Quiéreme cuando menos lo

  merezca, porque será

  cuando más lo necesite

 

 

 

 

Quiéreme...

 

El perdón cae como la lluvia suave desde el cielo a la tierra.

Es dos veces bendito, pues bendice al que lo da y al que lo recibe.

William Shakespeare

 

 

Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando

más lo necesite. Quiéreme y cuídame, porque cuando te fallo,

también me fallo. Porque cuando me enfado sin motivo o busco

una razón para hacerlo es que algo dentro de mí no está bien.

Quiéreme cuando cometa errores, quiéreme siempre. Puede

que tengas motivos para no hacerlo, para huir de mí hasta

que pase la tormenta, para abandonarme en el baúl de

recuerdos y comenzar a vivir libremente.

Puede que sí, puede que te haya hecho daño

y que aún sientas dolor. A mí también me duele y lo

siento. Esa parte de mí también soy

yo, al menos en el pasado lo fui o lo

estoy siendo ahora mismo.

Por eso, quiéreme cuando menos lo merezca, porque todo

me completa, porque también me hace falta

librar mis batallas emocionales en voz alta.

 

 

Cuando necesito

tu apoyo…

 

Necesito tu apoyo cuando en mis noches no hay estrellas,

cuando lloro, cuando grito, cuando me comporto de manera mezquina.

Simplemente, cuando estamos mal necesitamos de los demás.

Necesitamos que nos aguanten, necesitamos que nos guíen, saber

que existe la incondicionalidad y que, a pesar de todo, somos

merecedores de amor. Después de la tempestad, llegará la calma.

Y es que hay veces que el mundo entero se derrumba y cae

sobre nosotros. Dicen que no hay mal que cien años dure, que

todo es pasajero y que lo que sea que nos duele dejará de hacerlo.

Te pido que te pongas en mi lugar y que intentes comprender que,

cuando cometo un error, yo también lo estoy pasando mal.

Necesito que me enseñes que el mundo no es un lugar hostil

en el que los ataques se efectúan cuando más débil estás con

la intención de que no puedas levantarte.

Cuando estamos en plena tormenta y a esta le acompaña

un tornado, perdemos el control.

Puedo regalarte lo mejor y lo peor de mí...

 

 

 

 

Porque, aunque hoy mi error envuelva de negrura tu mundo, sé

que sabrás perdonarme, sé que sabes que merezco la pena

(y la alegría) y que juntos progresaremos mejor.

Soy ese hijo que saca malas notas, esa novia que se enfada,

ese marido que es un desastre, esa madre que no te suelta, ese

profesor que se equivoca, esa niña que ha roto un jarrón, ese

perro que ha destrozado un cojín, ese trabajador que ha olvidado

realizar una tarea, esa persona que ha sido injusta contigo…

Porque, en todas y cada una de esas situaciones, necesito

que me quieras. Porque soy el mismo o la misma que merece

tu amor cuando todo va bien, cuando todo es sencillo

y cuando no te disgusto.

Mis errores y mis desaciertos son propios de mí, de nosotros

y de nuestras circunstancias. Ellos corresponden a un porcentaje

de desgracias que nos hacen valorar las alegrías. Son lecciones

que, con el tiempo, se convierten en experiencias.

 

 

"Quédate con quien conozca tu peor versión

y, en vez de irse, se queda y te ayuda a mejorar.

Cuando te ofrezco mi peor versión me

siento triste, me derrumbo y me culpabilizo

por no haber sabido estar a la altura.

Quiero perdonarme, pero para

eso también te necesito."

 

 

 

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