E L    L I B R O 

D E    L A    V I D A

 

 

    En 1934, Krishnamurti dijo: «¿Por qué queremos ser estudiantes

de libros, en lugar de ser estudiantes de la vida? Averigüen qué

es falso en el medio que los rodea, con todas sus opresiones y

crueldades, y entonces descubrirán qué es lo verdadero».

    Señaló repetidamente que «el libro de la vida», siempre cambiante,

con una vitalidad que no puede ser contenida por el pensamiento,

era el único digno de «leerse», ya que todos los demás estaban

llenos de información falsa.

    «La historia de la humanidad se halla en ustedes; allí están

la vasta experiencia, los miedos profundamente arraigados, las

ansiedades, el dolor, el placer y todas las creencias que el hombre

ha acumulado a lo largo de milenios. Ustedes son el libro».

 

 


    

    Su visión consistía en la total y comprensiva observación de la

condición humana, en la que cada aspecto de la vida se halla interconectado.

Krishnamurti comenzó a hablar públicamente en 1929 con una voz

que Aldous Huxley describió como plena de una «autoridad intrínseca».

Su poderosa exploración en la naturaleza de la verdad y la libertad ha

resultado en millones de ejemplares de sus pláticas y diálogos publicados

y traducidos a casi todos los idiomas del mundo.


    Krishnamurti, aunque tímido y retraído, ofreció centenares de

pláticas, pronunciadas sin notas previas ni preparación alguna, las cuales

desarrollaban esencialmente un tema primordial: la verdad puede ser

descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna;

al igual que la vida, está siempre presente, en un solo instante.

    Sus pláticas cubren la escala completa del conflicto y el interés, tanto

en lo personal como en lo social. Al observar la profundidad y el alcance

de nuestra conducta tal como se revela en el instante de la observación,

surge la acción indispensable para transformarnos a nosotros

mismos y a nuestra sociedad.

     Cuando alguien que asistía a sus pláticas le preguntó por qué hablaba

y qué quería lograr, Krishnamurti respondió:

    "Quiero revelarles algo, quizás el modo de descubrir qué es la realidad

-no el modo en el sentido de un sistema, sino cómo proceder al respecto-.

Y si ustedes pueden descubrir esto por sí mismos, no habrá uno que les

habla, hablaremos todos sobre ello, todos expresaremos esa realidad de

nuestras vidas, donde quiera que nos encontremos [...]. La verdad no

puede ser acumulada. Lo que se acumula es destruido siempre, siempre

se deteriora. La verdad jamás puede deteriorarse, porque sólo puede

ser descubierta de instante en instante, en cada pensamiento, en cada

relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas.

Y si ustedes y yo podemos descubrir eso y vivirlo -el vivirlo es, en sí

mismo, el descubrimiento-, entonces no nos convertiremos en

propagandistas; seremos seres humanos creativos; no seres humanos

perfectos, sino creativos, lo cual es inmensamente distinto. Por eso, creo,

estoy hablando, y quizá por eso están ustedes escuchando".

 

 

 


    Sólo existe el problema; no hay respuesta; en la comprensión

del problema está su disolución.

    A menudo, cuando se le formulaba una pregunta, Krishnamurti

respondía: «Averigüemos qué entendemos por...», examinando

así la pregunta y abriéndola a la investigación en vez de dar inmediatamente una respuesta.

 

 

 

    Para Krishnamurti, sondear una pregunta o un problema alimentaba

esa investigación de un modo mejor que estar persiguiendo lógica e

intelectualmente la búsqueda de una respuesta.
    Krishnamurti señalaba que el diálogo con sus oyentes en las pláticas que

ofrecía no era intelectual y no se hallaba anclado en pensamientos e ideales.

    Dijo: "Después de todo, el propósito de estas pláticas es comunicarnos

el uno con el otro; no es el de imponerles una determinada serie de ideas.

Las ideas jamás cambian la mente, jamás originan su transformación radical.

Pero si, como individuos, podemos comunicarnos el uno con el otro, al mismo

tiempo y en el mismo nivel, entonces quizás habrá una comprensión que no es

tan sólo propaganda... de modo que estas pláticas no tienen de ninguna manera

la intención de disuadirlos ni persuadirlos acerca de nada, ya sea de hecho o subliminalmente".
    Krishnamurti hablaba con extraordinaria sencillez, no como lo hace un gurú o

un maestro religioso con una enseñanza derivativa, con un vocabulario especial,

o que se halla atado a alguna secta u organización.

    El requerimiento por sus enseñanzas claras y auténticas fue creciendo a

medida que recorría el mundo.

    Desde la simplicidad de este mundo natural se llega, con una fácil transición,

al paisaje interno de confusión, ansiedad y creencias -las preocupaciones

generales y personales que la gente traía a sus encuentros con Krishnamurti-.
    Krishnamurti se consideraba personalmente poco importante e

innecesario para el proceso de comprender la verdad, de vernos a nosotros

mismos. En cierta ocasión, se atribuyó la condición de un teléfono,

un mecanismo para ser usado por aquel que escuchaba.

 

 

 

 

    Dijo: "Lo que dice quien les habla tiene poca importancia en sí mismo.

Lo realmente importante es que la mente, sin esfuerzo alguno, esté tan

atenta que se halle todo el tiempo en un estado de comprensión. Si no

comprendemos y tan sólo escuchamos las palabras, nos llevaremos nada más

que una serie de conceptos o ideas, estableciendo de un modo un patrón al cual

trataremos entonces de ajustarnos en nuestras vidas cotidianas o en las así

llamadas vidas espirituales". Sobre el modo como Krishnamurti consideraba

la relación entre dos personas en busca de la verdad dijo:

    "Somos como dos amigos que, en un bello día, estamos sentados en el

parque conversando sobre la vida, hablando de nuestros problemas,

investigando la naturaleza misma de nuestra existencia, y preguntándonos

seriamente por qué la vida se ha vuelto un problema tan grande, por qué,

aunque intelectualmente somos muy refinados, nuestra vida cotidiana es

tan penosa, tan carente de sentido, excepto para la supervivencia -la cual es

más bien incierta-. ¿Por qué la vida, la existencia diaria, se ha convertido

en una tortura semejante?

    Podemos acudir a la iglesia, seguir a algún líder político o religioso, pero

la vida diaria es un desorden permanente; aunque haya ciertos períodos

ocasionalmente gozosos, felices, nuestra vida se halla siempre rodeada por

una nube de oscuridad. Y estos dos amigos, como lo somos ustedes y quien les

habla, están discutiendo juntos de una manera cordial, quizá con afecto, con

solicitud, con interés, si es de algún modo posible vivir nuestra vida cotidiana sin un solo problema".

 

 

 

 

 

Fuente: extracto de la Introducción de "El Libro de la Vida"

 

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