozosos, felices, nuestra vida se halla siempre rodeada por una nube de oscuridad. Y estos dos amigos, como lo somos ustedes y quien les habla, están discutiendo juntos de una manera cordial, quizá con afecto, con solicitud, con interés, si es de algún modo posible vivir nuestra vida cotidiana sin un solo problema".

 

 

 

 

 

Fuente: extracto de la Introducción de "El Libro de la Vida"