NO ES TU SANGRE

LA QUE TE DEFINE.

ES TU CORAZÓN

 

 

 

    La pureza del Corazón. Me encantan esas personas que con

tan solo su Presencia te transmiten Paz. No necesitan decir ni una

sola palabra para explicar lo que es el Amor. Su Energía

lo grita a los cuatro vientos.

    Su Ser está por encima de su personaje. No le tienen miedo

a su alta sensibilidad. A mostrarse vulnerables. Porque saben que

ahí radica la mayor de las enseñanzas: la de ser vistos sin fachadas,

sin protecciones, sin arma-duras, sin máscaras y sin disfraces.

    Por eso, cuando alguien se les acerca, su ejemplo les da permiso

para no tener que estar fingiendo quienes no son. Porque irradian

compasión. Ternura. Delicadeza. Amor. Y humildad. Todo aquello

que nos falta tanto a tantos… Todo aquello en lo que no nos

han educado. Lo que hemos tan bien olvidado. Y nadie les tiene miedo.

Pero sí un gran respeto. Que no es lo mismo…

    Y eso no quiere decir que ya lo sepan todo. Que sean poseedores

de la verdad absoluta. Para nada. Tienen sus heridas igual que las

tenemos todos. Nadie se libra de eso. Y saben lo que duelen. Por

eso en lugar de juzgar, de acusar, de condenar y de recriminar, escuchan.

Te escuchan. No se burlan de ti. No se ríen de tu ignorancia. Eso

sólo lo hace el Miedo y la propia ignorancia. Te respetan por muy

diferente que seas a ellos. Porque son conscientes de lo que hay

‘detrás de’. ‘Más allá de’. No te miran. Te VEN.

 

 

 

    Sólo un Corazón puro puede ver la pureza de un Alma por muy

oculta que esté. Y sólo un Corazón puro puede hacer que tú

también te la veas. Porque te verás reflejado en él.

    Hay dos maneras de aprender (y de enseñar). La mayoría lo hemos

hecho a través del ejemplo de lo que NO ES. Donde el Amor, el

AMOR, brillaba pero por su ausencia. Hemos tenido (tenemos…)

que desaprender todo lo que nos inculcaron desde que nacimos.

Sacar a la Luz esas creencias que nos han convertido en marionetas.

De la sociedad y de nuestra propia mente. De Dentro y de Fuera.

Y es un trabajo continuo. Diario. Que no tiene fin (al menos,

de momento). Parece como que nunca llegamos a estar

‘limpios’. Sustituimos unas por otras. Nos quitamos un parche

y nos ponemos otro. Más pequeño, sí. Pero otro… Porque

estamos rodeados de ellos. No vivimos retirados en un monte.

Con-vivimos con otras personas que también están repletas de

creencias insanas que nos alejan de nuestra verdadera Esencia.

    Por eso, la Consciencia, el ‘darse cuenta’, es tan importante.

Porque hará que no caigas en la trampa. Por eso… aunque sea

un trabajo individual, también lo es de equipo. Y cuando pierde uno,

perdemos todos. Y cuando gana uno, ganamos todos. Estamos

interconectados. Conectados por ‘lo invisible’. Aunque no lo percibamos.

Aunque nuestros ojos no lo puedan ver, nuestras energías no están

separadas. Hay un intercambio constante entre unos y otros. Entre

todos los seres de todos los tipos. No existen los espacios vacíos.

Nos tocamos sin necesidad de tocarnos.

 

 

 

    No podemos huir. Somos una gran familia que, por mucho que

se huya, sigue vinculada por algo mucho más grande que la carne y

el hueso. Que la piel. Que el cuerpo.

La Empatía es el don de Sentir lo que el otro siente (que no tiene

nada que ver con ponerse en el lugar del otro. Eso es algo mental).

Así que, aunque mis pensamientos, mis emociones, sean ‘positivas’,

si los tuyos no lo son, yo los voy a sentir como si fueran míos.

Y ni siquiera necesito que me roces para que así sea.

    Por ello, lo de si es antes el huevo o la gallina, si es el

pensamiento el que provoca la emoción o la emoción la que provoca

el pensamiento, no tiene ninguna validez. Porque en un segundo

puedo pasar de sentirme alegre a sentirme triste por una

causa externa. Por algo que no tiene nada que ver conmigo.

    Nos influimos mutuamente. Para bien y para mal. No podemos

evitarlo. Está fuera de nuestro alcance. Por eso, de quién nos

rodeamos, con quién pasamos nuestro tiempo y con quién

dormimos, es tan importante.

    Y, lo que no podemos elegir, debemos aprender a SER y

ESTAR con ello. Primero aceptándolo. Segundo respetándolo.

Y tercero, poniendo los límites que consideremos oportunos para

que nos afecte lo menos posible. Por salud física, mental y emocional.

    Cuanto más empático eres, más sientes. Y, por lo tanto, lo que a

unos les puede pasar desapercibido a otros nos puede enfermar.

No somos de piedra. No somos Dioses (aunque en el fondo…

lo seamos). No somos invencibles. No somos superhéroes.

No somos unas máquinas. Somos Seres Humanos que sentimos,

aunque no nos hayan enseñado cómo hacerlo. Y SENTIR, sea

lo que sea, es lo que hace que la Vida sea tan maravillosa,

tan emocionante, tan intensa. Tan Vida.

 

 

 

    Y no podemos amputarnos los sentires que no nos gustan.

Que hemos etiquetado de ‘negativos’. De ‘oscuros’. Forman parte

del ‘pack’. Tienen su función. Igual que la tiene la noche. La

tormenta. La oscuridad. Pero, lo que sí podemos hacer, es cambiar

la perspectiva. Dejar de tenerles miedo y empezar a amarlos

tal y como son. Dejar de luchar, de resistirnos, de enfrentarnos, de

repudiarlos, de abandonarlos y asumir su existencia. Asumir que

Ellos también somos nosotros. Que la tristeza no es menos que la

alegría. Y que las lágrimas no son peores que las risas.

    Sólo son emociones. Nada más. Sólo son pensamientos. Nada

más. Han estado, están y estarán siempre ahí. Aquí. Y hasta que

no lo admitamos, hasta que no nos rindamos a ello, seguiremos

perdidos en nuestro olvido. Seguiremos intentando ser quienes no

somos. Y jamás lo lograremos. Porque no somos eso que deseamos

ser para evitar sufrir. Ese sufrimiento proviene justamente de la

negación a nuestra totalidad. A eso que hemos llamado ‘sombras’.

A lo que un día, hace ya miles de años, llamaron Infierno.

    No es tu sangre la que te define. No es tu trabajo. No es el color

de tu piel. No son tus genitales. No son tus aficiones. No es tu físico.

Ni tu peso. Ni el sonido de tu voz. No es tu nombre ni son tus apellidos.

No es tu cuenta corriente. No es tu alimentación. Ni la ropa que llevas.

Ni tus creencias. Ni tu historia. Ni tu religión. Ni tus pensamientos. Ni

tus emociones. Es tu Corazón el que lo hace.

    No es lo que dices. Es CÓMO lo dices. No son las palabras.

Es la melodía que las acompaña. No son tus actos.

Es la INTENCIÓN de ellos. El Amor no se explica. El Amor se ES.

Así es como se transmite. Así es como se aprende. Y así es

como se enseña. SIENDO. Observa. Obsérvate. Es muy fácil Verlo.

La PAZ es la estrella que te indica su camino. Que te guía hacia tu Pureza.

    Desconocemos lo que cada uno lleva en su Corazón.

Así que, ‘antes de’, medita si lo que vas a decir/hacer es ‘más

bello que tu silencio’… Si no es así, ¿PARA QUÉ?

Hay dolores que se pueden evitar. Y mientras tanto, RECUERDA:

“Tomamos la mejor decisión que podemos

con la información que tenemos" 

    Sé compasiva contigo. Es lo mínimo que puedes hacer.

Por Ti. Por Mí. Y por los demás.

 

 

 

 

Fuente: www.regresoalhogar.com

 

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