"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

 Mercedes de Francisco, psicoanalista:

 

“EL   AMOR   ES  

UNA   ELECCIÓN ABSOLUTAMENTE INCONSCIENTE,

NO   ERES   DUEÑO  

EN   TU   ELECCIÓN”

 

(3ª parte)

 

 

 

 

 

 

 

 

¿El amor y el enamoramiento se llevan bien?

¿Se dan siempre de manera sincronizada o no tiene por qué?

 

 

    Si la relación sexual es imposible, la pregunta sería: ¿Por qué nos enamoramos? ¿Cómo es que necesitamos otro cuerpo y a otro?

 

 

    En un momento dado lo necesitamos. Toda la poesía muestra eso. Las canciones románticas, la literatura, el cine… hay algo en ello de milagroso, de “loco” entre comillas, porque las pasiones amorosas a veces también pueden ser delirios.

 

 

    La socióloga Eva Illouz dice en uno de sus libros que el flechazo está desapareciendo. Cuando habla de flechazo se refiere de alguna manera a la frase que comentábamos de Cortázar, ese rayo que te atraviesa, eso que yo no elijo, eso que no sabes bien qué es pero que ocurre.

 

 

    Evidentemente, todo flechazo tiene un aprés-coup, es retroactivamente, echando la vista atrás, como se puede ubicar ese primer instante que nos arrebató. En un primer momento, se puede tener una afinidad con alguien y que eso no vaya a ningún lado. Otras veces, esa afinidad puede llevar a algo muy intenso. En el comienzo se puede dar el deseo y luego eso no se transforma en amor, esta transformación ocurre unas veces y otras no.

 

 

    Por eso, es una cuestión de azar y de contingencia. A lo mejor ha pasado por delante tuyo un hombre a quien hubiera sido magnifico amarle y que te amara, pero no, aunque haya habido esto no ha habido nada más después. En las primeras entrevistas los pacientes cuando hablan del amor o de la pareja es interesante lo que dicen sobre el encuentro. Porque ahí se ponen en juego importantes claves y ellos mismos se sorprenden de sus propios relatos.

 

 

    A menudo a ese encuentro no le dan importancia, pero cuando empiezan a indagar resulta que tiene más peso de lo que parece. El encuentro es algo azaroso y también contingente. Tiene que ver con nuestras marcas.

 

 

    Algo que no se puede escribir, la relación sexual, de repente, contingentemente “cesa de no escribirse” y se tiene la ilusión de la posibilidad, de que es posible. Y si de ese instante se pasa a querer seguir escribiéndolo, querer eternizarlo a través de esa escritura, a no cesar de escribir ese amor. Ante eso Lacan es muy claro: “valentía ante fatal destino”.

 

 

 

 

 

¿Cómo nos explicarías de manera resumida –

porque de ello podríamos hablar largo y tendido-

como entiende el amor Freud y como lo entiende Lacan?

 

 

    Jacques-Alain Miller ha hecho un enorme trabajo sobre estos temas y le agradezco especialmente su orientación.

 

 

    Tiene un seminario que se titula ‘Los divinos detalles’ en el que habla de esos divinos detalles que encuentras en el otro. Y nos habla de Beatriz y Dante, del coup de foudre, del flechazo. Para mi en ese seminario Miller hace un trabajo magnifico que puede orientar a quien quiera trabajar el tema del amor de Freud a Lacan. Hace un trabajo sobre los planteamientos freudianos del amor y qué saltos dio Lacan. Miller nos habla, por ejemplo, de cómo uno ama a quien le supone el saber sobre uno mismo.

 

 

    Lacan da en otro momento de su enseñanza, en ‘Encore’ [Aun] un salto, y claramente se desprende de alguna manera de Freud definitivamente. En distintos lugares Lacan va mostrando que, incluso en algún momento, “hay que dejar de dormir en el mismo lecho que heredamos de los padres”. En este punto se refiere de alguna manera a Freud.

 

 

    Hay algo de la idea del amor en Freud que termina siendo un amor que tiene que ver con la repetición. La repetición que lleva la marca del Edipo. Con ese punto de repetición no hay manera de salir de las determinaciones, es muy difícil. Por eso Lacan introduce algo distinto. Va a seguir habiendo repetición pero ésta tiene que ver con una escritura del sujeto, una repetición que tiene que ver con su marca, con su marca más singular, que ya no es dependiente del Otro, que ya no es referida al papá o la mamá.

 

 

 

 

 

 

 

    Hay momentos en un análisis muy interesantes, en los que el propio analizante se va desprendiendo de su “mito individual de neurótico”.

 

 

    A partir de entonces, ya se trata de otra cosa. Esto se va haciendo desde el principio, del lado del analista; el analista interviene para que el sujeto vaya encontrando esto. No se trata de ir aconsejando nada, sino con la escucha interviene para hacer aparecer la diferencia entre esas determinaciones edípicas y lo más propio. Y en ese momento el sujeto ya no puede volver atrás. Ya no es que mi papá, mi mamá, mi hermano, mi hermana… es algo suyo, se trata de una invención que cada uno ha hecho.

 

 

 

 

    En el libro haces muchas referencias al cine y a la literatura.

¿Qué amores del cine o de la literatura podrían

responder a ese nuevo amor del que hablas en tu libro?

 

 

    Es interesante tu pregunta. Efectivamente en el cine o la literatura vemos o leemos una narración, hay algo de eso que no se puede captar. Y este nuevo amor tiene que ver con la imposibilidad de decir. Entonces más que ponerte un ejemplo de qué película o qué libro serían un ejemplo de este nuevo amor, se trataría más bien de qué escritor, qué escritores, qué cineastas tratan o pueden encarnar mejor esta imposibilidad.

 

 

    Y eso depende. Cada uno tiene sus preferencias. No es para darte un ejemplo de este nuevo amor, pero en ‘Los puentes de Madison’, que es una película contemporánea, se nos muestra, por ejemplo, una típica relación imposible.

 

 

     Imposible no porque ella no se pueda ir con él, se puede ir con él perfectamente. En la película de Clint Eastwood está el cuerpo y luego está esa decisión entre comillas. Se muestra bien la diferencia entre su matrimonio, donde ella quiere a ese hombre que, además, es el padre de sus hijos; y este amor que la parte en dos, que no lo elige, que es un encuentro, que es puro azar y que compromete su cuerpo. Ahí está este punto fundamental.

 

 

 

 

 

 

    La película transmite, de alguna u otra manera, que con ese hombre al que quiere, con el que se va a quedar, con el padre de sus hijos, hay algo del cuerpo a cuerpo que no la atravesó de esa manera, no tocó ese punto en ella.

 

 

    Creo que quizás hay momentos en las películas, momentos en las historias donde esa imposibilidad puede mostrarse. Pero se trata de eso, de cómo cada película bordea mejor ese imposible de decir, cómo cada película o libro logran enmarcar mejor la imposibilidad.

 

 

 

 

    El amor también tiene algo de dolor y de pérdida    

 

 

    Ya que introduces este tema de la pérdida. Yo creo que habiendo entrevisto en un análisis algo de esta cuestión, de lo imposible, una pérdida en el amor no va a dejar de tocarte el cuerpo, si ha sido un amor intenso, no va a dejar de tener efectos en tu cuerpo y en tu vida, pero no va a ser devastador.

 

 

    El problema es cuando eso de lo imposible está forcluido. La socióloga Eva Illouz en sus libros, -de los cuales me interesan sus descripciones de campo más que su visión en la que tenemos opiniones muy distintas-, lo describe bien.

 

 

    Illouz habla de cómo todo se ha psicologizado y se cree en una elección como si se tratara de una decisión consciente y voluntariosa, lo contrario de lo que plantea Cortázar.

 

 

    Se repudia toda la idea de inconsciente y se trata entonces de elegir bien, como si eligieras el mejor sofá. Y teniendo eso como referencia, comenta ella, cualquier pérdida en el amor, cualquier historia que termina se acaba convirtiendo en un fracaso para “el yo”, se termina traduciendo en un fracaso de orden vital.

 

 

    La pregunta es siempre. ¿Por qué has fracasado?

 

 

    Se centra en el paradigma de que los sujetos no “han sabido hacerlo bien”, no han sabido elegir, es una mala elección, etc. Pero puede que haya sido una experiencia magnífica, puede haber sido un amor muy intenso que te deja cosas muy importantes para la vida, una experiencia que te ha lanzado a hacer otras cosas y te abrió otros campos y, sin embargo, que en un momento dado se termine, y tener que sufrir el final de eso y aceptarlo, e incluso de ahí también sacar consecuencias y encontrar fórmulas.

 

 

    No se trata de psicologizar la pérdida en el sentido de: igual que viene usted a curarse de la falta de erección o de la eyaculación precoz, venga usted a curarse de sus malas elecciones, y conéctese en la página de Meetic que tenemos unos perfiles estupendos que vienen muy bien para su “yo ideal”. Ese estilo de elecciones buenas para que la cosa salga bien es una absoluta falsedad, pero sobre esa falsedad se sostiene todo eso.

 

 

 

 

 

 

    Como he comentado antes, uno encuentra algo en el otro que tiene que ver con tu propia marca, algo tuyo lo encuentras en otro, cuando a ese otro lo pierdes te planteas ¿qué hago ahora con esta ausencia?

 

 

    Esto mío pero que lo había puesto en otro cuerpo. Era con ese cuerpo y no con otro, y eso ya no está. Eso tiene unos efectos importantes. Y no hay que quitarle nada de su intensidad, ni de su fuerza. Creo que esa intensidad y ese dolor, si uno en su experiencia analítica ha logrado entrever todo esto de lo que venimos hablando, se vive de otra manera, o al menos de mejor manera que si sólo se trata de la pura pérdida y el puro desconocimiento.

 

 

 

¿Y cómo se llega a descubrir o a descifrar esta marca singular?

 

    Con un análisis, claro.

 

 

 

 

Fuente: www.lacasadelaparaula.com