"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

Aférrese a «Yo soy»

 

(1ª parte)

 

 

 

 

    Interlocutor: ¿Está usted alguna vez alegre o triste? ¿Conoce usted la felicidad y el sufrimiento?

 

 

 

    Maharaj: Llámelos como usted quiera. Para mí son solo estados de la mente, y yo no soy la mente.

 

 

 

    Int: ¿Es el amor un estado de la mente?

 

 

 

    Mah: Nuevamente, depende de lo que usted entienda por amor. El deseo es, por supuesto, un estado de la mente. Pero la realización de la unidad es más allá de la mente. Para mí, nada existe por sí mismo. Todo es el Sí mismo, todo es mí mismo. Verme a mí mismo en todos, y a todos en mí mismo, es certísimamente amor.

 

 

 

    Int: Cuando veo algo agradable, lo quiero. ¿Quién lo quiere exactamente? ¿El sí mismo o la mente?.

 

 

 

    Mah: La pregunta está mal hecha. No hay ningún «quien». Hay deseo, temor, có-lera, y la mente dice —esto es mí mismo, esto es mío. No hay ninguna cosa a la cual pueda llamarse «yo» o «mío». El deseo es un estado de la mente, percibido y nom-brado por la mente. Sin la mente que lo perciba y lo nombre, ¿dónde está el deseo?.

 

 

 

    Int: ¿Pero hay una cosa tal como percibir sin nombrar?

 

 

 

    Mah: Por supuesto. Nombrar no puede ir más allá de la mente, mientras que per-cibir es la consciencia misma.

 

 

 

 

 

 

 

 

    Int: ¿Cuando alguien muere, qué acontece exactamente?

 

 

 

    Mah: Nada acontece. Algo deviene nada. Nada era, nada queda.

 

 

 

    Int: Ciertamente hay una diferencia entre vivo y muerto. Usted habla vivo como muerto y muerto como vivo.

 

 

 

    Mah: ¿Por qué se inquieta usted por un solo hombre que muere y se olvida de los millones que mueren cada día? Universos enteros implotan y explotan a cada instante —¿acaso voy a ponerme yo a llorar por ellos? Una cosa está completamente clara para mí: todo lo que es, vive y se mueve y tiene su ser en la consciencia y yo soy en esa consciencia y más allá de esa consciencia. Yo soy en ella como el presenciador. Yo soy más allá de ella como Ser.

 

 

 

    Int: Ciertamente usted se preocupa cuando su hijo está enfermo, ¿no es así?

 

 

 

    Mah: No me lleno de desasosiego. Hago lo necesario. No me inquieto por el futu-ro. En mi naturaleza hay una adecuada respuesta a cada situación. Yo no me paro a pensar lo que tengo que hacer. Actúo y sigo adelante. Los resultados no me afectan.

 

 

 

    Ni siquiera me cuido de si son buenos o malos. Sean lo que sean, son —si vuelven a mí, los trato de nuevo. O, más bien, me acontece que los trato de nuevo. No hay nin-gún sentido de propósito en mi hacer algo. Las cosas acontecen como acontecen —no debido a que yo las haga acontecer, sino que debido a que yo soy ellas acontecen. En realidad nunca acontece nada. Cuando la mente está agitada, hace que Shiva dan-ce, lo mismo que las agitadas aguas del lago hacen que dance la luna. Es todo apa-riencia, debida a ideas falsas.

 

 

 

    Int: Ciertamente, usted es consciente de muchas cosas y se comporta de acuerdo con su naturaleza. Usted trata a un niño como un niño y a un adulto como un adulto.

 

 

 

    Mah: Lo mismo que el sabor de la sal impregna el gran océano y cada minúscula gota de agua de mar lleva el mismo sabor, así cada experiencia me da el toque de la realidad, la realización siempre fresca de mi propio ser.

 

 

 

 

 

 

 

    Int: ¿Existo yo en su mundo, como usted existe en el mío?

 

 

 

    Mah: Por supuesto, usted es y yo soy. Pero solo como puntos en la consciencia; nosotros no somos nada aparte de la consciencia. Esto debe comprenderse muy bien: el mundo pende del hilo de la consciencia; ninguna consciencia, ningún mundo.

 

 

 

    Int: Hay muchos puntos en la consciencia; ¿hay otros tantos mundos?

 

 

 

    Mah: Tome usted el sueño por ejemplo. En un hospital puede haber muchos pa-cientes, todos durmiendo, todos soñando, cada uno soñando su propio sueño privado, personal, incomunicado, inafectado, con un único factor en común —la enfermedad. Similarmente, nosotros nos hemos divorciado en nuestra imaginación del mundo real de la experiencia común y nos hemos encerrado a nosotros mismos en una nube de deseos y temores, de imágenes y pensamientos, de ideas y conceptos personales.

 

 

 

    Int: Esto puedo comprenderlo. ¿Pero cual podría ser la causa de la tremenda va-riedad de los mundos personales?

 

 

 

    Mah: La variedad no es tan grande. Todos los sueños están sobreimpuestos sobre un mundo común. En alguna medida se configuran y se influencian entre sí. La uni-dad básica opera a pesar de todos. En la raíz de todo ello está el olvido de sí mismo; no saber quien soy yo.

 

 

 

    Int: Para olvidar, uno debe saber. ¿Sabía yo quien soy yo, antes de haberlo olvi-dado?

 

 

 

    Mah: Por supuesto. El olvido de sí mismo es inherente al conocimiento de sí mismo. La consciencia y la inconsciencia son dos aspectos de una sola vida. Ambos coexisten. Al conocer el mundo usted olvida el sí mismo —al conocer el sí mismo usted olvida el mundo. ¿Qué es el mundo después de todo? Una colección de recuer-dos. Aférrese a una sola cosa, a saber, aférrese a «yo soy» y deje partir todo lo demás. Esto es sadhana. En la realización no hay nada que atrapar ni nada que olvidar. Todo se conoce, nada se recuerda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: extracto del Libro Yo Soy Eso, de Sri Nisargadatta Maharaj