DUELO   Y   PÉRDIDA    DESDE  

EL   ENFOQUE  TRANSPERSONAL

 

 

 

 

    La palabra duelo por sí misma nos puede hace sentir incómodos;

muchos tal vez, incluso, pasarán por encima sin querer leer estas líneas por las

creencias supersticiosas de atracción de la fatalidad. Si no es tu caso, o vences esas

resistencias iniciales, puedes acercar tu mirada y compartir esta reflexión abierta acerca

de un proceso tan natural y habitual como es el duelo, un ámbito que conviene no

descuidar en nuestro crecimiento personal.

    La vida está llena de pequeñas y grandes pérdidas que constituyen un campo de

entrenamiento para la gran pérdida, tanto la nuestra como la de nuestros seres queridos.

Sin embargo, y debido a menudo a nuestra falta de preparación, tendemos a estar

anestesiados y faltos de consciencia en relación a lo efímero de la vida. Todos sabemos que

vamos a morir y, sin embargo, cuando alguien de nuestro entorno fallece, lo sentimos

como algo extraordinario y difícil de asumir como parte de la vida.

    Es una paradoja que nos somete a transitar nuestra existencia en ocasiones

de una forma distorsionada, lo que provoca, habitualmente, un dolor y sufrimiento

de gran intensidad.

 

 

 

 

    Hay personas que de forma natural son capaces de ir atravesando las

distintas fases del duelo de una forma autónoma, serena, pausada y sin grandes

complicaciones. Otras, sin embargo, experimentan bloqueos que se alargan en el

tiempo, alterando y complicando el día a día.

    La realidad es que las redes de apoyo social y familiar a veces son insuficientes

cuando toca afrontar el momento de la pérdida de un ser querido, y esto es algo

que a todos, antes o después nos puede ocurrir.

 

 

 

 

 

¿Qué haremos entonces?

    Distintos enfoques psicológicos y espirituales han ofrecido diversas

técnicas para ayudar en esos momentos de profunda conmoción y vulnerabilidad.

Uno de los más recientes es el enfoque Transpersonal. Clica aquí si quieres

profundizar sobre la visión transpersonal de la muerte

    Desde la Psicología Transpersonal, toda crisis supone un momento único de

indagación, un momento en el que nuestras sombras afloran, permitiéndonos

observarlas y, desde ese punto, abrazarlas con compasión. La atestiguación de todos

los temores que surgen en momentos de crisis y duelo permite poner luz, convirtiendo el

dolor en una energía transformadora y abriendo caminos hacia lo profundo, hacia

nuestra dimensión esencial. Cuando nos abrimos a vivir el dolor, sin resistirnos más de lo

necesario a éste, abrimos una puerta directa hacia nuestra verdadera naturaleza,

desplegando una mirada de mayor amplitud, así como un espacio de amor donde

tiene cabida el dolor y, sin embargo, se desarticula el sufrimiento. Desde esta gestión del

dolor se expande en nosotros una comprensión más amplia y profunda de la vida y,

como no, de la muerte.

    El trabajo con el duelo desde el enfoque Transpersonal nos lleva al cultivo de

una actitud de rendición ante lo que hay, actitud desde la que nos podemos dejar “vivir”

la experiencia, por dolorosa que ésta sea, y abrazar lo que surge de la misma, sin forzar

su expresión, simplemente atestiguando lo que aparece de forma sostenida. Este

“atestiguar de forma sostenida”, tarde o temprano, nos conduce a una visión más

profunda, amplia y renovadora. Estar abiertos y despiertos a esas sensaciones de

trascendencia nos puede llevar a comprensiones únicas de gran belleza que nos ayudan

a realizar los ajustes necesarios para comenzar a vivir una “nueva vida” sin esa

persona tan querida.

 

 

 

 

    Uno de los grandes aportes del enfoque Transpersonal al acompañamiento

de personas en duelo o tránsito hacia la muerte, tanto en consulta privada como en

círculos, es el espacio de alivio del sufrimiento que se genera con presencia y

escucha activa, con la atestiguación serena, el silencio consciente y pleno y una

actitud acogedora del dolor, sin juicio y sin pretensión de acelerar el proceso de duelo.

Este espacio surge cuando el propio acompañante se posiciona más allá del plano cognitivo,

y se dispone a acompañar con toda su presencia desde la consciencia cardíaca.

    Las investigaciones actuales indican que, para la elaboración del proceso duelo,

lo más recomendable para los dolientes es una combinación de acompañamiento grupal

e individual, por lo que acercarse a un grupo o círculo de duelo es una decisión que

puede contribuir al alivio del dolor. No en vano se dice que:

 

“la tristeza compartida es media tristeza;

la alegría compartida es doble alegría”

 

    Podríamos preguntarnos si podemos hacer algo más como acompañantes de

personas enfermas o moribundas, o de quien está viviendo un duelo, o incluso si

nosotros mismos estamos en un proceso de salud complicado o atravesando un duelo…

Tal vez nos preguntamos, asimismo, si podemos mejorar nuestra comprensión de lo

que ocurre. La respuesta es sí, por supuesto. Si tenemos la inquietud de hacernos

esta pregunta, esto ya supone el primer paso para poder indagar e implicarnos

en un proceso de crecimiento y desarrollo, un proceso por el que ampliaremos nuestra

propia consciencia, desplegando una mayor confianza y, por tanto, reduciendo

nuestros temores. En definitiva, contaremos con más herramientas para transitar y

afrontar cualquier tipo de pérdida en la vida.

 

 

 

    Y si bien todavía existen muchos prejuicios y tabúes respecto a la

pérdida, la muerte y el duelo que generan grandes resistencias a indagar más sobre

un tema que todos, en algún momento de la vida, nos toca enfrentar, también es cierto

que cada vez hay más personas que quieren aprender sobre el dolor por la pérdida y la muerte.

    Al fin y al cabo, podemos afirmar que ampliar nuestra comprensión

es aprender a disfrutar con mayor consciencia de la vida.

 

 

Fuente: www.escuelatranspersonal.com

 

 

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