"De nada vale que el entendimiento se adelante si el corazón se queda"

                                    Isabel López

                    Psicoterapia de Autor

E L    O T O Ñ O

 

 

 

Elemento: metal

Meridianos: pulmón e intestino grueso

Emoción: tristeza, melancolía

Trigramas: sun (el viento suave) y k´an (el agua abismal)

Color: blanco o gris metálico

Órgano: nariz

 

 

    El otoño es la época de recoger la cosecha, pero también es la época en la que las plantas hacen descender su energía paulatinamente hacia las raíces. En preparación para el invierno, las plantas se dejan despojar de todo aquello que ya no les sirve que, transformado, será lo que más adelante las alimente. Después del crecimiento y la expansión propias del verano, es ahora el momento en que las horas de luz se empiezan a acortar, y comienza el viaje de vuelta y de descenso hacia dentro, hacia el centro.

    En el I Ching o Libro de los Cambios, los trigramas que rigen el otoño son El Viento Suave y el Agua Abismal. El Viento Suave es lo penetrante. El Agua Abismal lo profundo, lo peligroso. La energía de estos trigramas será la que nos inspire en otoño, y así podremos alinearnos con el fluir natural de la vida.

    En su caminar continuo hacia la renovación, la energía de los árboles retrocede, se aparta de las hojas que, aunque cumplieron una función muy importante, ya están secas y gastadas. Concentran los árboles ahora su energía en las raíces, para que sigan creciendo fuertes hacia el centro de la tierra. Al principio del otoño, el Viento Suave sopla su canción y con su ulular se lleva consigo las hojas secas que ya no sirven. Al final del otoño, el Agua Abismal cae en la tierra en forma de lluvia y arrastra con su fuerza todo lo que el viento no se llevó.

    Las fuerzas del otoño ayudan a la Naturaleza a deshacerse de lo que ya no da más, y a veces arrebata lo sobrante que se acumula y no deja paso a la renovación.

 

    En nuestro cuerpo hay dos meridianos emparejados que se activan especialmente en esta época, y que regulan la excreción y la desintoxicación: el canal de pulmón (yin) y el canal de intestino grueso (yan). Los dos órganos de pulmón e intestino grueso tienen la función de tomar lo que es esencial y soltar lo que es innecesario, y están asociados a la tristeza. La misma energía que corre por la Naturaleza y procura su renovación, corre a través de nuestros meridianos, y dota a nuestros órganos de la misma capacidad para desintoxicar nuestro cuerpo.

    Y lo que es cierto para nuestro cuerpo es cierto para nuestra mente.

    Durante el otoño conviene retirarse pronto, como lo hacen las horas de luz, y guardar la energía como hacen las plantas para tener reservas durante todo el invierno. Sólo si nos mantenemos maleables y flexibles podrá el Viento Suave movernos y ayudarnos a dejar ir aquello que ya no sirve: formas de hacer que ya no dan más, pensamientos obsoletos, creencias que ya son limitantes, hábitos que empiezan a ser perjudiciales, incluso amistades con las que ya no se crea.

    El Viento Suave nos ayudará a dejar ir todo aquello que está abocado al estancamiento, y cuya acumulación genera en nuestra mente lo mismo que la flema acumulada en el pulmón, o los excrementos acumulados en el intestino grueso.

    Igual que el viento se lleva las hojas secas de los árboles, debemos soltar el pasado para seguir creciendo hacia nuestro presente.

    Sentimos tristeza cuando nos aferramos a aquello que ha de irse y nos resistimos a la energía del Viento Suave.

    El Viento Suave nos enseña a dejar de seguir a otros, y a encontrar lo que es verdaderamente auténtico en nosotros y, sujetándonos a ello, dejar ir aquello que ya murió.

    El Viento Suave tiene como cualidad lo penetrante, porque su trabajo suave pero continuado tiene la capacidad de transformar completamente el paisaje, sin esfuerzo. El Viento Suave cambia el paisaje llevándose sólo lo que ya no sirve. Mientras todo parece morir a su alrededor, los árboles y otras plantas se aferran a su centro y a sus raíces. Esta es una respuesta yin a una época del año yin.

    Así como todo empieza a menguar, a retraerse, a deshacerse de lo gastado, debemos nosotros deshacernos de las cargas de un año, y concentrar la energía alrededor de nuestro centro. Un centro débil, no auténtico, será fácilmente barrido por la fuerza del Agua Abismal.

    El Agua Abismal es el trigrama que rige el final del otoño. Su característica es lo peligroso, también llamado lo profundo. Está asociada a los meridianos emparejados de riñón (yin) y de vejiga (yan), y a la emoción de miedo que se acumula en forma de dolor en la zona lumbar, cerca de los riñones.

    El Agua Abismal puede resultar peligrosa porque tiene la potencia para llevarse aquello que el Viento Suave no se llevó. La energía del Agua Abismal da miedo cuando nos resistimos al cambio, e impedimos que su fuerza fluya y nos conduzca hacia el misterio de nuestras propias profundidades.

    El Agua Abismal es un símbolo de todo lo que aún desconocemos dentro de nosotros mismos debido al miedo.

 

 

 

    Estamos en la estación en la que la Naturaleza se va acercando al aquietamiento del invierno, y nos sugiere el poder de la quietud a la hora de enfrentarnos a la adversidad. Ante la merma, la Naturaleza se vuelve hacia dentro y frena su actividad exterior. Es el momento de la reflexión, de la meditación, reflejo de la energía de recogimiento yin que empieza ahora a expandirse, bajando así el ritmo dinámico más propio de los meses de verano.