"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

 

“EL   AMOR   ES  

UNA   ELECCIÓN ABSOLUTAMENTE INCONSCIENTE,

NO   ERES   DUEÑO  

EN   TU   ELECCIÓN”

 

(2ª parte)

 

 

 

 

 

¿Aunque existe ese imposible, se puede

lograr amar de una manera digna?

 

 

 

    Claro. Lo imposible es la relación sexual en el sentido de complementariedad, de hacer de dos uno. Amar no es imposible. Cuando el sujeto más sabe de estas cuestiones y las puede  entrever es más probable que el amor con el otro tenga un lugar más digno, que ponga esta imposibilidad en su justo lugar y no se convierta en una impotencia.

 

 

 

    El problema de no afrontar la imposibilidad, de no hacer la experiencia de esta imposibilidad, de no vivirla y aceptarla de alguna manera, es que eso se transforma en un discurso de la impotencia: se ha fracasado, se es impotente, la pareja no salió, no se logró encontrar la pareja que convenía, etc.

 

 

 

 

 

 

    Supongo que no es lo mismo un nuevo amor que un amor nuevo.

Cambiar de partenaire no garantiza tampoco que sea posible.

¿Por qué has titulado este libro ‘Un nuevo amor’?

 

 

 

    A veces es inevitable cambiar de partenaire porque con esa persona no se puede jugar el juego que uno elige inconscientemente. Eso son cuestiones más complejas. Pero no, no se trata de que cambiamos de pareja. No se trata de que terminamos con una, empezamos con otra y entonces esto va a resolver el tema. Sino se cambia el paradigma, se va a seguir repitiendo.

 

 

 

    Lo que probablemente pase es que al principio sea algo bueno, empezamos, es el momento álgido del amor, ese momento ilusorio en el que, como plantea Lacan, creemos que esta relación imposible sí que es posible. Pero ese momento es temporal, desfallece y volvemos a encontrarnos con los mismos síntomas, las mismas cuestiones una y otra vez. Entonces no se trata de un amor nuevo sino de un nuevo amor, es decir, de una nueva forma de amar.

 

 

 

    Todas las formas históricas del amor que plantea Lacan en sus recorridos, son formas de tratar esta imposibilidad pero olvidándola, alejándola. El amor cortés es el que más cerca está de poner en primer plano lo imposible, pero pone fuera esta imposibilidad. Los amantes no pueden encontrarse porque hay algo externo que se lo impide: las circunstancias, la sociedad, las familias. Cuando dice Julieta a Romeo: “cámbiate el nombre. Si así fuera quizás nuestra amor podría ser posible”. ¡Pues ni por esas!

 

 

 

 

    Ahora que citas a Romeo y Julieta. Hay una frase de

Julio Cortázar en ‘Rayuela’ que dice:

  “Lo que mucha gente llama amar consiste

en elegir una mujer y casarse con ella.

La eligen, te lo juro, los he visto.

Como si se pudiera elegir en el amor,

como si no fuera un rayo que te parte los huesos

y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al revés.

A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige.

Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta

los huesos cuando salís de un concierto.”

 

¿El amor es un encuentro contingente?

¿De qué depende ese encuentro?

 

 

 

    Es genial esta frase de Cortázar. Está bien planteado su cuestionamiento de la elección. Pero claro, es tan poética que todo lo que diga a partir de ahora va a ser para destrozar esta magnífica forma de hablar del amor. Por eso me cuesta.

 

 

 

    Creo que cuando dice que no se la elige es en este sentido de creer que uno elige a alguien conscientemente, que es una elección consciente, que es el ‘yo’ el que elige. No se trata de ese tipo de elección, es una elección absolutamente inconsciente, no eres dueño en tu elección, en eso estoy totalmente de acuerdo con Cortázar.

 

 

 

    Por eso en el primer capítulo del libro cuando comento la frase de Philippe Sollers en la que dice que “el amor es clandestino” es en este sentido.

 

 

 

    Hay algo absolutamente no sabido en el momento que eso ocurre.

 

 

 

    El sujeto no lo tiene en su mano, ni lo puede manejar, ni lo puede elegir como quien elige comprase un IPhone o un coche. Y es precisamente en esta época donde se pretende pensar la cuestión de la elección amorosa de esta manera, como quien elige un sofá. Por eso es muy interesante como Cortázar lo expresa: “creen que la eligen y luego la aman, cuando en realidad es un rayo que te parte”.

 

 

 

 

    Este tema hay que separarlo de lo matrimonial, porque es a partir del siglo XVIII-XIX cuando se empieza a juntar amor y matrimonio. Hasta ese momento, el amor era una cosa y el matrimonio era otra.

 

 

 

    A veces el sujeto cree que está enamorado y, a veces, simplemente, va a seguir los cauces que le indican los años o la sociedad. Se encuentra y se junta con una mujer o con un hombre a quien quiere, quizás no exageradamente pero tiene una familia y ahí sigue. El amor puede ser de muchas manera, no digo que el amor tenga que ser siempre una cosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    A donde apuntan muchos sociólogos en la actualidad es precisamente a indicar que la que está tocada es la intensidad del amor.

 

 

 

    Algo que verdaderamente es un rayo, que produce un verdadero cimbronazo a un sujeto. Por eso Lacan incluso decía que “el amor es lo que permite cambiar de discurso”. En el caso de la relación analítica, por ejemplo, hay algo de ese amor. Hay algo del amor en la relación con el analista, lo que en términos psicoanalíticos nombramos como transferencia. Freud decía que esta relación es un amor de pleno derecho, es un amor sin la cuestión de los cuerpos, justamente, dejando fuera el encuentro sexual. Es un amor de pleno derecho y por tanto una experiencia. La intensidad de esa experiencia es lo fundamental y es lo que le permite al sujeto cambiar de discurso, pasar de un discurso a otro, verdaderamente un viraje.

 

 

 

    Cuando un analizante viene y te va contando cómo está con una pareja en la actualidad y de repente dice: bueno pero hay una historia que tuve que fue terrible, desastrosa. Y resulta que la historia desastrosa terminó mal o como sea, pero es esa historia lo que le tiene totalmente enganchado desde hace años y cualquier cosa que aparezca va a quedar tocada por eso.

 

 

 

    Para que ese sujeto pueda seguir en su vida encontrándose y volviendo a amar, tiene que ver qué se trató allí, tiene que ver qué pasó con ese rayo que le partió. Quizás de eso no quiere saber nada, porque ya lo terminó, fue desastroso, mejor pasar página, me voy a otra experiencia… Pero pueden pasar muchos años, llegar a ser una persona mayor y de repente darse cuenta que todo eso que vivió, en realidad, tiene mucho que ver con eso que tiene pendiente desde los 20 años, de los 30, desde que aconteció.

 

 

 

 

 

¿Qué aspectos del sujeto tienen que ver con la elección amorosa?

¿Por qué elegimos a quien elegimos como partenaire?

¿Qué papel juega nuestro inconsciente en eso?

 

 

 

    Por ejemplo, las marcas de cada sujeto tienen un papel importante. Pero la elección se trata más bien de una mezcla.

 

 

 

    Porque por un lado está el encuentro, hay algo azaroso, y luego existen las determinaciones inconscientes. Esas determinaciones marcan mucho. Lo que pasa es que hay elecciones que van por el lado de las determinaciones edípicas: el papá, la mamá. Y hay otro lado de la cuestión, que es un poco distinto, que es lo que justamente hace que este nuevo amor sea de otro orden. Que ya no tiene que ver con las determinaciones edípicas, sino que tiene que ver con esa marca singular e irrepetible del sujeto, con esa respuesta que uno ha dado a la imposibilidad.

 

 

 

    Cada uno de nosotros nos hemos encontrado con esa imposibilidad, la hemos captado, la hemos vivido y entonces respondemos construyendo algo de una u otra manera.

 

 

 

    Con esa construcción vamos por la vida.

 

 

 

    Lacan dice en ‘Encore’ [Aun] que se trata del encuentro entre dos exilios. Mi marca del exilio de la relación sexual encuentra una sintonía con la marca del exilio de la relación sexual del otro. No se sabe muy bien porque ocurre así, pero no es con cualquiera que eso sucede. Y ahí está la diferencia, por ejemplo, entre el amor y el deseo. Uno puede desear y puede cambiar de un objeto a otro.

 

 

 

 

 

 

 

    El deseo tiene muchas posibilidades de sustituir un objeto por otro, por eso el capitalismo va muy bien, te dan un Iphone3, y después quieres un 4 y un 5… Como dice Lacan se trata de una metonimia, va de uno a otro, de uno a otro.

 

 

 

 

    ¿Pero cuándo se fija ese deseo?

¿Por qué con uno ese deseo se transforma en amor?

¿Por qué con esa persona y no con otra?

 

 

    Ese es el punto milagroso de la transferencia, del amor y también es su punto enigmático.

 

 

 

    Por eso, ese encuentro tiene que ver con la marca, con la marca singular, ya no tanto con las determinaciones edípicas, que es más fácil que caigan en la dependencia.

 

 

 

    La marca singular de cada uno es la que es más difícil de entrever, de poder captar, es a lo que Lacan llama sinthome, es decir es ese singular de cada uno, es una manera de respuesta de cada uno, mucho más fija, y que insiste en escribirse de la misma manera una y otra vez.

 

 

 

 

¿En qué contribuye el propio análisis en la posición amorosa?

¿La forma de amar puede transformarse gracias a un análisis? 

 

 

    Se transforma.

 

 

    Ocurre con personas que no son psicoanalistas y que ni tan siquiera lo van a ser, vienen a la consulta y realmente hay transformaciones increíbles.

 

 

 

    Personas que llegan con una historia, un matrimonio, y de repente ,al cabo de un tiempo descubren que estaban ahí por miedo, que estuvieron allí pero que no se trata de eso. Y por el camino se encuentran con otro hombre y pueden entrar en otra sintonía.

 

 

 

    Aunque con ese hombre ocurren cosas muy distintas y realmente está en juego el amor de otra manera, vuelven a aparecer las repeticiones, se trata de las repeticiones edípicas que dificultan, que entorpecen.

 

 

 

    Por eso el análisis se trata de una escucha para ir despejando todo ese panorama con la intervención del analista. El sujeto va entreviendo las cosas propias. Quizás se de cuenta de que a lo que aspira repentinamente deja de tener sentido, o que quiere tener al hombre que le haga caso continuamente porque sino se tambalea. Esto es muy típico de las mujeres en su posición histérica.

 

 

 

    Tiene que ver también con algo de lo femenino porque la mujer necesita un signo del otro para amar. Jacques-Alain Miller lo trabaja magníficamente en un seminario que se titula El partenaire-síntoma.  Para que una mujer ame está más en juego el signo del otro. El otro le tiene que hacer signo del amor. El hombre, en cambio, puede amar a una mujer de una vez por todas sin estar pendiente del signo. El hombre no necesita eso para poder estar, para poder encontrarse con el cuerpo del otro, por ejemplo. La mujer, sí. Por eso muchas veces las mujeres no quieren tener relaciones sexuales. Pero no porque no les guste o no disfruten. No quieren tener relaciones sexuales porque les falta ese signo porque no pueden sostenerse en el encuentro con el otro sin eso. Y te lo dicen de alguna u otra manera: “después que no me hace caso quiere que tengamos relaciones sexuales”. Al hombre no le hace falta eso para poder desear a la mujer, estar con ella y tener un encuentro sexual. Para una mujer sí, en ese momento de cuerpo a cuerpo sí.

 

 

 

    Todo eso se puede ir entreviendo en la propia experiencia analítica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 Fuente: www.: www.lacasadelaparaula.com