SOMOS HIJOS

DEL VERBO AMAR

 

 

 

    Hay sólo una cosa que tengo clara: sin Amor, no somos nadie.

La cuestión es saber qué es eso a lo que llamamos Amor.

Yo aún lo estoy averiguando…

    Antes CREÍA que cuanto más sufría, más amor había. Ahora SÉ…

que el Amor trae Paz y que lo único de lo que estaba llena era de

capas y capas de miedo. Un miedo del que yo era su marioneta preferida.

Que me hacía bailar al son de su compás y al ritmo de sus peligros. Un

miedo que me indicaba lo vacía que estaba de Mí y la inconsciencia

que me habitaba. Una inconsciencia de la que no era consciente. Una

Consciencia que estaba muy, pero que muy dormida.

    Hasta que un día (sin saber cómo ni por qué), desperté de mi sueño

(o al menos, de uno de ellos…). Y a mis ojos, les cambió la mirada.

De estar ciegos, pasaron a VER. Más color. Más brillo. Más intensidad.

Más Belleza. Más Luz. Y empecé a Sentirme como nunca jamás lo había

hecho. Y descubrí que yo no era quien creía ser y que todo aquello

que revoloteaba por mi mente no era real.

 

 

    Cada día que pasa, me libero un poquito más de esas capas que

no me permitían respirar. Que me impedían caminar en libertad. En esa

Libertad que te vuelve tan ligera que hasta parece que puedes volar.

En esa Libertad tan de Dentro. Enraizada en tus propias entrañas. En

la profundidad de tu SER. De tu Alma. Donde la Soledad se echa una

siesta y donde ni siquiera el mayor de tus dolores puede permanecer.

    Es un proceso. Un instante a instante en el que sueltas y sueltas.

En el que dejas de creer a tus pensamientos y le das el poder a tu

intuición. En el que el Corazón cada vez late con más fuerza. Cada

vez lo puedes ESCUCHAR mejor. Y cada vez, te cuenta más

Verdades. Un proceso en el que la Confianza, en ti y en lo que

no es ‘en ti’, es clave para ser Feliz. Signifique lo que

signifique para cada uno ‘ser feliz’.

    La Confianza te lleva a no esperar nada de nadie ni de ‘algo’.

Y esa ‘no espera’ te permite disfrutar de todo aquello que te rodea.

De los Detalles que te envuelven y que pasamos por alto porque

en lugar de mirar ‘cerca’, estamos mirando ‘lejos’. Porque damos

por Sentado que siempre estarán a nuestro alcance, en lugar de

darlos por Sentido cada vez que nos tocan. Que nos abrazan.

Que nos acarician. Y que nos rozan.

    CONFIAR implica abrirse a lo desconocido. A lo inseguro. Al ‘no

control’. A reconocer que somos unos seres COMPLETOS pero

ignorantes. Que no tenemos ni idea de nada. Que la Vida nos

supera con creces en sabiduría. Como siempre ha sido, como

siempre es y como siempre será. Implica sí o sí, valentía. Coraje.

Honestidad. Y mucha mucha mucha, HUMILDAD.

 

 

 

    Hay tantos ‘momentos’ que se nos escapan de las manos…

Que sólo cuando los perdemos es cuando los valoramos. Cuando

los echamos de menos. Cuando nos damos cuenta de qué es

aquello que forma parte de nuestra Piel y qué es únicamente un

complemento prescindible de ella. Qué es lo IMPORTANTE

y qué es una mera anécdota.

    Es en la ‘ausencia de’ cuando más

‘presente’ lo sentimos. ¿Qué incongruencia,

no?  Así es como aprendemos a que la

próxima vez deje de ser ‘próxima’.

    Somos Hijos del Verbo Amar. Pero nos hemos olvidado de conjugarlo.

De rimarlo con los versos de nuestros latidos. Pretendemos que sean

otros los que escriban nuestros sonetos. Nuestras estrofas. Que sean

otros los que nos canten los versos de los que estamos hechos.

Cuando SOMOS nosotros la PURA POESÍA, y los únicos que

podemos recitarnos a la perfección.

    El AMOR está por todas partes. Pero nuestra prisa por llegar

a ‘mañana’ hace que no lo veamos HOY.

    Cuando eres capaz de pararte, de estar en ti, de observar lo que

está sucediendo a tu alrededor sin juzgarlo (sin juzgarte), puedes

SENTIR el Milagro de la Vida. ‘Lo Sagrado’ en cada cosa. Desde el

canto de un pájaro hasta la sonrisa de un bebé. Desde un nuevo

amanecer hasta la tormenta más devastadora. Desde un ‘estoy

aquí’ hasta un ‘lo siento’. Desde una lágrima que te limpia las heridas

hasta un beso que te toca el cielo. Desde un ¿Cómo

estás? hasta un Te quiero.

    Y es entonces, cuando esa palabra que solemos recordar tan

poquito…, surge con tal fuerza, con tal certeza, con tal sinceridad,

que no te queda más opción que gritarla a los cuatro vientos

para que el Universo entero (tú incluida) escuche la VOZ de tu Corazón:

¡GRACIAS, GRACIAS y GRACIAS!

    Por estar Viva. Por SER. Por Existir. Y por tener la oportunidad

de AMAR hasta el infinito, hasta la eternidad y hasta el Más Allá.

    Porque Somos Hijos del Verbo Amar.

Y esto, nada ni nadie… lo puede cambiar.

 

 

 

Fuente: www.regresoalhogar.com

 

 

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