"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

Basta con mirar para poder "ver"

 

 

 

Estado de consciencia

    Cada ser humano y en cada momento de su vida se halla con un estado de consciencia determinado. El estado de consciencia es el modo en el que cada uno se ve a sí mismo y contempla, entiende e interpreta la vida, la muerte, el mundo y todo lo que le rodea, así como la escala de valores, las pautas vitales y las prioridades y preferencias con las que experiencia la vida cotidiana.

    Por poner dos ejemplos extremos: si el estado de consciencia es de armonía, amor y alegría, uno se verá a sí mismo, al mundo y a los demás, de manera muy distinta al supuesto de que el estado de consciencia sea de desarmonía, desamor, ofuscación y tristeza.

    En el primer caso, el ser que cada uno somos se encontrará alienado y en concordia con la vida, que será percibida como algo maravilloso; en el segundo, en cambio, se vivirá en “des-alineamiento” con la vida, considerándola como una especie de castigo y manteniéndose peleado con ella y con uno mismo. Y usando terminología científica, cada estado consciencial tiene su propia frecuencia vibracional y evidencia como vibramos, cada cual y en cada momento, interiormente.

    El estado de consciencia de cada cual no es estático, sino que puede variar –lo más frecuente es que lo haga- a lo largo del tiempo, sean días, semanas, meses o años. La experiencia humana pone de manifiesto que con el devenir del tiempo vamos observando, mirando y entendiendo al mundo y a nosotros mismos de formas diferentes; es decir: desde distintos estados de consciencia, cada uno con su correspondiente frecuencia vibracional.

    La llamada “dinámica consciencial” explica estas variaciones en el estado de consciencia y en su gradación vibratoria, y halla su base en el hecho de que, en cada estado de consciencia concreto, vivimos experiencias que tienden a ir modificando nuestra visión de las cosas y a transformar nuestro estado consciencial y, por ende, la frecuencia con la que vibramos. Curiosamente, uno mismo, los otros y el mundo no serán en sentido estricto diferentes, pero en función del estado de consciencia, los contemplaremos de modo muy distinto.

    Y el estado de consciencia y su vibración y los posibles cambios en el mismo, responden a factores estrictamente interiores. Ciertamente, las experiencias vitales se despliegan en el mundo exterior, pero el cómo las contemplamos, vivenciamos y, finalmente, las hacemos nuestras, se relaciona con el interior de cada cual. Por ello, la base de cualquier cambio verdadero es puramente interior. Sin embargo, solemos creer que el mundo exterior se cambia desde el exterior. Comprender la falacia de esto e interiorizar la dimensión interior del cambio, representa una nueva visión y plasma el despertar consciencial.

 

 

Nada está vedado o escondido: que basta con mirar para poder “ver”

 

 

   La consciencia se expande ondular y fractalmente en el contexto de un proceso de preguntas y opciones en el que tomar consciencia no es hallar respuestas, sino formular preguntas.

   Y las preguntas no tienen una respuesta concreta, sino que abren opciones que conducen a nuevas preguntas.

 

   La dinámica consciencial planteada puede ser sintetizada en los cinco puntos o fases siguientes:

 

F A S E S   D E   L A   D I N Á M I C A   C O N S C I E N C I A L

1º) En cada momento presente y con un determinado estado de consciencia, cada persona vive múltiples experiencias cotidianas que le llevan a formularse preguntas. Y hacernos preguntas representa la toma de consciencia.

 

    En cada momento presente y con un determinado estado de consciencia (visión y comprensión de la vida y del mundo, escala de valores, prioridades y preferencias, pautas vitales…) asociado a una frecuencia vibracional concreta,cada persona vive múltiples experiencias cotidianas que le llevan a formularsepreguntas. Hacernos las mismas representa la toma de consciencia.

 

    Es verdad que se nos ha educado –más bien, “formado”, que procede del verbo latino “formare”, que en lenguaje moderno puede ser traducido como“formatear” o “dar forma”- en la convicción de que tomar consciencia es obtener respuestas, lo que nos sumerge en un tremendo estrés y se incluye en el culto a la velocidad que profesa con vehemencia la sociedad actual. Pero lo real es mucho más simple y hermoso: tomar consciencia es, simplemente hacerse preguntas.

 


    Una vez que nos hacemos preguntas, las respuestas vendrán (en el punto siguiente se verá exactamente cómo). Lo hemos visto miles de veces en nuestra vida.

 

   Cuando nos hemos preguntado por algo y lo hemos encontrado, pareciendo asombroso. Pero de asombroso no tiene nada. Son numerosos los ejemplos cotidianos que prueban lo anterior. Entramos en una librería y ¡plaf!, allí delante, en el sitio más vistoso y evidente, se halla el libro, desconocido hasta ese instante para nosotros, que responde perfectamente a lo que en ese momento estábamos buscando. O abrimos el correo electrónico y en la bandeja de entrada encontramos un email que se adecua como anillo al dedo a aquello que bulle en nuestro interior.

    ¿Casualidades?. En absoluto. Ese libro o email hubieran pasado desapercibidos si no fuera porque antes, desde nuestro interior, habíamos“desplegado las antenas” que sintonizan con sus contenidos, es decir, si previamente no nos hubiéramos planteado la temática, cuestiones y preguntas que abordan. Y es que son éstas, las preguntas, las que suponen la toma de consciencia.

 

2º) Las preguntas que nos planteamos no tienen una única respuesta, sino que abren un abanico o haz de opciones, cada una de las cuales tiene su propia gradación vibracional.

    Las preguntas que nos planteamos no ofrecen una única respuesta, sino que abren un abanico o haz de opciones conformado por todas las respuestas posibles. Y cada una de las opciones tiene su propio perfil y su propia cualidad o gradación vibracional.

 

  Sirva como botón de muestra, la hipótesis de que en un momento dado nos planteemos si continuamos o no con nuestra pareja. Aparentemente, esta pregunta -¿Sigo con mi pareja?- admite sólo dos opciones o respuestas: “Sí” o“No”. Sin embargo, tanto dentro del “sí” como del “no”, existen muchas opciones posibles, cada una con una frecuencia vibracional diferente.

    

    Verbigracia: en la esfera del “sí”, puedo decidir continuar con mi pareja porque, tras sopesarlo, he sentido que realmente la sigo queriendo y deseo permanecer con ella. O puedo continuar porque, aun sintiendo que ya no la quiero, romper con ella me obligaría a afrontar unos gastos que mi economía no se puede permitir (máxime en tiempos de apuros pecuniarios y sobre todo, cuando hay una hipoteca de por medio) o conllevaría perder unas comodidades (la muy machista necesidad de que alguien me haga la comida o me lave la ropa) a las que no estoy dispuesto a renunciar.

 

   Igualmente, en el ámbito del “no” se abren distintas opciones. Así, puedo romper con quien hasta ahora era mi pareja explicándole cara a cara, con sinceridad, honestidad y cariño, que ya no la quiero y que no deseo basar mi vida en una mentira ni, desde luego, engañarla. O puedo, simplemente, abandonar el hogar sin dar explicaciones, huir sin más: lo que castizamente se recoge en la expresión “Irse a comprar tabaco”.

    

    En ambos casos -“sí” o “no”- se acaban de formular opciones extremas, existiendo otras muchas intermedias. Valgan, no obstante, para explicar lo que se deseaba: las preguntas que nos hacemos no tienen una única respuesta, sino que cada una abre un abanico o haz de opciones; y cada opción tiene su propia frecuencia vibracional (no gozan de la misma vibración, en clave de armonía y amor, el continuar con mi pareja porque la quiero, o hacerlo por motivos económicos o comodidad; o no seguir con ella, afrontando la ruptura desde el afecto y con franqueza y honradez).

 

 

3º) Todas las opciones posibles, dentro del haz o abanico de opciones que cada pregunta abre, ocurren y suceden a la vez, creando escenarios vitales distintos entre sí en planos diferentes de realidad.

 

    Aunque nos parezca increíble, todas las opciones que una pregunta abre, son reales y acontecen. La Física Cuántica lo ha explicado tradicionalmente con el ejemplo del dado de seis caras: en el momento en el que lo lanzo, no sale un solo número (verbigracia, el 4), sino los seis números (del 1 al 6, ambos inclusive), aunque, eso sí: cada uno en distintos planos de la realidad.

 

 

    Y esto es lo que nos describe actualmente la Teoría de los Multiversos y Universos Paralelos y las Realidades Supersimétricas: continuando con el ejemplo del dado, los seis números posibles salen, todos y cada uno de ellos, en los distintos Multiversos y Universos Paralelos y Realidades Supersimétricas.

 

    Sliding Doors, película de 1998 titulada en castellano como Dos vidas en un instante y que cuenta con Peter Howitt como guionista y director, escenifica un ameno y sencillo acercamiento a lo que se acaba de enunciar a través de las opciones vitales que se abren a la joven protagonista (papel interpretado por Gwyneth Paltrow) a partir del simple hecho de coger o no el metro a una determinada hora. Y la Teoría del Desdoblamiento del Tiempo ofrece la explicación de cómo las distintas opciones plasmadas en distintos planos de realidad (en la película, lo que le pasa a la protagonista tras “sí coger” y “no coger” ese determinado metro) tienden hacia la convergencia en el corto, medio o largo plazo.

 

    Por tanto, ¡todas las opciones posibles, dentro del haz o abanico de opciones que cada pregunta abre, ocurren y suceden!.

 

   En la realidad física, que es cuántica y subcuántica, todas las opciones que cualquier pregunta abre acontecen a la vez (Multiversos y Universos Paralelos y Realidades Supersimétricas) y crean escenarios vitales distintos entre sí en planos diferentes de realidad, que, no obstante, a corto, medio y largo plazo, sea en esta vida física o en otras, tienden siempre hacia la convergencia consciencial en un escenario y estado de consciencia común.

 

4º) De todas las opciones que suceden, somos nosotros mismos los que a esta realidad traemos una opción determinada: aquella que por su frecuencia vibracional sintoniza con el nivel de vibración de nuestro estado consciencial.

 

 

    La mente humana se resiste a aceptar lo anterior y de inmediato lo cuestiona: si esto fuera así y todas las posibilidades acontecen, ¿por qué entonces sólo percibo una? (en el caso del dado, ¿por qué veo sólo en número 4?). La respuesta es sencilla: porque somos co-creadores de la realidad. Es decir: que de todas las opciones que suceden, somos nosotros mismos los que a este Universo y a esta realidad (la de cada uno) traemos una opción determinada (el número 4 en el ejemplo y no ninguno de los otros cinco posibles).

 

    ¿Cuál opción, en concreto, es la que traigo a mi realidad?. Pues aquélla que por su frecuencia vibracional sintoniza con el nivel de vibración de mi estado consciencial.

 

    Imaginaos que soy un pescador. Estoy sentado con mi caña a la orilla del mar o de un río, a punto de iniciar la pesca. Y sé que bajo el agua, aunque no los vea, hay muchos peces y que alguno de ellos va a morder el anzuelo (estos peces configuran las posibles “opciones”, utilizando la terminología de los párrafos precedentes). Pues bien: cuando efectivamente lanzo el sedal, y el anzuelo se sumerge bajo el agua (es decir, una vez que he realizado la pregunta: toma de consciencia), el pez (la opción) que va a “picar” de entre todos los posibles (abanico o haz de opciones) y que, seguidamente, pescaré e introduciré en mi cesta de pescador (el pez pescado y en mi cesta representa la opción en concreto que traigo a mi realidad), no será uno cualquiera -fruto del azar o la casualidad-, sino que morderá el anzuelo precisamente aquel pez (opción) cuya frecuencia vibracional sintonice con la del pescador (con la gradación vibratoria de mi estado consciencial).

 

    Es así como cada uno de nosotros trae cotidianamente a su realidad aquellas opciones en concreto (de entre todas las posibles que se han abierto en cada caso como abanico o haz de opciones al formularnos las respectivas preguntas) que sintonizan por su frecuencia vibracional con la gradación vibratoria del estado consciencial que tenemos en ese momento de nuestra vida.

    

    De instante en instante, a lo largo de los segundos, minutos, días, meses y años de nuestra existencia humana, cada cual crea constantemente su realidad y, por tanto, su vida.

    

    Por esto, la realidad que creamos -cada cual la suya con las opciones que trae a su vida-, es más “virtual” que “real” (hay otras realidades paralelas que también ocurren en otros Universos y Realidades Supersimétricas). Y la ciencia, a la realidad que vemos y percibimos en este plano, empieza a calificarla de “holográfica”, planteando la Teoría del Principio Holográfico.

    

    Específicamente, el llamado “Principio holográfico” tiene su base en las propuestas acerca de la gravedad cuántica promovidas por los físicos Gerard ´t Hooft (científico holandés que recibió el Premio Nobel de Física en 1999) y Leonard Susskind (norteamericano considerado como uno de los “padres” de la Teoría de Cuerdas).

  

    De este modo, todos y cada uno de nosotros somos creadores de nuestra respectiva realidad, que es un holograma configurado y conformado por las opciones que cada uno trae a su realidad de entre de todas las posibles en función de la sintonía de sus respectivas frecuencias vibracionales con la gradación vibracional de nuestro particular estado consciencial.

 

    Y todos, aportando cada uno la realidad u holograma por cada cual creado, somos co-creadores de la realidad global en la que vivimos y experienciamos, perfecta conjunción y entrelazamiento de siete mil millones de hologramas (uno por cada ser humano) que conjuntamente configuran una gigantesca Matriz Holográfica.

 

    En resumen: en la medida en la que una opción concreta sintoniza y resuena -por su frecuencia vibracional- con el nivel de vibración que en ese momento tenga nuestro estado consciencial, esa opción es la que experienciamos consciencialmente (en el “interior”) y moldea holográficamente (Teoría del Principio Holográfico) lo que nuestros sentidos físicos perciben como realidad (“exterior”) en Tercera Dimensión.

 

    La suma de las realidades creadas por cada cual, genera una colosal Matriz Holográfica colectiva en la que se desenvuelven e interaccionan las realidades individuales. Por todo ello, el llamado “mundo exterior”, siendo colectivo, no es sino aglutinación y engarce de todas las realidades creadas individualmente; y siendo exterior, se forma desde el interior (estado consciencial) de cada cual y de todos.

 

    El corolario final es que, por paradójico que parezca, el cambio del mundo exterior que tanta gente ansía no puede lograrse desde el exterior, sino desde el interior de cada cual: “Ojos nuevos para un mundo nuevo” (adquirir consciencia de esto es la llave del Despertar Consciencial).

 

 

 

5º) Con las opciones que traigo a mi realidad, vuelvo a vivir experiencias que pueden modificar mi estado consciencial, expandiendo la consciencia.

 

    Las opciones que se “traen” a la realidad permiten vivir nuevas experiencias que pueden ir modificando nuestro estado consciencial –lo más frecuente es que así suceda a lo largo del tiempo- y derivarán en nuevas tomas de consciencia y nuevas preguntas, poniéndose otra vez en marcha y repitiéndose el proceso descrito.

 

    Es así como la consciencia se expande y va cambiando su frecuencia vibracional, con lo que varían, al unísono, las prioridades y las preferencias (sintonías) por unas u otras opciones.

 

 

6º) Dentro de la tendencia general de expansión consciencial, la consciencia se expande ondular y fractalmente.

    

    La expansión de la consciencia representa, por tanto, un avance por distintos estados de consciencia, cada uno de ellos con una frecuencia vibracional mayor que el anterior.

    

    Pero dentro de esta tendencia general de crecimiento vibracional, la consciencia se expande ondularmente (ondas que fluyen cual campanas de Gauss) y conforme a patrones de tipo fractal, por lo que, con independencia del estado de consciencia concreto, se viven lo que San Juan de la Cruz denominó “Noches oscuras”.

 

 

    Hay que aceptar estas “noches” como lo que son: el invierno que precede a la primavera; la noche que es antesala del amanecer. Y comprender que la noche es guía y espoleta en el proceso consciencial (“¡Oh, noche que guiaste...!”, escribe san Juan de la Cruz en su poema Noche oscura).

   

     Tal aceptación y comprensión hace que el tramo de inflexión y caída de la “campana ondular” se reduzca tanto en intensidad como en duración, mientras que la resistencia a la “noche” –la “resistencia” es “persistencia”- aumenta tanto la intensidad como la duración.

 

    Esta expansión ondular natural suele ser contemplada desde la perspectiva de la Tercera Dimensión, tan marcada por los dualismos, como fases de “luz” y fases de “oscuridad”, pero lo cierto es que estas últimas permiten plasmar en una realidad más densa el potencial adquirido en las fases denominadas de “luz”, y son la antesala de éstas.

 

    Podría expresarse señalando que, siendo la expansión consciencial (ondular y fractal) la tendencia general en un contexto de Armonía y experiencias conscienciales de Amor, la Creación también contempla e integra la existencia de desarmonía (“caos”).

 

    Cuando ésta prima en una experiencia consciencial o movimiento energético-vibracional, se produce un “atasco” en la expansión, lo que ocurre con mayor frecuencia en Dimensiones y contextos de mayor densidad. Y cuando en el sistema se produce tal atasco, desde el “interior” del ser que lo vivencia se generan experiencias conscienciales, con implicaciones e impactos en el “exterior”, que los desestanca.

 

    Los ciclos que rigen la Naturaleza y el Cosmos, de cualquier nivel y duración, apoyan e impulsan de forma natural el proceso expansivo descrito.

 

 

 

Fuente: Emilio Carrillo