"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

Te olvido porque

me cansé

de olvidarme

de mi mismo

 

 

 

 

    Te olvido porque me quiero, porque me he cansado de ser este satélite que da vueltas a tu alrededor perdido y sin rumbo. Como esa luna que ya no brilla y que ha perdido su magia e incluso su luz.

 

    ¿Por qué llegamos en ocasiones a estos extremos en los cuales, perder nuestro equilibrio y nuestra autoestima por otras personas? Sin saber cómo, algo va tirando de nosotros hasta deshilacharnos, hasta dejarnos con el alma maltrecha y vacíos de ilusiones.

 

    Es importante que recuerdes que toda relación afectiva se basa en vivir la vida junto a una persona. Jamás cometas el error de vivir tu vida por y para esa persona, poniendo las llaves de tu felicidad en sus bolsillos.

 

    Ahora bien, tenemos claro que olvidar no es fácil, de hecho, a día de hoy nadie dispone de esa pastilla ideal con la cual, desvanecer para siempre cada instante de  una mala relación. Olvidar, de hecho, no es la solución a todos los dolores del alma y el corazón.

 

    Se trata de ir bajando “el volumen” del recuerdo, de desactivar su importancia para que ese ruido, no nos impida volver a vivir con equilibrio y dignidad. Asumir, aceptar el propio proceso con toda su carga afectiva y sumergirse con responsabilidad en el mundo emocional que se nos presenta es lo más honesto y sano que podemos hacer...

 

 

 

Cuándo me olvidé de mi mismo

 

    La necesidad de olvido llega tras haber tomado una decisión y haber dado el paso. Por tanto, va implícito un gran acto de valentía y madurez emocional al percibir que necesitábamos dejar algo que nos estaba causando daño.

 

    Por muchos días que pasen, por muchas estaciones que veas pasar ante tu ventana, el tiempo no te hará olvidar. Lo que sí te permitirá es poner las cosas en su lugar y sobre todo madurar. Porque lo que es difícil de verdad es olvidar a quien te hizo olvidarlo todo... asumiendo la responsabilidad de tu propio abandono podrás agradecer el gran aprendizaje que esa persona te facilitó.

 

    Si has vivido una relación de estas características, en la que llegaste a darte cuenta de que estabas dejando de ser tú mismo, sabrás sin duda el largo proceso de recuperación y sanación interior que conlleva el volver a “reencontrarnos”. Ahora bien… ¿Qué hace que lleguemos a estos extremos? ¿Por qué nos dejamos llevar de una forma tan ciega por y para otra persona?

 

 

 

Son relaciones muy codependientes

 

    De alguna forma, lo que llegamos a hacer es “diluirnos” con la persona que amamos perdiendo nuestra individualidad. El problema está en que muchas veces lo hacemos de libre voluntad, completamente enamorados y entendiendo de esta forma el amor y la propia relación.

 

    Poco a poco va llegando un punto en que valoramos las necesidades del otro como más importantes que las nuestras. Te sorprenderá saber que no siempre hay una imposición de un miembro de la pareja sobre el otro para que esto ocurra.

 

    Dentro de la psicología popular, se habla por ejemplo del síndrome de Wendy, en referencia al personaje de Wendy Darling en la novela de Peter Pan. Son, generalmente, mujeres que entienden el amor “como ofrecimiento total al otro”, atendiendo y cuidando a la pareja mientras se dejan a ellas mismas en un segundo plano.

 

 

 

Relaciones en las que “el poder” recae

en una sola persona

 

    Si hay un miembro de la pareja encargado de tomar decisiones, y de priorizarse por delante del otro, se genera una relación desigual condenada al sufrimiento.

 

    La otra persona verá vulnerada su autoestima y su integridad, será, por así decirlo, como ese satélite que da vueltas alrededor de un planeta, sin rumbo, sin luz y cada día más a la deriva. El olvido por uno mismo llega de modo progresivo y de forma irremediable.

 

"Recordar es fácil para quien tiene memoria,

el olvido es complicado para quien tiene corazón"

 

    Puesto que tienes corazón, el olvido será esa ancla hundida en él que pocas veces te permitirá ser libre de los recuerdos del ayer. Ahora bien, en ocasiones lo que buscamos no es olvidar la relación en sí, sino desvanecer esa persona que éramos antes y que tan poco tenía de nosotros mismos.

 

    Hay relaciones que nos convierten en alguien que no somos. Nos vuelven frágiles, vulneran nuestros valores y trafican con nuestros sentimientos. Cuando te mires al espejo y no te reconozcas debido a esa tristeza impresa en tu expresión, reacciona.

 

    Quien te convierte en alguien que no eres, en realidad no ama lo que eres. Sino a la imagen que ha creado o que él mismo tiene en su cabeza. Si te conviertes en lo que no eres para agradar a otro, es que no amas lo que eres. Y eso es porque no lo has mirado... ahora es el momento.

 

 

 

    La pareja que esté a tu lado debe respetar tu esencia, tu luz, tu persona en todos sus matices.

    

    En el momento en que desee cambiar algo de esto, y tú lo permitas justificando que lo haces por amor, empezarás a caminar por un abismo muy peligroso.

 

    Siempre llega un momento en que haces balance de cómo te sientes y de lo que mereces. Si hay más lamentos que felicidades, y si eres consciente de que mereces equilibrio y sobre todo felicidad, serás valiente para dar el paso.

 

    Ten en cuenta que en realidad, no se trata de olvidar cada día vivido en esa relación. Se trata de recordar sin que te duela, y eso es algo que el día a día te irá permitiendo.

 

Siempre será más difícil olvidar a quien te dio cosas buenas que recordar. Si solo te ofrecieron lágrimas y decepciones, déjalos ir de tu mente y tu corazón, como esa astilla clavada que por fin, te permite respirar.

 

 

 

 

 

Fuente: www.lamenteesmaravillosa.com