"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

A L G U N O S  

C U E N T O S ...

 

 

 

 UN REGALO PARA BUDA

 

    En una ocasión, cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo, pero Buda se mantuvo en un estado  de imperturbable serenidad y silencio. Cuando el hombre hubo terminado su acción, se retiró.

    Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó por qué dejó que lo maltratara y lo agrediera, a lo que Buda respondió con segura tranquilidad:

    “si yo te regalo un caballo, pero tú no lo aceptas, ¿de quién es el regalo?”

    El discípulo contestó: “si no lo acepto, sería tuyo todavía”.

    Entonces Buda respondió: “bueno, estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no.     Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas. Si no lo recoges,  quien te insulta se lo queda en sus manos”.

    No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no recoger, simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen”.

    Realmente ya Buda explica en esta anécdota lo que es una verdad como un templo. Soy yo el que elige enfadarse, el que elige sufrir. Como dice un adagio budista: “el dolor es inevitable, el sufrimiento no”.

 

 

 

 

 

 

LA TAZA VACÍA

 

    Según una antigua leyenda, un famoso guerrero va de visita a la casa de un maestro de zen;  al llegar se presenta a éste, contándole todos los títulos y aprendizaje que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

    Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento.

    Por toda respuesta, el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té aparentemente distraído.  Sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero.

    Y continúa vertiendo té aún después de que la taza esté llena.

    Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

    El maestro le responde con tranquilidad:

    “Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender “algo”?”.

    Ante la expresión incrédula del guerrero, el maestro enfatizó: “A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”.

    Con la mente llena de prejuicios no podrás escuchar la verdad que dicen los otros. La mayoría de las personas cuando conversan se apuran a dar su opinión, y el resultado es que no escuchan más que el sonido de sus propias palabras.

 

 

 

 

 

¡QUÉ SUERTE!

    Un hombre, morbosamente apasionado por el juego, había pasado una vez más toda la noche en un casino. Salió del lugar totalmente rendido… estaba a punto de amanecer, cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir.

    Sintió un escozor en sus ojos somnolientos. Vio  un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a casa.

    En un abrir y cerrar de ojos, el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche. Había dormido exactamente 24 horas, cuando se despertó. Era el alba, y el sol estaba empezando a subir al cielo.

    ¡Qué suerte! – exclamó contento - ¡casi me duermo!

    En este cuento podemos extraer dos lecciones:

    1ª – casi siempre vemos el mundo a través de nuestros ojos, y lo vemos como queremos, sin darnos cuenta que la vida en muchos casos nos marca caminos que no habíamos pensado

    2ª – hay que escuchar a nuestro cuerpo y darle lo que quiere. El cuerpo debe ser tratado como un templo. Bien alimentado, bien cuidado y bien descansado. Con esto, ya consigues el 50% de la felicidad

 

 

 

 

EL ATAÚD DE UNO MISMO

    

    En un funeral, uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban sake.

    Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

    Resulta que en el fondo del ataúd había un espejo, donde al mirar cada uno se veía reflejado, con el siguiente texto: “ sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento, ¡tú mismo!”.

    Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida, tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y la única que puede ayudarse.

    Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia cuando tú cambias. Eres el único responsable de ella.

    Examínate y no te dejes vencer. El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tú encaras la vida es lo que hace la diferencia.

 

 

 

 

¿VAS CARGADO CON MUCHO PESO?

 

    En un puerto del mar de china había numerosos barcos a punto de embarcar.     Todos cargados hasta los topes de joyas, de oro y de otras mercancías valiosas. Los mercaderes que los habían fletado se alegraban de llevarse todos estos tesoros a su país natal.

    Poco antes de su partida, se les anunció que se preparaba una tempestad en alta mar y que sus barcos cargados no podrían resistirla, pero los mercaderes, haciendo caso omiso de esta advertencia, decidieron partir sin más tardanza.

    Sólo uno de ellos descargó su barco y se hizo al mar vacío. Más tarde, cuando se desencadenó la tempestad con una violencia extrema, los barcos demasiado cargados se hundieron.

    Únicamente el barco vacío permaneció a flote y pudo recuperar a todos los náufragos.

    Esta historia pertenece a la vida china de Buda. Los seres que se debaten en medio de sus problemas son comparables a estos barcos demasiado cargados. Si tienes un barco lleno como ellos, tu compañía no les será de ninguna utilidad. Si trabajas sobre ti mismo y haces el vacío en ti, puedes recuperar a los demás. Si no, cuando se desencadene la tempestad, cuando los problemas te abrumen, no podrás hacerles frente.

    Una vez terminadas las terapias, terminados los negocios, la comida en el restaurante o el trabajo en la oficina, vas a interrumpir tus actividades y a hundirte en la tormenta. Uno tiene que descargar su cargamento. No se puede repescar a los demás con un barco lleno.

 

 

 

 

 

LA MUÑECA QUE QUERÍA SABER

 

    Quería ver el mar a toda costa. Era una muñeca de sal, pero no sabía lo que era el mar.

    Un día decidió partir. Era el único modo de poder satisfacer su deseo. Después de un interminable peregrinar, a través de territorios áridos y desolados, llegó a la orilla del mar y descubrió una cosa inmensa, fascinadora y misteriosa al mismo tiempo.

    Era el alba. El sol comenzaba a iluminar el agua encendiendo tímidos reflejos, y la muñeca no llegaba a entender.

    Permaneció allí firme, largo tiempo, como clavada fuertemente sobre tierra, con la boca abierta. Ante ella, aquella extensión seductora.

    Se decidió al fin y preguntó al mar:

    -          Dime, ¿quién eres?

    -          Soy el mar

    -          ¿y qué es el mar?

    -          Soy yo

    -          No llego a entender, pero lo desearía tanto… explícame lo que puedo hacer

    -          Es muy sencillo: tócame

    

    Entonces la muñeca cobró ánimos, dio un paso y avanzó hacia el agua. Después de dudarlo mucho, tocó levemente con el pie aquella masa imponente. Obtuvo una extraña sensación, y no obstante, tenía la impresión de que comenzaba a comprender algo.

    Cuando retiró la pierna, descubrió que los dedos del pie habían desaparecido.     Quedó espantada y protestó:

    -          ¡malvado! ¿qué me has hecho? ¿dónde han ido a parar mis dedos?

    La otra insistía:

    -          Sí, es cierto… no pensaba… pero…

 

    Reflexionó un poco. Luego avanzó decididamente dentro del agua. Ésta, progresivamente, la iba envolviendo, le arrancaba algo, dolorosamente. A cada paso la muñeca perdía algún fragmento.

    Cuanto más avanzaba se sentía disminuida de alguna porción de sí misma, y le dominaba más la sensación de comprender mejor. Pero no conseguía aún saber del todo lo que era el mar.

    Otra vez repitió la acostumbrada pregunta: ¿qué es el mar?

   Una última ola se tragó lo que quedaba de ella. Y precisamente, en el mismo instante en que desaparecía, perdida entre las olas que la arrastraban llevándosela no se sabe dónde,  la muñeca exclamó: ¡soy yo!

   La respuesta que estamos buscando está dentro de nosotros mismos. En ocasiones, nosotros somos la respuesta. Tenemos que poder reconocernos, a veces somos extraños para nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

LOS DOS MONJES BUDISTAS

 

    Dos monjes budistas estaban paseando fuera del monasterio. Uno era un viejo maestro aproximadamente de unos 90 años. Y el otro era un principiante joven.     Ellos estaban cerca de una corriente de agua que había inundado sus bancos.

    Al lado de la corriente había una joven hermosa que les dijo: “mirad, maestros, está todo inundado, ¿me ayudaríais a cruzar la corriente?”.

    El joven monje estaba horrorizado ante el hecho de tener que tomarla para atravesar el charco, pero el viejo con calma la tomó y la llevó a través de la corriente.

    Cuando llegaron al otro lado, él la dejó y los dos monjes continuaron caminando.

    El joven no podía dejar de pensar en este incidente y, finalmente, le dijo al más viejo: “maestro, usted sabe que hemos jurado abstinencia, no nos permiten tocar una joven hermosa así. ¿Cómo podría usted tomar a aquella joven hermosa en sus brazos y dejarle poner sus manos alrededor de su cuello, sus pechos al lado de su pecho, y llevarle a través de la corriente así?”.

    Y el anciano le dijo: “¡hijo mío, usted todavía la lleva encima!

    A veces se siguen cargando enfados, iras, problemas, cuando deberíamos dejarlos por el camino… lo pasado, pasado está. Debemos avanzar en el camino y vivir el presente.

    En el aquí y ahora, dejando atrás todo aquello que daña o que nos impide evolucionar, vivamos en el amor y no en el rencor y odio.

 

 

 

 

 

 

 

EL CUENTO DE LA FRESA

 

    Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino.

    Volviéndose al pino lo halló caído porque no podía dar uvas como la vid.

    Y la vid se moría porque no podía florecer como la rosa.

    La rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el roble.

    Entonces encontró una planta, una fresa, floreciendo y más fresca que nunca.

    El rey preguntó: “¿cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?”.

    “No lo sé, quizá sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías fresas. Si hubieras querido un roble o una rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: intentaré ser fresa de la mejor manera que pueda”.

    Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena…

 

 

 

 

INTELIGENCIA

 

    Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana:

    -          ¿qué pasa? –le preguntaron - ¿qué estás buscando?

    -          Perdí mi aguja – dijo ella

    Y todos le ayudaron a buscarla, pero alguien le preguntó:

    -          Rabiya, la calle es larga. Pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño, ¿por qué no nos dices exactamente dónde se te cayó?

    -          Dentro de mi casa – dijo Rabiya

    -          ¿Te has vuelto loca? – preguntó la gente. Si la aguja se te ha caído dentro de tu casa, ¿por qué la buscas aquí afuera?

    -          Porque aquí hay luz, dentro de la casa no hay

    -          Pero aún habiendo luz, ¿cómo podremos encontrar la aguja aquí si no es aquí donde la has perdido? Lo correcto sería llevar una lámpara a la casa y buscar allí la aguja

    Y Rabiya se rió.

    -          Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas… ¿cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra vida interior? Os he visto a todos buscando afuera y yo sé perfectamente bien, lo sé por mi propia experiencia, que lo que buscáis está perdido dentro. Usad vuestra inteligencia … ¿por qué buscáis la felicidad en el mundo externo? ¿acaso la habéis perdido allí?

    Se quedaron sin palabras y Rabiya desapareció dentro de su casa.

    Usa tu inteligencia para buscar las cosas donde están, y no donde no están. Incluso si está oscuro, busca dentro de ti.